Autor: Juan Nadie, Publicada en el número 84 del semanal El Independiente
Nos encontramos en la cafetería
“sonrisas” en la calle Hermano Fermín, un bonito lugar, en donde disfrutar de
deliciosos desayunos en un ambiente agradable. Este es el lugar en donde nos
hemos citado con nuestro entrevistado, lugar que el mismo también frecuenta.
Así que, mientras nos desayunamos
un mollete de jamón y un café, hablamos con José Antonio Moreno Ollero, un
artista sanluqueño con especial dedicación a la pintura, así que le preguntamos
desde cuando tiene esta afición, a lo que el nos dice que “prácticamente de nacimiento” y pasa a relatar diversos episodios
de su vida como cuando a sus cinco años que hizo una acuarela “y tuvo mucha expectación por parte de mi familia y por parte
de vecinos que la veían. Eso dio comienzo a esa pasión por el dibujo”.
Más tarde en la enseñanza primaria descubrieron las dotes que yo tenía
para dibujar y pintar, comenta José Antonio. Alude a la ayuda que le prestó
cierto profesor que era muy aficionado a la pintura, y a los que tenían dotes
los ponía a dibujar y pintar. Este señor
me enseño a pintar óleo. El mandaba
cuadros afuera, no se que entidad, y se los cambiaban por pasta de dientes que
después repartía entre los alumnos. Incluso
me llevaba a su casa a pintar y dibujar.
Después hace referencia a su etapa en el
Instituto laboral, allí en el primer curso de bachiller se daba mucho dibujo
artístico y me hice notar, en matemáticas
por no tener interés, cero, pero en dibujo y pintura, matricula. José Antonio Hace
alusión al hecho de que al hacer dibujo lineal lo hacían sin regla, y al
hacerlo tan perfecto, lo suspendían porque creían que se había ayudado de
reglas. Después al ver que no era así, le dieron su matricula correspondiente.
Aunque no llegó a completar el
bachiller, nos dice como fue en esta etapa en la que no paraba de dibujar y pintar, descubriendo y creando nuevas formas que le
hicieron mejorar la técnica. Con 16 o
18 años pintaba mucho óleo en casa pero entonces… José Antonio se encontró
con algo que frena las pretensiones artísticas de muchos, me eche novia y se acabó la pintura.
Nos cuenta José Antonio que
siguió el oficio familiar, y como su padre, que fue contratista de obra, acabo
trabajando en la construcción que fue su medio de vida, se casó, pero no dejé de practicar, nos comenta. Aunque recuerdo especialmente cuando hice la
mili que si dibujé bastante, pues los compañeros me daban fotos de sus novias
para que yo las retratase al carbón y yo se las acababa regalando.
Parece ser que ha vuelto a
retomar estos hábitos en estos tiempos de crisis por disponer de más tiempo. Ya
ha tenido la oportunidad de hacer exposiciones de sus obras en La Victoria, en El café
azul, en el Hotel Guadalquivir. Estoy
preparando una de acrílico para hacerla si es posible me gustaría hacerla
también en el Guadalquivir si es posible este verano.
José Antonio dice que exponer representa una
gran dificultad al no tener un “nombre” que le abra puertas. Así que con ese
deseo, la de encontrar un mecenas que le ayude a entrar en este mundo del arte
vamos dejando la conversación. ¡Suerte José Antonio!

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