Boletín
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miércoles, 31 de diciembre de 2014
sábado, 27 de diciembre de 2014
¿Saben ellos que es navidad?
Editorial 136
Y es curioso porque, a pesar de
ser popularmente conocido que Jesús no naciera un 25 de diciembre, mucho hablan
de estas fechas como un tiempo en donde se reúnen las familias y se tienen
buenos deseos para con el prójimo. Pero ¿y el resto del año qué? ¿Por qué
desaparecen esos buenos deseos? Para los que sufren ¿no desearían ellos de que
estos fueran más allá de la navidad?
Veremos en estos días cientos de
actos multitudinarios, banquetes solidarios, zambombas, pasacalles cuyo fin es
ayudar a los demás. O quizás solo sea una excusa más para algunos de estar de
fiesta, que es para lo que a muchos se ha convertido la fiesta navideña. Paseos
por los grandes almacenes (estos si que hacen todo el año navidad) comidas de
empresas, con borracheras incluidas, la celebración familiar de la nochebuena
muy a menuda acompañada de riña familiar, la entrada del año nuevo con sus doce
uvas y sus doce deseos seguido de su respectiva resaca vete a saber en que
cama; y los reyes, todos compitiendo por hacer un regalo mejor para alegría del
niño (y del que hizo el regalo) Pero ¿y los que no tienen ¿saben ellos que es
navidad? Puesto que en esto es en lo que se ha convertido la navidad, no en una
celebración de buenos propósitos sino en una demostración vanidosa de lo
material.
En estos días, de una celebración
que no es tal puesto que Jesús no nació tal día como hoy ¿podemos imitar su
buena voluntad? “Gloria en las alturas a
Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad”. (Luc.2:14)
¡Que en verdad reine la paz!
Por: Vïctor Corcoba Herrero
Una vez más, como siempre, la luz y los buenos deseos invade nuestros
caminos. Parece como si todo se volviese más corazón. Ojalá fuese verdad. Nuevamente
nos conmueve que tantos seres humanos sufran la tremenda soledad de la
desesperación. Podíamos ser uno de nosotros. Cuántas veces regresamos a nuestro
propio hábitat, y nuestra misma especie, nuestro misma familia, tampoco nos
reconocen. Por desgracia, para las cosas más importantes no solemos tener
tiempo. Nos piden auxilio y proseguimos sin apenas prestar atención. La
indiferencia y la frialdad nos domina. La metodología de nuestro pensar está
planteada para que nadie piense sobre sí y mucho menos sobre los demás. Esta es
la grave cuestión. La mentira con la que nos han cebado el alma. Andamos
ocupados en mil historias que nos conducen a una tragicomedia permanente, donde
nadie existe para el otro, donde nadie conoce a nadie, donde nadie se interesa
por nadie, porque nos hemos llegado a creer que somos nuestros exclusivos
dioses, independientes, sin necesidad de ayuda, autónomos y egoístas, de modo
que ya no queda espacio alguno para la reflexión. Sólo nos afanan las cosas
tangibles, el éxito y el triunfo de nuestros proyectos individuales. Realmente
continua sin haber posada para esta otra humanidad que lucha por vivir, que
transita de acá para allá con la cruz de la exclusión, mientras otros derrochan
todos los bienes de la tierra como si fueran de su pertenencia exclusiva.
Indudablemente,
tenemos que abrirnos al intelecto, de manera que podamos divisar los
alrededores. Nada es lo que parece. Convendría tenerlo más en cuenta. Quizás
tengamos que conocernos más nosotros mismos desde la profundidad del ser
humano, sólo así podremos explorar y entender ese otro mundo que sufre el
abandono nuestro, la marginación más desmedida, ante el gravísimo deterioro
mundial de los derechos humanos. Los grandes grupos económicos dominan el
planeta a su antojo. También los grupos armados manejan a la ciudadanía a su
capricho. La lucha por sobrevivir no es fácil para muchos seres humanos. Obviar
esta plaga de crueldades nos lleva a la penuria más horrenda. Es hora, pues, de
tomar conciencia de pertenecer a una misma especie, con lo que eso conlleva de
vínculo familiar. Sin duda, cuesta entender ese afán dominador de unos contra
otros, esa conciencia viperina capaz de intoxicarnos el recto raciocino,
avivando la discordia y el desconcierto. Por supuesto, sí en realidad queremos
fomentar la armonía, tenemos que propagar un pensamiento muy distinto al
actual. La concordia, en un mundo globalizado como el presente, nace de las
pequeñas cosas, de la comprensión de todos y de cada uno de nosotros, pero allí
donde la avaricia y la zancadilla están a la orden del día, difícilmente puede
reinar alianza alguna.
