domingo, 26 de abril de 2015

Por: Víctor Corcoba Herrero




Nadie me negará que vivimos con la falsedad en cada esquina, como si fuésemos descendientes de la mentira, y en lugar de ser hijos de la luz, parece que somos hijos de las tinieblas. La mundanidad nos acorrala, pues nos hemos abandonado al relativismo y al escepticismo, y nada es lo que parece. Ciertamente, cada día nos cuesta entender más algunas actitudes de nuestros propios líderes y no acabamos de comprender sus hipocresías. En ocasiones, andamos tan perdidos que nos cuesta discernir lo auténtico de lo simulado. Por eso, tenemos la ética obligación, como especie pensante, de interrogarnos en la autenticidad de lo que aspiramos a ser. En este sentido el cardenal J. H. Newman, gran defensor de los derechos del discernimiento, afirmaba con entusiasmo, que la conciencia tiene unos derechos porque también tiene unos deberes. Indudablemente, el bien jurídico protegido ha de ser siempre la persona humana, el bien humano, el que hoy tan en duda prevalece.

            A todos nos conviene reflexionar. Más allá de las palabras se precisa, con urgencia, ejercicios de honestidad. Es fundamental invertir en la ciudadanía, no para entregarles limosnas, sino para avivar el deseo de hallarse. De ahí la importancia de que la igualdad de oportunidades cohabite en todos los países, sobre todo a la hora de mejorar la educación desde edades muy tempranas. Indudablemente, la  enseñanza es clave para avanzar y promover la conciencia crítica, sustentada en el derecho a la verdad como licito compromiso tanto individual como colectivo, pues hasta el mismo estado de derecho precisa de personas formadas. Además, hemos de acrecentar las comisiones internacionales de investigación y las misiones de constatación de los hechos, así como las comisiones para la reconciliación, antes de que nos amortaje este clima de desengaños. Sea como fuere, tenemos una necesidad  inherente a saber la verdad de todo cuanto acontece. Sólo así podremos retornar a la realidad del vocablo exacto, que es nuestra propia historia de vida.

            No se puede silenciar lo que nos afecta  a la humanidad en su conjunto. Todo lo contrario, hemos venido para compartir ideas y conocimientos,  para conjugar sueños y realidades a través de la poética de la dicción, para crecer en el irrepetible verbo de cohabitar unidos. Precisamente, durante este mes de abril y coincidiendo con el Día mundial del libro y del derecho de autor (día 23), cuando los libros salen por las plazas del mundo para reencontrarse con los lectores, se me ocurre escribir este artículo de retornos a la creatividad y de regresos a la inspiración del entendimiento entre culturas diversas. La historia del libro, como la historia de los lenguajes, se hace festiva y se alumbran actividades culturales por doquier rincón del planeta. Esta es la mejor noticia. Sin duda, necesitamos digerir todos los abecedarios e injertarnos de sabiduría para no ser engañados por una aparente verdad que nos venden en cualquier plaza del mundo. Abramos los oídos y los ojos a esta multiculturalidad.

            Las palabras son muchas y variadas, pero la verdad es única y ninguna civilización puede llegar a extinguirla. Entre tinieblas también resplandece la certeza. La ciudadanía, por tanto, a la hora de demandar una mayor igualdad, ha de comprometerse con la dignidad del ser humano, puesto que somos algo más que un mero material biológico. Nuestros actos no pueden desconocer esa verdad que nos dignifica como seres humanos. Hoy, por desgracia, no triunfa la verdadera palabra; la fuerza del poder económico es la que nos maneja a su antojo. Tampoco se reconoce la trascendencia de ese espíritu creativo que todos llevamos consigo. Preferimos no ser libres, pero tener dominio, potestad, mando, superioridad. Nos han despojado de la referencia moral, de la verdad última, y entonces las convicciones humanas se han vuelto simplistas, sin fondo, sin belleza para entusiasmarnos.

            Por desgracia, vivimos en la apariencia y no en la verdad interior, en esa veracidad que emana del auténtico verbo conjugado en todos los tiempos  y para todas las edades y entornos. Para desdicha nuestra, tenemos que reconocer que, en lugar de ser personas de palabra, nos hemos convertido en seres de rapiña. Esta es la cuestión. Cuando la verdad no es, realmente nadie respeta a nadie, y todo es confusión e incertidumbre. Las puñaladas sociales se convierten en un diario, obstaculizando el desarrollo y violando los derechos humanos, mientras el pasotismo lo justifica todo y la indiferencia nos gobierna.

