sábado, 28 de marzo de 2015

Aguo fe thag.

Por: José Antonio Córdoba


El destino o la vida, es curiosa, irónica y cuando menos, ¡sorprendente!
Hoy los bosques de robles, pinos, castaños o alcornocales han dejado paso a casas, bloques, rascacielos, aparcamientos, superficies comerciales... El antaño prado verde se está convirtiendo tal cual día nublado amenazante de agua. Hoy en la lejanía solo vemos lo que queremos ver, ¡tecnología!
Pero los que marchamos a destiempo de la evolución, seguimos fijándonos en pequeños matices, me viene a la mente la secuencia de la película WALL-E, cuando encuentra dentro de una bota un brote verde. Esa ilusión, esa capacidad por los pequeños detalles es la que estamos dejando olvidada en algún recóndito lugar de nuestro “cerebro 3.0”.
Hablo hoy del olvido, pues “no ha mucho tiempo atrás” que este despistado empaquetador de letras, encontró algo olvidado, o más bien, que se le daba a olvidar.
¿Quién duda de que los senderos ─ahora que estamos caminando hacia la Pasión de nuestro Señor─  que Dios nos marca?  Sabía Jesús de su fin, porque así lo reconoció he hizo suyo. Pero nosotros somos tan ignorantes que reconociendo nuestra senda, preferimos obviarla para hacer la del vecino.
Pues yo no sé si he reconocido mi senda, pero la he hecho mía. Y en este caminar, mis pasos se han ido entrecruzando continuamente con los de alguien. ¿Pero que puede pedirle un caminante a la Luna o a las estrellas? Solo su luz.
Al fin de cuentas son pequeños matices, visiones que no duran más que el resplandor de una estrella fugaz. Es ese espejismo que sufre el sediento, y cuanto más real, más difuso se vuelve.
Uno lleva mucho tiempo olvidándose, de dónde viene, de quien eres, en decremento de lo que los demás quieren ver. En definitiva, sacrificando tú propia cultura por la de otros, que lejos quedan, de tener la misma riqueza. En esta nueva andadura, dónde parado en el tiempo, miro de dónde vengo, quien soy y quien pueda llegar a ser, me he sentado en una piedra de mi camino a contemplar cuanto me rodea, no tengo prisas, el tiempo es algo efímero, pero esa estrella fugaz sigue apareciéndose en mis oscuras noches, iluminándolo todo a su paso.
Es bonito, pararte y sentarte a contemplar el mundo, la vida, las gentes, la naturaleza. ¿Hay vida más allá del puto dinero? Hay vida y casi siempre sacrificada por la hoja afilada de don Euro, y de sus secuaces, el consumismo.
Hoy que a uno solo le acompaña su orgullo, se siente rico, en este mundo donde muchas personas lo han sacrificado en pos de un pedazo de pan, de un plato de comida en la mesa, de poder tener luz, agua... Y me siento rico, porque mi orgullo, es el que me hace mantenerme aquí, con la pluma en la mano contando lo que muchos de los que leeréis esto no queréis ver, pues pensáis que son los desvaríos de un muerto de hambre, y no os equivocáis, pero pensar, que no tardaréis en que os vea pasar por delante de mí.
Pues en esta situación, cuando uno es relegado a lo que es, y ve como tener un café en las manos, es un lujo; un pan, un sueño; y un plato de comida, una esperanza vana. En este momento que uno alza la vista a Cristo, diciéndole: “nada tengo y nada te puedo ofrecer”, aparece esa estrella fugaz. Cuando uno creer estar en la mayor de las oscuridades, aparece con su resplandor, y continúa su camino.

Pero esto es la vida, una utopía. La de un mortal que quiere viajar a las estrellas; la de un caballero sin escudo; la de un vagabundo que sueña por una Dama; la de un viejo que mira a la vida, como si de un niño chico se tratase; la de alguien que hace años que su sombra le abandonó;  la de alguien, que en su cartera solo lleva a sus hijos y su orgullo.

jueves, 26 de marzo de 2015

Ante una sociedad despreciativa del ser humano

Por: Vïctor Corcoba Herrero


Por todos los rincones del planeta llamea el terror. El odio germina en cualquier esquina para desgracia del ser humano. El desprecio por toda vida humana es tan evidente que cuesta asimilarlo. Hay una guerra psicológica entre la misma especie. Parece como que la naturaleza maligna gobernase el mundo. El miedo, la incertidumbre y la desesperanza nos tienen aprisionados. El corazón de muchos moradores ya no puede más. Multitud de personas buscan con desvelo la armonía y no encuentran nada más que tropiezos y divisiones. Todo parece estar desestabilizado. Bajo este desolador panorama cuesta avivar la concordia, globalizar la paz y extenderla como un compromiso diario, valiente y auténtico para fomentar la reconciliación, promover el intercambio de experiencias, la construcción de puentes de diálogo, sirviendo a los más vulnerables y los excluidos.

            En una palabra, hay que huir de las contiendas y fomentar una cultura de verbo, donde se conjugue la verdad con el amor, la luz con la poesía, la reunión con la fraternidad. Ninguna vida humana cohabita para ser despreciada. El fin de los sembradores del miedo, no es tanto matar ciegamente, que también, como el de lanzar un mensaje dominador hacia los que considera sus enemigos. Ante esta realidad no podemos permanecer inamovibles. Cualquier ser humano es el bien más preciado, y nuestras sociedades han de entender que el camino del terrorismo no ayuda, es fundamentalmente criminal, y para nada respeta a ciudadano alguno. Su afán es destructor. Además, pienso, que la violencia que busca una justificación religiosa también merece la más enérgica condena por parte de sus líderes religiosos. En todas las religiones, el Creador, es el Dios de la vida y de la paz. Nunca el de las guerras.

            El mundo por principio natural se construye, no se destruye. De ahí la importancia del imperio de la ley internacional en la lucha contra las actuales amenazas que desechan vidas humanas. A mi juicio, nuestra respuesta ha de basarse en el respeto del Estado de derecho y en la solidaridad humana como reacción. Resulta humillante ver como malviven algunos individuos y el trato tan degradante que reciben, como si fueran productos de desecho. Por otra parte, demasiado a menudo nos despertamos con actos terroristas, que han de desvincularse de religión, nacionalidad, civilización o grupo étnico, puesto que lo único que persiguen es activar la venganza, sembrar dolor y sufrimiento en todo el orbe.