No es tiempo de
retroceder, lo sabemos, ha de ser tiempo de avances, de moverse en la
moderación, de activar los buenos deseos de la paz pero sin esclavitud, de
nadar en el equilibrio poniendo en el horizonte la autenticidad como bandera y
el esplendor de esa verdad como símbolo. Sólo así, y únicamente así, podremos
cosechar el verdadero bien de la alegría planetaria. Por encima de todos los
poderes ha de estar el hermanamiento para que brille esa nívea luz de alma
navideña. No lo olvidemos, el puro esplendor nace de la bondad del ser humano.
Vemos lo que somos y somos lo que a veces no queremos ver. Pura contradicción. Un mundo en tinieblas. Que precisa como nunca
meditar sobre la realidad del Niño-Dios. Evidentemente, hemos de despojarnos de
lo material para llegar a lo esencial de la persona, para cambiar la propia
humanidad. Todos está en nuestras manos, en nuestro corazón. Que en verdad
reine la paz, el consuelo en cada mirada, el arrepentimiento, para ayudarnos a
reencontrar como los pastores, aquella estrella, que también hoy viene de nuevo
entre nosotros, y tal vez no la divisemos confundidos como estamos de tantas
miserias humanas que nos circundan, dejándonos sin aire para alegrarnos.
Es necesaria la
alegría, aquella que mana de tener una buena conciencia, que se tiene cuando
trabajamos en espíritu armónico con el cosmos, con el violín del espíritu y las
entretelas del perfume navideño, cantando al Niño con el instrumento de
humanidad que todos portamos en el alma. Con razón, este sublime gozo es la
juventud eterna del espíritu, el más perfecto don de la naturaleza. Algo que inspiró
al inolvidable filósofo y escritor indio, Rabindranath Tagore: "Dormía...,
dormía y soñaba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la
vida no era más que servir.... y el servir era alegría". Ciertamente, en
ocasiones sobre la tierra parece que no hay más que dolores, de ahí la
importancia de dar vigor a un espíritu de bondad, de bien, o lo que es lo
mismo, de comprensión hacia la diversidad y hacia uno mismo. Porque la gloria
del Niño-Dios, de aquella estrella de Belén, es el ser humano viviente; y
también la vida del ser humano es la visión del Creador. Todo se conjuga en un
poema perfecto, en un poema interminable, en una solidario poema de amor en su
más alto cénit de pureza. Este es el mensaje a considerar, tanto para los no
creyentes como para los creyentes, o para quienes la Navidad es como un dulce
rayo de esperanza y consuelo, porque en el fondo, todos buscamos la piedra
filosofal que nos convierta en poesía. Yo creo que debemos simpatizar siempre
con la poética de la existencia, pensemos que un corazón gozoso hace tanto bien
como la mejor complacencia.
Por consiguiente,
impulsemos que en verdad reine la paz en el corazón de cada uno, para entrar de
lleno en la atmósfera de los encuentros, lo que significa un corazón de amor,
capaz de amar y de percibir la humildad como señal de acercamiento. Necesitamos
transformarnos, renovarnos, convertirnos en personas humanas, en seres
liberados de tantas cadenas mundanas. Este espíritu navideño nos pone alas para
que así sea. Cantare amantis est, dice san Agustín: cantar es propio de
quien ama. Así, a lo largo del
tiempo, el recuerdo del Portal de Belén, del canto de los ángeles, se ha
convertido también en un renovador clima de regocijos. Es la hora de los
villancicos, de las palmas y zambombas, de hacer nuestro el poema de la Noche
Santa, o de la Buena Noche, o de la Noche Buena: "paz a los hombres que
Dios ama" o "paz a los hombres de buena voluntad". En cualquier
caso, el amor de Dios que nos precede, que jamás nos abandona, a pesar de
nuestras caídas, es el artífice de un abecedario nuevo en un mundo viejo.
Brindemos por la luz que vieron los pastores, para que nos ilumine en
reencontrarnos con nuestra misma especie y, de este modo, ser capaces de
repensar sobre un horizonte pacifista. Desde luego, la prueba más clara de
haber hallado el camino es una alegría imborrable, que está en el inconfundible
origen de toda creación. A lo mejor el vínculo que nos une no es tanto de
sangre, como sí de respeto y de alegría compartida. Profundicemos en ello. ¡Gozosa Natividad!. Bienvenido a un corazón de
luz. ¡Viva el verso!. ¡Amanezca el verbo!.