            En todo el mundo, el pernicioso paisaje de la farsa ha tomado posiciones ventajosas. Nos mentiríamos a nosotros mismos si dijésemos lo inverso.  La falta de coherencia, entre lo que se predica y lo que se hace, está devastando  personas, comunidades y naciones. Quizás a lo mejor no tenemos que decir tantas cosas. Puede que sea más saludable menos propagandas y más retornos a uno mismo, a la palabra interior, al silencio del corazón y a la soledad del alma. Estoy convencido que ahí radica la voz de la verdad. Por consiguiente, a mi juicio de valor, hemos de huir de esos predicadores que difaman, que se mueven por el camino del embuste. No aspiran a otra cosa más que a meternos por los ojos sus propuestas perversas para desgastarnos como familia. Únicamente cuando hayamos llegado a la evidencia del guión que brota de nuestro espíritu, y que debe cultivarse con nuestra práctica en la vida, sólo entonces hallaremos la paz y el gozo que tanto vociferamos. Con gran tristeza vemos, a menudo, serpentear audazmente el disfraz que todo lo envenena de vicio, ridiculizando las bondades  y burlando las virtudes. Es hora de decir basta, y en lugar de dinero o fama, pedir que no se oculte la verdad aunque nos duela.

            Lo más horrendo es vivir en la mentira, en la necedad de la ficción, en la estupidez de tantas contiendas inútiles. Naturalmente a la verdad se llega por muchos caminos, tantos como lenguajes y culturas; unos lo hacen a través del arte, otros a través de la ciencia, en definitiva mediante la búsqueda. De este modo la razón del conocimiento de la verdad se coloca en el centro de la indagación. Quien camina comprende que el camino es experiencia de verdad más allá de las palabras. Al fin y al cabo, sólo se inventa la mentira. Por ende, si la conciencia es el volumen más auténtico que llevamos consigo, pensemos que la palabra es lo más bello que se ha creado, y como tal ha de ser nuestro salvavidas. Por eso, podríamos ahorrarnos algunas expresiones, como la palabra progreso mientras haya pobres que no tienen pan que llevarse a los labios. Sin embargo, sí que tienen sentido los mensajes cuando nos obligan, cuando son el espejo de la acción. Bienvenidas sean estas misiones.

            En virtud de la palabra, pues, superémonos. Nada hay imposible para una voluntad recia, sabiendo que la verdad no está de parte de quién grite más, sino de quién ame más el verbo y lo vuelva verso. Yo mismo llegué a la poesía por los silabarios del silencio. Ahora comprendo lo importante que es conservar los ojos de niño para seguir viviendo en el poema. Desde luego, la más sublime verdad no se sueña, coexiste en cualquier expresión de belleza. Dicho queda.