            Cuando una sociedad se encamina hacia el desprecio más burlón, acaba por no encontrar la motivación y la energía suficiente para plantarse. La acogida de todo ser humano es fundamental para la vida social. Cada ciudadano, por si mismo, se merece la consideración de todos. Por eso, cualquier acto despreciativo con la persona jamás es justificable. Sin duda, los tiempos actuales nos requieren una mayor atención al  ser humano ante tantas situaciones horrendas, que nos enseñan los dientes. Si la esclavitud es una materialidad introducida en el tejido social desde hace tiempo, no menos lo es la siembra de terror que algunos practican sin miramiento alguno. ¡No cerremos los ojos ante todas estas fobias! Cualquier vida humana, habite donde habite, tiene una dignidad que se debe respetar. Y, precisamente como ser racional, tampoco debe ser oprimido y mucho menos descartado socialmente.


            Ha llegado el momento, pues, de hacer frente a las condiciones que propician la propagación de desprecio a una especie pensante, ya sea con ataques terroristas, comerciando vidas humanas o no prestando auxilio a las mismas. Hay que colocar a la ciudadanía en el centro de nuestros desvelos. Nos hemos acostumbrado a despreciar vidas y éste es el motivo principal de tantos desórdenes. Mal que nos pese, tenemos que escuchar a todos los seres humanos si en verdad queremos contribuir a la renovación y al renacer de una nueva sociedad más fraternizada, lo que requiere una cultura de honestidad que rechace toda forma de corrupción y, de este modo, se fortalezca la capacidad institucional del Estado y la defensa de los derechos humanos.

martes, 24 de marzo de 2015

Más de lo mismo

Por: Manuel Pérez Cuadrado "er Pere"

Está clarísimo que los andaluces siguen con lo mismo: miseria, paro, corrupción, pobreza, fracaso escolar, y muchas más calamidades porque seguimos con lo mismo después de treinta y dos años.
Yo esperaba un cambio para mejorar Andalucía, pero veo que los enchufes, las miserias y todo lo malo, les gusta a los andaluces. No tienen proyectos para nada, y por eso la cosa seguirá igual. Y este gobierno del PSOE, como otros, jamás traerá bienestar a nuestra tierra, ni trabajo ni nada bueno. Este nuevo tiempo va a seguir siendo igual.
Y me gustaría que se quitara el paro y todo el mal que tenemos en nuestra tierra. Aquí no existe la transparencia, tenemos la corrupción más grande de Europa con el PSOE al frente, y dentro de cuatro años seguiremos en el mismo lugar o peor. Conste que lo esto diciendo en los momentos en que acaba de ganar el PSOE: “no van a hacer nada de nada”.
Con respecto a otros partidos como podemos, que esperaban ganar, solo han conseguido 15 escaños, que como se ve deja el Parlamento muy dividido. La pérdida de escaños del PP, 17 en total, debe de hacer que se den cuenta que su mensaje no le ha llegado a los andaluces. La caída de IU, que me parece injusta, pero que se veía venir desde que pactara con el PSOE, porque todos los que pacta con el PSOE se desmembrana, como sucediera con el P.A. casi a punto de desaparecer ya.
De ciudadanos no espero nada de nada por su candidato. Me refiero a Juan Marín, que en Sanlúcar lo ha dejado muy claro, no sirve ni para estar escondido. Lástima que yo vea a ciudadanos como algo nuevo e interesante, pero con Marín al frente no se va a comer ni una rosca. Ojala me equivoque y se mejore, pero lo que ha supuesto para Sanlúcar ha sido un autentico fracaso.

sábado, 21 de marzo de 2015

La poesía como alimento anímico

Por: Víctor Corcoba Herrero


La decisión de proclamar el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía, onomástica aprobada por la UNESCO en la sesión que se celebró en París en 1999, no sólo me parece una acertada idea, sino que también es una necesidad para la propia subsistencia de la especie. Si importante es alimentar el cuerpo, aún más vital es alentar el alma, poder convivir con diversos corazones, y, de esta manera, embellecernos al menos espiritualmente para sentirnos bien con nosotros mismos. Vivimos tiempos de indiferencia e imposiciones, de dejar hacer, hasta el punto de permitir que piensen por nosotros, de acomodarnos a las circunstancias más absurdas; que, por cierto, distan mucho de ese manjar sabroso para nuestro interior como es el de reconocerse en la verdad. Todo este cúmulo de fingimientos, hipocresías, dobleces y ocultaciones, a mi juicio, es lo que nos viene impidiendo disfrutar de lo armónico.

Ciertamente, andamos saturados por la fiebre de placeres que nos impiden calmarnos y, así, poder disfrutar de la autenticidad del verso y la palabra, del corazón y de la vida, de nuestros propios semejantes. Hemos edificado tantos poemas falsos que, la misma sociedad humana, camina hambrienta de estética, sin valorar el ardiente deseo de perfección que rueda por el universo. De ahí, la importancia de la poesía para andar con otro aliento, para sentir de otra forma el místico árbol de nuestras raíces, para crecernos y recrearnos con las cosas más tiernas y humildes, para ser de otra modo, quizás más sentimiento que negocio, o tal vez más melodía que hostilidad. Sea como fuere, debemos reencontrarnos para refundirnos en la unidad. Sólo así es posible anidar un ensueño regenerador. Sabemos que hasta el mismo sueño se desvanece; sin embargo, la vida se vuelve más interesante si no dejamos de soñar.

Evidente. Tenemos que interesarnos más por nuestra propia existencia. No sabemos otra cosa que alborotar, que entrar en contiendas, que batallar como fieras al dictado del poder mundano. No obstante, tenemos que llegar a la poesía, a ser de la poesía, a vivir en la eternidad de la poesía, a ser más corazón en definitiva. Ese es el punto de confluencia de todas la culturas, la de unir voces y sintonías verdaderas. Sin duda, nuestra exclusiva historia se verifica en el verso, algo que nos trasciende, y a la vez, nos trasporta a un orbe de gozos, adquiriendo un sentido más etéreo que humano. La inagotable mina de bienes cósmicos que nos abrazan han de volvernos más reflexivos, más inauditos, más practicantes de bondad en suma. No hacer el bien es un mal muy grande, pero lo es contra nosotros mismos; en cambio, si buscamos el bien de nuestros análogos hallaremos el nuestro propio. Estamos encadenados unos a otros y, como en el poema, cada verso es distinto, pero todos son necesarios y han de confluir en armonía, para llegar a la inspiración perfecta.