¡Ya es navidad!
Por: Manuel Pérez Cuadrado "El Pere"
Como todos los años, celebramos
la navidad y conmemoramos el nacimiento del mejor de los nacidos, Jesús de
Nazaret. Después de 2014 años, aún no
sabemos con seguridad donde nació Jesús, mejor dicho, en que lugar de Belén
nació Jesús.
No voy a dedicar este escrito a
su vida, porque en general lo conocemos,
pero si diré que su mensaje que nos trajo al mundo entero, desde el pasado al
presente y el futuro, consistía en amor y paz. ¡Que maravilla! ¡Paz y amor!
Estas maravillosas frases solo están en los escritos, en la vida real es otra
cosa. En la práctica es el poder y el dinero las que mueven al mundo.
Navidad, reunión de familia,
abrazos, besos, cariño, hermandad, solidaridad, amor y sonrisas, tanta unidad
es lo que deseamos y lo que tanto queremos. Pero ¡que horror! Matamos por
poder, por dinero, por el odio actual entre unos y otros, si solo hace falta
fijarse en los partidos de fútbol, un deporte solamente, y algunos matan por
ello.
La navidad es el sentir de
aquello que llamamos corazón. Un órgano que tenemos en nuestro cuerpo y que nos
hacen distinguir entre el bien y lo malo, y que en estas fechas es cuando nuestro corazón debe de latir con
sabiduría y superar el bien del mal.
En el mundo en el que vivimos,
mandan seres que no tienen corazón, son como maquinas “tragaperras” a los que
solo les importan el poder y el dinero. Pues todos ellos deben de saber que
hemos nacido y que todo ese poder y todo ese dinero se irán con su cadáver.
Todos llegamos pero también nos vamos.
Pero entre ellos y nosotros hay
diferencias, y por eso estos que nos gobiernan que carecen de corazón son el
mal del mal. Por eso son estas fechas de considerar y diferenciar estas normas
que son las que deben de ejemplarizar la vida por lo general en todo el mundo.
Debemos de ser felices y debemos de amar a todo lo existente mientras estemos
en la vida y que los gobiernos se dejen de crear paraísos fiscales y amontonar
en ellos el dinero que roban de la economía mundial.
¿A cuantos niños les falta la
comida? ¿Cuántos ancianos no tienen donde vivir? ¿Cuántos sufrimientos en
desahucios, parados, sin techo, etc., etc.? Los dineros están para quitar las
miserias y por derecho, los gobernantes están obligados a que la vida sea de
todos y para todos los seres del globo, y que se dejen de robar, devuelvan los
dineros, y que sean seres con corazón ¡que estamos en navidad!
Antianiras IV
Por: José Antonio Córdoba
El resto del camino hasta Palestina, no estuvo
exento de enfrentamientos con los que ustedes llamáis, sarracenos, -comentaba
Iscales- nada que los hombres de mi padre no pudieran repeler. Ante la imagen
lejana de la ciudad fortificada de Acre, tropas cristianas salieron al
encuentro de la columna de peregrinos, caballeros del Hospital y hermanos
nuestros les dieron escolta hasta la ciudad. Allí mi padre fue requerido ante
el Senescal del Temple, ya con un intérprete, se acordó de que los caballeros
Darmatas, marcharan hasta la ciudad celestial, para presentarse ante el Rey,
pero sobre todo, ante el Gran Maestre, Odón de san Amando.
La recepción se llevó a cabo en el Al-Aqsa, la Casa
del Temple en Jerusalem. Desde aquel día, los descendientes directos de aquellos
caballeros Dármatas, cumplimos con el juramento que entre caballeros se selló
aquél día. En nuestra tribu hombres y mujeres combatimos en igualdad de
condiciones, algo que no sucede así en vuestras culturas, por lo que nuestra
caballería permanece independiente a la Orden, en lo que a vuestros votos se
refiere, ya que en ningún momento profesamos.
Al igual que mis caballeros, permanecía atento a
las explicaciones de Iscales. Me sorprendía además la cultura que demostraban
estas mujeres, pero había algo que no acababa de comprender, como sin profesar
los votos vestían las ropas de Caballeros de la Orden, mi curiosidad -algo que
ya me había acarreado alguna que otra llamada de atención, por parte del
Senescal- me llevó a preguntarle: ¿cómo vestís las mismas ropas que nosotros,
si no profesáis los votos? Iscales se encogió de hombros, y se limitó a
explicarme, que eso formaba parte de aquel juramento, y que ellas, lo habían
renovado hacía apenas tres años.