sábado, 25 de abril de 2015

La escombrera del Carril

Por: José Antonio Córdoba


Será, queridos vecinos, que uno ama a la piedra como el elemento perenne a nuestra corta existencia en esta vida.
Será, queridos vecinos, al carecer de techo donde guarecerse, que uno opina como a continuación lo hago.
Será, queridos vecinos, por lo que me hierve la sangre al ver la “puta” ignorancia que reina, en aquellos, que deberían de velar por la riqueza patrimonial de nuestra villa.
Será, queridos vecinos, por lo que hoy acaece en la Casa del Carril que me niegue en rotundo a conceder en mis escritos, la categoría de pueblo o ciudad, a nuestra Sanlúcar “siempre desde mi criterio personal”.
Será, queridos amigos, que me molesta en sobre manera, ver como nuestros “politicuchos” traicionan reiteradamente el PATRIMONIO HISTÓRICO que tenemos como villa.
¿Quién no recuerda a la que fuera alcaldesa de Sanlúcar, en cadena humana por la Casa Arizón?; ¿Quién no recuerda el expolio de cierta placa?; ¿Quién no recuerda el expolio de nuestros yacimientos arqueológicos?; ¿Quién los recuerda?
Sorprende saber los expolios que se suceden sobre el Patrimonio Monumental, Social y Cultural de nuestra villa.
Hoy acompaña a estas letras, una imagen de lo que vengo comentando, la CASA DEL CARRIL,  por lo que es un elemento local más, que se suma a la lista interminable de expolios. Vean el significando de EXPOLIAR, en la R.A.E.
He tenido la oportunidad de visitar distintos lugares de nuestra geografía, y siempre busco esos pequeños matices en torno a la piedra o el ladrillo. Y me asusta comprobar como el afán destructor solo es superado por el de construir sin sentido, por esa agonía de especulación urbanística que ha dejado inmuebles abandonados o cerrados a doquier.
Hemos destruido nuestro legado para permitir establecer una huella futurista sin valor histórico y menos aún, cultural. Ante nosotros se levantan un sin sentido de edificaciones que nada dicen de nuestra huella en la historia.
Queda patente que la falta de valores que nuestros hijos están asimilando está fomentada por estos que veladamente permiten dichos “crímenes urbanísticos”
¿Dónde quedan hoy esas “mesas de camilla” por la Circunnavegación?, ¿qué hacen para velar en defensa de la riqueza de nuestro patrimonio, de nuestra cultura? Dirán que eso no le compete, que solo están para inaugurar azulejos, y quizás, solo quizás tengan razón. Pero a este paso llegaremos al 2019, enseñando en azulejos lo que hasta hace poco era físico en el espacio urbanístico de nuestra villa, y que desaparece, como lo hace la casa del carril, en favor de un contratista, de un particular con cartera abultada o de un político con el ego más grande que su cartera.
Pero, como hoy es prueba, la casa del Carril, su historia, su hueco en nuestro Patrimonio, solo es digno de verse convertida en una escombrera…

Los humanos en ralación consigo mismo y el planeta

Por: Víctor Corcoba Herrero




Considero fundamental que los humanos reflexionemos sobre nuestra relación con el astro que nos alienta, nos nutre y nos sustenta. Tan importante como el aire que inhalamos es el agua que bebemos y la tierra en la que crecen los alimentos con los que nos saciamos. A  veces lo damos por sentado que nos lo merecemos todo; y, apenas nos damos cuenta, de que a medida que crecemos también disminuye el consumo de recursos, por lo que se hace necesaria una transformación mundial de actitudes y prácticas.

            En este sentido, es una buena noticia que la Comisión Europea haya puesto en marcha un debate científico sobre cómo alimentar al planeta. Por cierto, la discusión está vinculada al tema de la Exposición Universal de este año (Expo Milano 2015), activando de este modo un auténtico debate político sobre la seguridad alimentaria mundial y la sostenibilidad. Desde luego, hemos de pensar en la manera de mejorar la salud pública a través de la nutrición, quizás aumentando la seguridad y calidad de los alimentos en un mundo globalizado, además de reducir la pérdida de víveres y los residuos. Por consiguiente, pienso que deberíamos concienciarnos toda la especie humana mucho más sobre este asunto público global (alimentación, nutrición y medio ambiente), y máxime cuando las naciones están más estrechamente vinculadas entre sí que nunca.

            Efectivamente, cuando falta la solidaridad en un país se resiente todo el planetario. Téngase en cuenta que el derecho a una alimentación saludable es una cuestión de dignidad, no de limosna. Considérese también la prioridad del ser humano sobre cualquier mercadería o especulación. Asimismo, tenemos la necesidad de cuidar y proteger a la madre naturaleza, aunque sólo fuera por propio interés, para que ella no responda con la destrucción. Precisamente, en este mes de abril, que celebramos el Día Internacional de la Madre Tierra (el 22), deberíamos fijarnos como objetivo cuidar de nuestro único hogar. Sea como fuere, a mi juicio, necesitamos una mayor eficiencia de las ciudades y una mejor gestión y protección de nuestros campos, y poner las energías alternativas como oportunidad para defender la naturaleza.

            Hoy, cuando el hambre es completamente evitable, hemos de reconocer que, sin embargo, la cara de la desesperanza se acrecienta. Es un vivir sin vivir. A veces yo mismo me pregunto: ¿Qué nos sucede para mostrar tantas desilusiones?. Por desgracia, multitud de vidas están atrapadas en la más horrenda miseria y viven en condiciones inhumanas, muchas veces son víctimas del asedio al que les someten los grupos armados en conflicto, y en otras ocasiones son mártires de la escandalosa deshumanización de la propia especie humana. Indudablemente, la Unión Europea es un actor crucial de cambio, por una parte es el mayor exportador mundial de alimentos y el segundo mayor importador, además del mayor donante de ayuda humanitaria.