Por eso, la poesía es una herramienta de fraternización, de diálogo y de acercamiento, de mediación y de meditación, de soledad compartida y de silencios vividos, de expresión penetrante del espíritu humano, lo que contribuye a hermanarnos mucho más y a entendernos mejor. La apuesta por la lírica es un envite a las capacidades creativas del ser humano, a sus latidos, a sus genuinos pulsos y a sus legítimas pausas. No entiendo esa ciudadanía que camina desconsolada, sin acercarse a tomar aliento, a respirar profundo y a beber de los horizontes el anhelo de sentirse poesía para el cosmos. Permanecer insensible ante tanta belleza es propio de los inhumanos. Indudablemente, el planeta que habitamos necesita de los poetas, de esos corazones verídicos, para sentirse alguien en un mundo que tantas veces nos hace sentir nada. Desde luego, precisamos calentar el alma ante tanta exclusión, iluminar nuestro camino, encender nuestra pasión por la verdad, que no es otra que la poesía que todos llevamos dentro.

Existimos y cohabitamos en el verso y la palabra, con eso queda dicho todo. Pertenecemos a la esencia de las cosas y vamos en busca de la cima más anímica. Hay que proclamarlo a los cuatro vientos. Seguramente deberíamos ser poetas a tiempo completo, pero esta mundanidad nos deja sin tiempo, nos acosa y nos ahoga con un sin fin de tareas inútiles, donde se avivan los egoísmos, las envidas, las sinrazones, que nos llenan el alma de amargura. En este sentido, dejarse cultivar por la poesía significa no solamente apartarse de lo mediocre y del engaño, sino evitar también aquellos movimientos que nos desajustan y nos apartan de la belleza. A esta tarea de cultivo debe unirse el esfuerzo de contribuir al perfeccionamiento moral de todo ser humano. Para ello, tenemos que saber escuchar todas las sintonías, conectar con ellas aceptando las divergencias, con la libertad de pensar distinto, pero sin perder la identidad de lo que somos; y somos, más que un cuerpo que siente, una poesía que vive.

Verdaderamente, tenemos que buscar la unidad en la poesía que somos. El ser humano no sólo es único, ha de ser uno también. Esto nos hace sublimes y nos encarna la energía creativa necesaria para no permanecer pasivos y renovarnos cada día. El propio verso que habita dentro de cada persona, nos da también el valor requerido para cambiar esta podredumbre de orbe y hacer un universo más habitable. Todas las criaturas han dejado tras de sí una huella imborrable, unos versos eternos por la defensa de la dignidad humana, de sus derechos naturales en suma. Por el amor que todos nos correspondemos, por la libertad que todos ansiamos, tenemos que reivindicar el lenguaje de lo original. Efectivamente, la expresión rítmica es algo más que una hazaña, es una actitud de vivir compartiendo abecedarios, soñando horizontes maravillosos, injertando mensajes capaces de ilusionarnos hacia otro esperanzado hábitat más idílico.

Lo fundamental es despojarnos de mundo y recapacitar más, aunque sólo sea para encontrarnos sosegados con nosotros mismos. Sobre todo es bueno dejarse sorprender, dialogar con el silencio, explorar recónditas soledades, caminar con la lámpara de la poesía, buscar la luz en cada paso, convertir la vida en una experiencia irrepetible y, como tal, ceder a su hermosura. Los tiempos actuales, nos instan a no dejarnos intimidar por las modernidades del mercado. Ya está bien de someterse a un gentío de apariencias. Resulta ineludible, pues, proteger la poesía auténtica. Tenemos que ir más allá de las formas. Es en el fondo del alma donde todo resplandece. La pureza germina en lo hondo. Por eso, cada vida, deseosa de saciar su espíritu, busca en el poema lo que no halla en el camino. En consecuencia, reivindico el rescate y la liberación de tantas cadenas. Retornemos al jardín de las metáforas. Dejémonos balancear bellamente al soplo de las ilusiones. No desfloremos la ingenuidad del niño que nos pertenece y nos revive. Sabemos que la esperanza nunca muere en su mirada, que es la nuestra, la de cada uno de nosotros.

viernes, 20 de marzo de 2015

La fascinación de interrogarse

Por: Víctor Corcoba Herrero


Siempre he pensado en lo importante que es para una ciudadanía ser libre, precisamente para eso, para poder interrogarse y, así, poder modificar desde esta interpelación, modos y maneras de vivir. Motivado por la presentación del último libro del catedrático de filosofía y doctor en teología, Juan Antonio Estrada, en el que nos interroga sobre el contenido que damos al lenguaje sobre Dios, una palabra cargada de significaciones, puesto que todo habla de Dios aunque con signos diversos, he vuelto a madurar la idea de un libre pensamiento y de una conciencia crítica. Es la diferencia entre un ciudadano emancipado y un ser denigrante que se ha hecho esclavo de sí mismo. Indudablemente, el medio de no cambiar radica en no tener tiempo para pensar. De ahí que la reflexión sea cada vez más uniforme y débil, en parte avivada por los poderosos que nos hacen otras propuestas más dominadoras que autónomas. En el fondo pretenden que nos ejercitemos como masa y no como sujetos pensantes. Sin pensamiento y sin libertad pueden dominarnos a su antojo. En efecto, es exactamente este espíritu mundano, quien nos doma y nos aborrega la mente, el corazón y el alma, impidiendo comprender el momento actual que vivimos. Pero al fin, es desde este vacío de sentido como a veces despertamos.

                Justamente, una invitación a interrogarse es lo que propicia en el libro Juan Antonio Estrada. A partir de los entresijos,  camina su contienda intelectual, llegando a plantear la crisis de las imágenes tradicionales sobre Dios; un concepto de salvación orientado a después de la muerte; la fe como un creer en lo que no se ve, y un concepto de revelación cuya legitimación última viene dada por la jerarquía de la Iglesia. El autor del libro, subtitulado como “la fe en una cultura escéptica”, propone replantear la fe desde una cristología renovada en la que la humanidad del judío Jesús sea el referente fundamental, puesto que la fe en Dios está mediatizada por la fe en Jesucristo y esta remite a un proyecto de vida con hondura, en el que la dimensión religiosa abre horizontes verdaderamente razonados. Por tanto, se hace necesaria una transformación del imaginario cultural y religioso sobre Dios que se apoye en la renovación que se dio en el mismo Jesús. En consecuencia, la identidad cristiana remite a la discontinuidad cultural, y desde ambas hay que construir y reconstruir los contenidos de la fe para responder a la pregunta, que da título al fascinante libro: “¿Qué decimos cuando hablamos de Dios?”. Quizás descubramos, de este modo, que aprender las cosas equivale a verlas interiormente más allá de lo que captamos a través de los sentidos.

