Escrita por Consuelo Gallego a 21-9-2013.
Cuando oigo una guitarra
se me pone el bello de pie,
no me puedo contener,
alzo mis brazos al viento, mi garganta se desvoca
sale un fandango de mi boca.
Si quererte fuera pecado,
que me lleven a prisión atada con cadenas,
que con gusto cumpliré sin ser delito mi
condena.
La guitarra aquella que yo escuchaba,
que con ella yo cantaba, fandangos y
bulerías,
con ella yo pasaba la noche y el día,
hoy ya no la tengo, sus cuerdas se le partió
con pena la llevo en mi recuerdo
y con amargura en mi corazón.

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