Los días pasaron, y llegamos a la Casa Madre en París,
allí descansamos un día completo. Para después partir con el nuevo contingente
de Caballeros para los Santos Lugares.
Al cabo de un mes había tomado bajo mi mando a este
grupo de intrépidas mujeres, ellas eran las Damas del Temple, y eso
precisamente era algo que no les faltaba temple. Y de esta manera, es como
aquella tarde nos encontrábamos preparándonos para partir hacia esa nueva
misión. He dicho, tomado bajo mi mando, pero tenía la sensación de que lo
hicieron por no herir mi orgullo, pues ya he dicho que parecían conocer todos
mis pensamientos, algo que a veces me preocupaba.
No muy lejos de donde nos encontrábamos, andaba
preparándose para la misión el mensajero que en ningún momento se había
dirigido hacia nosotros.
La oscuridad tomaba el horizonte de oriente del
este, mientras por el oeste tras el más se ocultaba ya la escasa claridad que
el sol dejaba en su marchar.
Aunque parezca mentira, nos habíamos especializado
en llevar a cabo misiones ciertamente clandestinas, y esta se presumía otra más,
aunque me preocupaba el tono del Senescal, había preocupación en sus palabras
tranquilas y pausadas.
Repensar o recapacitar para permanecer
Por: Víctor Corcoba Herrero
El ser humano necesita pensar, repensar o recapacitar sobre su
distintivo valor en un mundo globalizado. Este es el primer deber que ha de
considerar cada ser humano, habite donde habite y sea de la cultura que sea.
Está en juego la continuidad de la propia especie, la natural familia humana.
De momento, algo no funciona, y esto es grave, yo diría que gravísimo. La
realidad es bien negra para algunos. No puede haber personas sin acceso a
ganarse el pan de cada día, y a poder ganarlo con dignidad. Tampoco puede haber
personas oprimidas, esclavas de determinados poderes corruptos, sin camino para
poder huir. De igual modo, no puede haber personas que valgan menos que una
ínfima cosa y no encuentren corazón que entienda de su agonía. Podríamos seguir
mostrando la multitud de calvarios que cohabitan con nuestra época. Basta ya de
limosnas sociales, el planeta precisa con urgencia una actitud de cambio, de
búsqueda de nuevos caminos más justos y equitativos. Todo estos desajustes
tienen un nombre, en lugar de pensar desde la riqueza hay que reflexionar desde
la pobreza, ponerse en el lugar de los que no tienen voz y escucharles,
invitarles a participar con sus propias palabras para poder salir de las
tinieblas. Reconozco que no me interesan para nada, aquellos organismos que
ciegos continúan con los mismos despropósitos. Todo ciudadano tiene que tener
la posibilidad de vivir dignamente, y mientras esto no suceda y no pueda intervenir
activamente en el bien colectivo, carece de interés cualquier proyecto.
Debemos volver al
pensamiento aglutinador de la especie en su totalidad, como auténtica familia
humana, y como tal debe ser articulada y pensada. Nadie puede ser más que nadie en dignidad,
tampoco en deberes ni en derechos, hay que retornar a la centralidad del ser
humano, repensando (y recapacitando) en un modo de coherencia y de valor social.
La solidaridad, pero entendida como ventana de auténtico amor, debería ser el
abecedario universal de todos los pueblos, de todas las naciones. No se trata
de dar migajas, sino de cooperar todos junto a todos, por hacer un mundo más
hermanado. Esta es la llave. Por desgracia, cuando se pierde el respeto por el
ser humano cualquier atrocidad es posible. En cualquier caso, hemos de aceptar
que la responsabilidad es compartida, y que no se puede cambiar nada en
solitario. Por ello, sería saludable que, coincidiendo con el día internacional
de la solidaridad humana (20 de diciembre), activásemos, cada cual desde donde
se encuentre, los esfuerzos precisos para modular otro futuro más equitativo,
dejando a un lado la siembra de palabras
huecas, e impulsando un valiente compromiso de promover un futuro humano para
toda la humanidad. No podemos quedarnos tranquilos ante un viejo mundo, que
continúa predicando con lenguaje mezquino e insolidario, dejándose mover por
los que lo tienen todo.
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