                A mi juicio, Juan Antonio Estrada con este libro, formula una filosofía teológica de nuestro propio acontecer, a través de las creencias heredadas, de la cultura escéptica, de preguntarse por Dios, de la revelación o proyección humana, buscando una nueva comprensión de la fe, que no traicione la identidad cristiana, pero que tampoco quede prisionera del pasado. Ciertamente, todo cambia, nuestro modo de pensar, de celebrar, de vivir, se hace distinto. No es una expresión retórica, su antesala de verbos, parte de una cita de Proust, de que “la sabiduría no nos viene dada, sino que debemos descubrirla por nosotros mismos, después de un viaje que nadie puede hacer por nosotros”. Subraya que el supuesto cultural y el cristiano difieren cada vez más, a costa de su perdida de irradiación social. Deberíamos preguntarnos por sus causas y también por sus efectos. Tal vez sería saludable, para la propia especie, despojarnos de fanatismo y reflexionar más. A todo ser humano le es permitido conocerse a sí mismo y meditar sabiamente. Tampoco lo evadamos. Quien no se atreve a pensar es un cobarde.


                 Por eso, como dice Juan Antonio Estrada en su libro: “¿Qué decimos cuando hablamos de Dios?” (editorial Trotta), debemos replantear lo que se ha llamado el depósito de la fe; revisar las revelaciones; vincular las instituciones a las experiencias religiosas; y dinamizar a las iglesias para que formulen la fe de una manera nueva y comprensible para la mentalidad actual. En cualquier caso, si tuviera que resumir en unas pocas líneas su nueva obra, la definiría como un manual de pensamiento que insta a pensar en profundo, porque la humanidad es algo más que un cuerpo, es también una razón de ser y un espíritu que nos trasciende. Que además está en permanente movimiento, y que no puede desligarse de su mismo tronco, la familia humana como estirpe. Lógicamente, nada de lo que ocurra a un ser humano, habite en el lugar que habite, debe resultarnos ajeno a nosotros mismos.

jueves, 19 de marzo de 2015

Una pista de petanca para El Palomar

Por: Rafaél Pericache

Como vemos en la foto los mayores del palomar también jugamos a la petanca y por eso pedimos a quien lo tenga en su mano el poder construir una pista para los vecinos.
En calle paloma tenemos una pista de futbito, una pista de baloncesto, pista de gimnasia, parque infantil, incluso un pabellón cubierto, no nos podemos quejar, pero también sabemos que hay pistas en el parque scouts del barrio bajo también en la dehesilla  por eso ahora que  estamos en tiempos de elecciones y la población de la barriada del palomar es muy numerosa pues vamos a pedir una pista para los abuelos, seguro que será un desembolso pequeño para lo que pueden obtener a cambio.
Bueno no me quiero alargar demasiado, gracias por adelantado y suerte.

viernes, 13 de marzo de 2015

Tiempo de rescates e integraciones del ser humano

Por: Víctor Corcoba Herrero


Es la hora de los rescates. El ser humano debe ser rescatado por sí mismo, por su misma especie. Para ello, hace falta rescatar la política, convertida en negocio, en lugar de activarla como servicio. Hacen falta menos dominadores y más solidaridad. Así, la ciencia ha de integrarse en la reducción de riesgos que conllevan desastres. Los sindicatos, las diversas asociaciones, han de salvar a esa humanidad injustamente tratada. Por desgracia, vivimos en el permanente abuso, con un uso inadecuado de los bienes, una desbordante degradación ambiental, una débil gobernabilidad en muchos países, con unos escenarios de pobreza que no deberían existir y, lo que es peor, con unas expectativas que no despuntan, porque hasta la misma sociedad carece de referentes. Tendríamos que pactar otras formas de hacer, otras de formas de vivir, otras formas de actuar, otras formas de ser. El dominio no puede permanecer en unas pocas manos para su capricho o divertimento. Buena parte de los moradores del mundo se encuentran ensombrecidos por la frustración, el desconsuelo, la venganza o la duda. Pero, ante este desolador desconcierto, no podemos caer en la trampa de lo trágico. Siempre cohabita una luz que nos da la oportunidad del cambio social.

Evidentemente, el cambio social no pasa por resignarse, o por buscar la huida de la realidad, o por inventarse un optimismo falso. Veamos lo que va mal y rectifiquemos. Pensemos en los desequilibrios sociales, en la falta de oportunidades de tantos jóvenes, en el terrible poder armamentístico, en la escasez del agua para tantos seres humanos, en las injustas y altaneras finanzas. Tenemos la oportunidad de rescatarnos de este infierno de tragedias, sin tener que lavarnos las manos como Pilatos. Todos hemos de contribuir a mejorar este camino que hemos de recorrer. Y aquí es preciso el papel aglutinador, cada uno desde su horizonte de reflexión. Dejemos las lecturas ideológicas, doctrinarias, y apostemos por el ser humano como realidad pensante, que ha de vivir y puede vivir sin miedos, sin catastrofismos, sin desilusión en definitiva. Quizás para esta renovación merezcamos un rescate, no de finanzas, sino de valores humanos. Desde hace tiempo, nos hemos abandonado y supeditado al poder, obviando esa dimensión espiritual, trascendente, que nos forma en el discernimiento para alimentar los avances humanos, que son los verdaderamente esperanzadores.

Por consiguiente, llegados a este punto, creo que hemos de integrarnos al máximo; máxime para recuperar lo humano en toda su plenitud.  Es lo humano lo que tiene que prevalecer sobre todo lo demás.  Es lo humano lo que importa. De ahí que tengamos que pensar de otro modo la política. Hemos de hacerla de otra manera. No tengamos miedo a escucharnos. No tengamos miedo a compartir. Respetémonos. Abrámonos a la vida para favorecer el encuentro. No excluyamos. No pensemos que hemos venido al planeta para ser eternos líderes, dejemos que la nueva savia fluya en un mundo en permanente cambio. Saltemos de esta mundanidad hacia otro mundo más sabio y, a la vez, más solidario también. Rescatémonos de las inútiles contiendas. Es tiempo de fraternizarnos, de tender puentes y de avivar coincidencias. Tenemos que concurrir en acuerdos. Para educar un hijo, dice un refrán africano, hace falta una aldea; luego, para educar al ser humano, hace falta la humanidad entera. La referencia de que han disminuido el número de fallecidos por desastres naturales en la región de Asia-Pacífico, es un claro ejemplo de cooperaciones en el intercambio de información regional y, también, de coordinación conjunta de operaciones de alerta temprana y evacuaciones. Sin duda, esta es la vía para hacer más habitable el escenario de nuestra propia especie, la de sumar fuerzas de apoyo y no la de restar por puro egoísmo.

Indudablemente, todos los humanos tenemos la responsabilidad moral de hacer de la cooperación entre culturas diversas, una manera de vivir. Pienso que la moderación en todo ha de ser nuestra brújula para orientarnos hacia ese verdadero bien colectivo, que se determina y se conoce mediante la naturaleza del ser humano en su armónico equilibrio con lo que le rodea. Para lamento de toda la humanidad, en todos los países la exclusión y la discriminación continúan inmortalizando la falta de equidad, unida a la ausencia de un corazón sensible. Por eso, en ese rescate que propugno es fundamental la reorientación de la política hacia otros horizontes más humildes y de asistencia social. Un gobernante que únicamente gobierna para los suyos no puede gobernar. Como mucho puede hacer avanzar a los de su línea, pero no puede en absoluto regir los designios de unos seres pensantes cada día más globalizados. Por estas razones, una política comprensiva con todos y tolerante, gana el respeto de la ciudadanía, y sobre todo la admiración de ese pueblo marginado, que espera la mano tendida para salir del callejón de la intransigencia de algunos.

Entre todos, pues, hemos de rescatarnos y reintegrarnos en un planeta, en el que gobierne la ética por encima de los ídolos. Que manden los seres humanos más humildes. Escuchemos su voz. Entremos en diálogo. El mundo tiene el futuro que el ser humano quiera. Luchemos, al menos todos unidos, para que la confianza no se desmorone. Quizás debiéramos tener la picardía de los reptiles, pero también la autonomía bondadosa de las aves. Alguien astuto es una persona difícil de engañar, cuestión importante en un mundo de falsedades y, asimismo, la clemencia es un buen símbolo para superarnos y acercarnos a nuestros semejantes. Lo decía el escritor español, Pío Baroja (1872-1956): "Realmente, no sé si con justicia o no, a mí no me admira el ingenio, porque se ve que hay muchos hombres ingeniosos en el mundo. Tampoco me asombra que haya gente con memoria, por grande y portentosa que sea, ni que haya calculadores; lo que más me asombra es la bondad, y esto lo digo sin el menor asomo de hipocresía". Ciertamente, ese espíritu de dulzura, de apacibilidad, de mansedumbre, actualmente no cohabita con la especie, por lo que difícilmente va a sorprendernos avanzar en el vínculo de familia humana, cuando lo que prolifera es una mentalidad separadora, de acoso y ahogo al ser humano.

Nos hemos globalizado pero no nos hemos hermanado. Esta es la gran necedad. Cómo globalizar un sistema económico, sin una mente integradora, donde esté la mujer y el hombre, la familia, todos nosotros, para que la luz de la justicia nos encamine a la esperanza de un mundo renovado, más del espíritu que de los negocios, más del verso que del dinero, más de la ilusión que de la desgana. O caminamos todos juntos para acrecentar el paraíso o el desencuentro nos llevará, más pronto que tarde, a la nada, al vacío de la estupidez. Es muy significativo fortalecer los vínculos entre culturas, retornar y rehacer un hábitat verdaderamente humano, resurgir en lo auténtico para que lo bueno y lo bello mane (y emane) por cualquier rincón del orbe. Al igual que algunas cosas del pasado, son pretérito, pero abrieron una brecha al futuro; reinventemos el hoy, el presente que es nuestro, y nuestra será la vida para reafirmarla hacia nobles aspiraciones. A lo mejor cada día hemos de rescatarnos para luego regresar a la eternidad. El cambio es ley humana. Al fin y al cabo, cualquiera que olvide el pasado o no viva el presente, se perderá también el futuro. Y no será posible volver atrás para desgracia nuestra.

sábado, 7 de marzo de 2015

Salvados por la esperanza

Por: Víctor Corcoba Herrero

Sobre el azul del cielo trenzo sueños
que me recuerdan amores perdidos.
Con la aurora me atrapa el desconsuelo
agitando en mi espíritu los recuerdos.

Busco tu retorno en cada esquina,
como busca el viento la lluvia
para humedecer los caminos
y encender los campos de amapolas.

Que distintos somos y que distantes estamos.
Llevo días sin comer más que suspiros.
Llevo noches sin tomar el sueño por el llanto.
Llevo la muerte conmigo porque no vivo.

Desde aquella ciega mañana que te fuiste,
con la piedra del odio entre los labios,
olvidando las promesas que nos dimos,
rechazando los versos injertados a la vida.

Has querido borrarme para siempre,
y no te ha importado matarme de dolor.
Sabías que la libertad fue mi desvelo,
y no has titubeado en encerrarme entre muros.

Aunque te busque y no te halle,
aunque la noche pase y al amanecer no estés,
aunque te coloques una coraza en el corazón,
estarás en mis versos para siempre.

Cuando uno vive en el amor,
por mucha tristeza que encuentre en el camino,
el desengaño se llena de ensueño
y hasta la duda se convierte en esperanza.

El futuro está con el ser humano

Por: Víctor Corcoba Herrero


A veces pienso que es la hora del ser humano y que debería haber una mayor protección jurídica de la persona, por parte de la comunidad internacional, fuese mujer u hombre. Son tantas las promesas incumplidas que deberíamos pasar a la acción.  Por una parte, la marginación social es tan acusada y está tan extendida, que hasta las piedras con ser piedras, en ocasiones son más blandas que el corazón de las gentes. El valor  de la compasión y de la ternura se ha devaluado cantidad, hasta el extremo que resulta muy difícil integrar colectivos, que el propio sistema mundano excluye, y ya no digamos propiciar la equidad de género, o aliviar la pobreza de la multitud de seres indefensos. Por otra parte, el aluvión de violencias nos desborda, con una gran incidencia en la vida de los desamparados (mujeres, niños, personas mayores…), que a menudo sufren más intensamente los efectos de las carencias de medios. A esto hay que añadir, la poca  o nula participación, de estas personas desabrigadas, en las responsabilidades y beneficios del desarrollo de la propia especie humana. Además, también tenemos otra asignatura pendiente, el hecho de la complementariedad de la mujer y del hombre, que no pasa de ser un mero objetivo, a pesar de haber surgido al final del siglo XIX, en el mundo industrializado, el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), como lucha  en beneficio de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. A todos estos desajustes, hay que añadirle la nula política familiar, con remuneraciones del trabajo insuficientes en muchos casos, para fundar y mantener vínculos estables.

            La integración social en un mundo global no puede demorarse. Algo evidente. La sociedad, en su conjunto, debería implementar oportunas medidas legislativas y de seguridad social, hacia esos colectivos más vulnerables. Desde luego, son de desear políticas más directas y de cooperación a la vez. Quizás debamos exigir, incluso a los medios de comunicación, establecer y observar normas éticas de conducta para promover la dignidad del ser humano como tal. Ya está bien de imponer ideologías en lo que es algo innato con la especie, como ha de ser el nivel de la decencia por encima del nivel del miedo. Por desgracia, la coacción se ha adueñado de multitud de ciudadanos que no pueden ni respirar. Han dejado de ser ellos, para convertirse en un producto sin alma; o bien de desecho, o bien de interés. Se confunde la humanidad acostumbrándose a digerir los crímenes contra la dignidad humana como algo normal, cuando debiera ser lo más horrendo de los infortunios. No se puede morir arrodillado cada día,  uno tiene que poder vivir de pie por si mismo, hacerse valer y ser el mayor valor  del orbe. Si la mujer o el hombre no están dispuestos a que se respete su exclusiva existencia, ¿dónde está su grandeza?  Sin duda, el ser humano necesita un cambio; pero, de igual modo, el linaje requiere de otra mentalidad más aperturista a la diversidad. Podemos lograrlo, pero únicamente entre todos. Sin exclusiones. Ciertamente, el mundo necesita la igualdad plena para que la humanidad avance. Ya lo sabemos. Ahora es menester asimilarlo en todas las culturas para universalizarlo. El ejercicio es fundamental, al menos para que todos los seres humanos puedan vivir con plenitud sin tener que arriesgar, o vender, su específica existencia.


            Mi apuesta, por tanto, es bien clara. Hemos de retornar al ser humano, más que como ciudadano, que también, como persona dotada de algo más que un estado físico que nos trasciende, ya que todos llevamos consigo una innata capacidad de distinguir el bien del mal, la vulgaridad de la elegancia, los buenos modos de los nefastos modales. Por desgracia, el ser humano corre el riesgo de ser reducido a un mero engranaje de las finanzas, a un ser sin criterio, adoctrinado para el consumo, sin otro miramiento que su utilidad. Así se descartan tantas personas con enfermedades terminales, se desprecian ancianos abandonados, se arrinconan niños utilizados para morir o se asesinan antes de nacer. Esta crueldad, creciente y progresiva, debiera hacernos recapacitar para tomar conciencia de lo que representa un ser humano en nuestra propia historia como especie. Naturalmente, no podemos permanecer insensibles ante realidades necias y absurdas, gestadas en parte por una mala comprensión de los derechos humanos, de los derechos inalienables de todo mortal que han de ser respetados siempre, puesto que nadie puede ser privado arbitrariamente de los mismos y, menos aún, en pro de intereses económicos.       

La verdad es necesaria. La mentira hay que desecharla

Por: Manuel Pérez Cuadrado "er Pere"

Pere¿Cuál es la verdad? ¿Y cuál es la mentira? Estas dos preguntas son fáciles de contestar y fáciles de ver. Aunque nos referimos a España: La verdad es que estamos en una crisis jamas conocida, en donde la clase trabajadora está pagando las consecuencias. El trabajo es prioritario para que no exista crisis, y así vean cubierta sus necesidades, como son, trabajo, educación y sanidad. Estos tres fundamentos son necesarios para vivir correctamente.
Ahora bien, si los administradores de España no saben o no les interesa que esto sea una administración sea justa, algo hemos de hacer. Hemos de diferenciar entre populistas y no populistas. Nos interesa conocer a aquellos administradores que sean capaces de ser serios y serios de llevar a España al éxito.
En el caso de Andalucía, estamos hartos ya de tanta miseria, del paro, fracaso escolar, y tanto más, ya por treinta años. Necesitamos un cambio administrativo en España, pues la legislatura anterior con el PSOE ha sido lo peor para nuestro país, con Zapatero que dejó al borde del rescate  y a punto de salir del euro.
Debemos saber a quien elegir para administrar este país y no retroceder porque como retrocedamos ya veremos lo que nos sucederá, si no ¡ojo al parche! Es más, si elegimos a los vividores, ¿quien los expulsará del sillón? Porque los vividores son muy astutos y buscan maneras y formas de convencer faltando a la verdad. Sepamos elegir.

A Jimena

Por: José Antonio Cordoba

Mi bella Señora, conocí vuestra existencia por lenguas propias que de vos hablaban, que de vuestra llegada anunciaban a esta orilla del Guadalquivir; a esta cuna de los Tartessos; a estas aguas, que si bien, es verdad que arrojan de las montañas del Este, innumerables cosas, entre ellas, gentes y culturas, no lo es menos, que Vos, llegáis aquí por nuestra bella desembocadura bética  como fenicios, romanos, árabes o vikingos,  navegando desde la mar “oceana”,.
Mi Señora, vuestra cuna estará construida con la madera de aquellas naos o galeones de la Indias. Vuestras sábanas, hojas de la dulce, rica y majestuosa pluma de Cervantes. Vuestra  almohada, confeccionada con las pinceladas literarias que gastara Benito Pérez Galdós. Vuestras horas de visitar a Morfeo, serán acompasadas con las melodiosas lecturas de un Quijote “Lobatino”.
Mi bella señora, vuestros ojos contemplarán muy pronto las maravillas del Sol en nuestra villa, en nuestras calles, en nuestras plazas o tabernas, no habréis de asustaros,  que explicación tienen mis palabras, pues quien bien os acompaña, guarda y agrada vuestros oídos con tiernas palabras y acompasada  lectura ─quien el Universo premiará cuando el idioma inconexo que pronuncien vuestros labios, se transformen en un claro “Papá”─, es  asiduo degustador de los buenos caldos de nuestra comarca. Donde el Sol, como Vos, nace en cada amanecer.
Vuestra llegada mi corazón y alma llena de satisfacción, y mi reluciente armadura descansa sobre mis hombros, pues aunque valedores no os faltarán, aquí hay un Caballero de triste armadura, siempre presto a socorreros por los caminos de la vida y del alma.
Es vuestra llegada, mi Señora, revuelo en casapuertas, mercados, tiendas y coros varios. Pues en vuestra humildad, sois tan grande que habéis convertido la existencia de dos personas, en el centro mismo de un Universo en expansión.
De vuestra madre que deciros, que no sepáis Vos, más, que este humilde extraño. Vos, que habéis convivido con ella. Habéis sido parte de su vivir, de sus sueños, de sus sufrimientos, de sus alegrías, ─de la impertinencia del Papi por las fotos─, habéis cantado, habéis hablando, escuchado música y viajado. Habéis sido cómplices de pequeños secretos, os habéis sentido mutuamente. Ella, con cuantos suaves golpecitos os ha llamado, más Vos, mi Señora, de gran carácter, con fuerte impulsos le habéis respondido. Más todo ello, en el seno del amor y de la complicidad de dos vidas en una.
Ahora, dos corazones se ha convertido en tres, y no por ello el amor se ha diluido. Mi señora, vuestra llegada, ha sido el ingrediente a un buen caldo en crianza, que lejos de avinagrarlo le ha dado un aroma fresco, afrutado, nada seco, al paladar un poco salado, pero joven y vivo.
Mi Señora, llegan a su fin mis letras, que en nada serán las de aquél que un día llamaréis papá. Pero estoy seguro que seréis de gran cuna, nada por títulos nobiliarios, sino por el amor que impregnan las tablas de vuestra cuna. Sé que al Sol le arrancaréis lágrimas, al ver este que Vos brilláis más que él. Las estrellas, serán las baldosas decoradas que sostengan vuestros primeros pasos. Y la Luna, mi querida Señora, la Luna, os arropará cada noche con su manto plateado.
Yo, simplemente seré una sombra que guarde vuestro caminar, pues de buen seguro este cansado viajero, aún en su vejez, habrá de aprender de vuestra juventud, como hoy aprendo de vuestros padres.
Solo me resta deciros mi Jimena, que no dejéis a lo largo de vuestra vida, de hacer lo que ahora hacéis, ¡de APRENDER!

Disculpadme Chari y Rafa, por haber sido, por un momento, una sombra que se ha paseado por el dormitorio de vuestra Jimena.

La intrusión en lo que es de todos (mayor respeto al poético patrimonio silvestre)

Por: Víctor Corcoba Herrero

La invasión de la vida silvestre es un mal presagio. Precisamente, la organización de Naciones unidas, que proclamó el día 3 de marzo como día mundial de esta existencia salvaje que nos circunda, acaba de poner de relieve un mensaje directo y firme, en relación a este poético patrimonio. Considera el momento de tomar en serio los delitos que se vienen produciendo contra la fauna y la flora, comparable a otros perniciosos modelos como la trata de seres humanos y el tráfico de drogas, artículos falsificados o el absurdo comercio de armas. Al parecer, tienen pruebas sólidas de que hay una participación creciente de redes de delincuencia organizada y grupos armados, que todo lo contaminan y lo extinguen para su goce o enriquecimiento personal, teniendo presente que los bienes que la naturaleza proporciona a todos han de ser respetados también porque forman parte de la hacienda común de toda la familia humana. Bajo esta profunda convicción, de que la preservación de estos bienes naturales requiere que su sociabilidad, inherente a su propio estado originario, se active lo antes posible a este escenario mundial globalizado. No olvidemos que los bienes indispensables para la vida de cada uno, son de todos, como el aire mismo que respiramos. Por consiguiente, combatir estos delitos, no sólo es esencial para nuestra propia existencia, sino también para la conservación y el desarrollo de la propia especie humana. Obviamente, las naciones tienen que hacer valer su estado de derecho, pues estamos ante un interés universal, de modo que el uso de esta riqueza redunda en el bien de la humanidad.

Quizás más que nunca sea necesario hacer circular por los caminos de la vida aire limpio. De un tiempo a esta parte, todo parece estar contaminado. La gente no puede respirar libremente y hay una pesadez en la atmósfera que nos deja sin fuerzas y, lo que es peor, sin ganas de dar oxígeno a la mente y al alma. Ciertamente, el ser humano tiene que cuidar mucho más esa naturaleza salvaje que le acompaña, que está ahí esperando nuestra mano protectora, en lugar de nuestro abandono o explotación abusiva. Si la maltratamos, ella también nos maltratará. Necesitamos sus pulmones, sentirnos aliviados por tantas fuerzas invasoras que continuamente amenazan ese universo silvestre, tan variado y, por ende, tan apetecible para nuestra propia naturaleza de caminantes. Nuestra vida misma es un camino hacia nuestro interior, y dentro de nosotros mismos, hay un espíritu salvaje que hemos de amansar, con la libertad necesaria, pero con un ánimo de respeto y estima hacia todo lo que nos acompaña. En cualquier caso, todos estamos obligados a ser mejores personas, mejores ciudadanos. A propósito, la escritora chilena Gabriela Mistral (1889-1957), recomendaba una serie de tareas, que no me resisto a transcribirlas, aunque sea nada más que para recordarlas: " Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino". Qué gran verdad para llevar consigo,  sobre todo cuando el camino de la corrupción y del vicio, es tan ancho como espacioso.

Indudablemente, tenemos que adentrarnos mucho más en la belleza de las cosas para comprender lo que es saludable para toda la humanidad. Hemos de volver al verso, a la poesía, al auténtico camino silvestre de la naturaleza que nos circunda. Tal vez el primer paso para la solución de problemas, aparte del optimismo como aliento, sea el de aprender a valorar lo que nos rodea. Quien no ama lo que le envuelve difícilmente merece vivir. Con la naturaleza, que no es de nadie y es de todos, no se comercializa. De pronto, mal que nos pese, todo parece estar en peligro. Nosotros estamos viviendo un momento de deriva, de descontrol; lo vemos en el medio ambiente, pero también en el propio ser humano. Nuestro específico manto silvestre cada día está más desértico. Algunas de las especies más carismáticas se han extinguido ya o están a punto de extinguirse de inmediato. El ser humano no puede coexistir armónicamente bajo el imperio del engaño. Nosotros tenemos la obligación de custodiar esta belleza campestre, selvática, por encima de una cultura que todo lo destroza sin miramiento alguno. Es hora de actuar, de que dejen de dominar en el mundo las dinámicas de una economía putrefacta y de unas finanzas carentes de ética. El dinero tiene que dejar de gobernarnos. ¡No puede ser así!. Vuelva a la vida lo que es de la vida. Desvivámonos por celebrar la belleza y la variedad de la flora y la fauna que nos guarda en cada esquina. Creemos conciencia acerca de esta necesidad y no expropiemos, a nuestro antojo, lo que es un bien social para todo el linaje. A veces pienso, que aún la naturaleza es un arte desconocido para el ser humano. De lo contrario, no tiene sentido el papel pasivo e indiferente de la ciudadanía ante un persistente comercio ilegal de vida campestre.

Esta concepción natural de la existencia silvestre, orientada hacia toda la familia humana, precisamente se hace fértil cuando se despoja de soberbia y toma la humildad como abecedario de entendimiento. Puede que la cooperación entre naciones resulte vital para la protección de ciertas especies, sobre todo contra su explotación excesiva mediante el comercio internacional, pero es el propio ser humano el que tiene que concienciarse de la gran riqueza estética, científica, cultural, recreativa y económica, que genera este mundo rústico, que continuamente nos viene lanzando llamamientos ante nuestros abusos. Está bien que cultivemos, es parte de nuestro proyecto existencial, pero cultivar no es derrochar y mucho menos eliminar nada. Si escucháramos mucho más a ese universo salvaje, estoy seguro que tendríamos otra pasión y también otra dedicación. Produce un inmenso dolor pensar que nuestro propio hábitat nos habla, mientras la especie humana apenas presta atención a sus lenguajes, contribuyendo a acrecentar el negocio, por ejemplo el de la subasta de marfil o cuernos de rinoceronte ilegales. Si estos productos, y tantos otros, tuviesen un origen legal y se hubieran obtenido de manera sostenible, nuestro patrimonio natural dejaría de resentirse, y todos estaríamos cuando menos más sosegados.

La humanidad, ciertamente, ha logrado avances, pero también retrocesos. Uno de las grandes regresiones es el medio ambiente y, con ello, la vida silvestre tan ahogada como acosada por un indigno desarrollo de temores, discriminaciones, explotaciones absurdas e injusticias, que hacen la propia vida irrespirable. Si importantes son las personas, también su hábitat, que pide a gritos civismo, gobernanzas eficaces, aplicación de las normas internacionales, coherencia e implicación de todos los ciudadanos. Hasta ahora, todas las voces han reclamado una agenda centrada en las personas y con conciencia planetaria que asegure el respeto de la dignidad humana, la igualdad, la ordenación del medio ambiente, economías saludables, la libertad para vivir sin miseria y sin temor y una asociación mundial renovada para el desarrollo sostenible. El discurso público está ahí, lo que falta son las acciones que han de ser contundentes, con determinación y valentía, para lograr  el objetivo de un medio ambiente digno para una existencia digna, que no deje a nadie sin respiración. Al fin y al cabo, somos tan silvestres como una amapola, lo que sucede es que algunos cruzan el campo y solo ven pétalos para sus labios. Y es que el egoísmo, aún no sabe nada más que amarse a sí mismo. Qué lejos queda el compartir.

domingo, 1 de marzo de 2015

Memorias de García de la Flor

Por: Manuel Pérez Cuadrado


Mi nombre es Manuel Pérez Cuadrado y soy natural de Sanlúcar de Barrameda, de Cádiz, la provincia española que queda más al sur de la península. Nací el día 17 de Noviembre de 1938 y en la actualidad tengo 75 años.
Desde muy pequeño sentí una atracción enorme a la cría de aves en su totalidad. Pero una de las que más me llamó la atención fue el gallo combatiente español.
PereEstuve criando estos bellos animales durante veinticinco años, junto al famoso criador y exportador de gallos don José García de la Flor.
Tanto ha sido mi curiosidad, que tanto García de la Flor como yo, tuvimos la necesidad de escribir todo lo que conocíamos sobre el gallo combatiente español.

Puestos en ello, comenzamos la labor, puesto que teníamos datos históricos a los que se añadían nuestros conocimientos personales basados en la crianza, riña y exportación durante muchos años. De modo que al ser tan escasos los libros y publicaciones que trataban sobre este particular, decidimos hacer este precioso libro.
El libro se lo mostré al escritor don Manuel Barbadillo y a don Eduardo Domínguez Lobato, los cuales vieron algo muy interesante de la historia y del conocimiento impresos en esta obra. Por ello, el señor Barbadillo, escritor de profesión, me hizo el honor de escribir el prólogo del libro.
Don José García de la Flor tuvo un lamentable accidente de avión en Colombia, que le costó la vida, dejando la obra inconclusa. De modo que yo la seguí escribiendo, terminándola hace más de 30 años. Y viendo la gran necesidad de conocimientos en nuestra afición, lo que deseo es que esta obra tan apreciada por mí, salga a la luz e ilumine en lo posible el valor de este noble animal llamado gallo combatiente

Los nudos de la existencia

Por: Víctor Corcoba Herrero




No es suficiente con vivir, se debe también amar.
No es suficiente con caminar, se ha de también querer.
No es suficiente con ser, uno ha de estar con otros.
Tampoco será suficiente morir, sin haber vivido.
Que la vida es trascender en lo eterno y recuperar la luz.

Nada es necesario en este mundo,  únicamente el amor.
Nos creemos ser más de lo que somos porque somos nada.
Pensamos en llegar a la cima y no alcanzamos el sol.
Maduramos tarde y fructificamos en lo efímero.
Como si la valía se encontrase en unir y en reunir  lo fugaz.

Si una vida trabajada es una existencia vivenciada;
de igual modo, una vida perezosa es una muerte ganada.
Para crecerse de ideas, hay que creerse alma y recrearse.
Mejor hacer algo para sentirse alguien por sí mismo.
Porque nadie puede caminar por otro, ni vivir por ti.

Somos insustituibles y tan únicos como irrepetibles.
Cualquiera es lo que quiera ser con tal de cultivarlo.
Quizás mañana pueda ser demasiado tarde.
Sabed que no hacer el bien es atesorar el mal.
Y que por un mal corazón, hasta el aire deja de ser aire.

Sin aire los mismos sueños se duermen y se olvidan.
Todo se destruye hasta la misma presencia de Dios.
Nada respira y la existencia se vacía en el vacío.
Necesitamos al Creador para que nos asista
y nos recuerde que somos parte de sí, su eterno poema.

Él nos vive y nos redime cada noche y cada día.
Es lo más evidente y a la vez lo más profundo.
Es lo más misterioso y la vez lo más místico.
Es lo más de lo más puro, entre lo visible y lo invisible.
No temo a Dios por ser Dios, temo al hombre por ser hombre.