            Sin duda, tenemos que humanizarnos, querernos mucho más, amarnos sin límite. Nadie debería verse obligado a abandonar su tierra, ni su propio hábitat cultural, por la falta de los medios esenciales de subsistencia. Evidentemente nuestra mentalidad tiene que cambiar. No podemos vivir encerrados en nosotros mismos, con una actitud de pasividad, de indiferencia, cualquiera de nosotros podíamos vernos indefensos. De ahí la importancia de avivar primero la cultura del encuentro, de la concordia entre nosotros, para luego dar otros pasos que nos reanimen como sociedad verdaderamente humana, desterrando de nuestros horizontes la lógica de lucro y la ganancia con el ser humano.

            De entrada, sabemos que la investigación y el desarrollo rural es una de las herramientas más eficaces para aumentar sustancialmente la producción agrícola de una manera sostenible. En el área de la salud y seguridad de los alimentos, hemos de establecer los más altos estándares de seguridad alimentaria en el mundo mediante una evaluación de riesgos. Como la nutrición es un factor determinante de la salud, la promoción de dietas sanas han de ser nuestro inmediato objetivo. Bajo estos signos esperanzadores, únicamente nos queda retornar a una actitud de admiración, de contemplación armónica del ser humano consigo mismo y con el planeta, de escucha a la creación y de audiencia con nuestros semejantes. ¡Impliquémonos!.

lunes, 20 de abril de 2015

Nuestro común horizonte ha de ser vivido unidos

Por: Vïctor Corcoba Herrero



Vivimos en la era del cambio. Cada momento tiene su pulso, pero también su pausa; sobre todo, para renovarse. El panorama actual no es nuevo, pero si distinto. No es desconocida la letra. Necesitamos crecer, más interiormente que exteriormente; vivir respetando y respetándose asimismo; y, en todo caso, alentando a convivir si no queremos morir en el desconsuelo y en la desilusión. En cambio su espíritu, sí que es diferente, somos diversos y esto es inevitable, aunque hemos de compartir valores comunes. De ahí la necesidad de diálogos sinceros, de compromisos de colaboración y cooperación, para poder afrontar con unidad y unión los problemas y, de este modo, transmitir esperanza. La reciente cumbre de las Américas, donde por primera vez en más de cincuenta años, un presidente de Estados Unidos y otro de Cuba hablan cara a cara en una reunión, ha de propiciarse mucho más por todo el orbe. Necesitamos entendernos por poder cohabitar. Estoy convencido de que sólo una especie que se comprende, que se afana en vivir para su linaje independientemente de su cultura, se perpetuará. Nuestra respuesta a quiénes somos y por qué vivimos, está precisamente en esa vida donada a nuestros semejantes.

                Por otra parte, tenemos que lograr el bienestar para toda la especie sin el sacrificio de nadie.  Ningún ser humano puede ser excluido de los bienes básicos, ni de los servicios públicos. Nos merecemos, únicamente por haber nacido, la dignidad de persona, con lo que ello conlleva de deberes, pero también de derechos. No es ético que los pobres subsistan de las migajas que caen de la mesa de los pudientes. Tampoco es ético que la ciudadanía, según el lugar de nacimiento, tenga más o menos acceso a la educación, a la salud, o a la misma seguridad.  La forma de conseguir esa estética ciudadana, donde todos ayudemos a todos,  requiere de más autenticidad ante todo con las prácticas democráticas, los derechos humanos y el empoderamiento de la mujer. En muchos países aún las mujeres se sienten súbditas, ciudadanas de segunda clase, con poca voz y muchas obligaciones. Por eso, es vital proseguir con esa revuelta condescendiente con los más débiles, ofreciéndoles posibilidades de desarrollo. Unas veces por nuestra propia negligencia o dejadez, otras veces por la falta de cooperación entre los Estados, lo cierto es que hay muchos seres humanos sin posibilidad de hacer valer sus derechos, recluidos en la resignación, y sin posibilidad alguna de dejar este mundo que les utiliza y margina.

                Por desgracia, la mentalidad contemporánea parece oponerse a esta unión y a esta unidad del género humano. El clan de los dominadores no deja espacio para una alianza verdaderamente justa, porque es cuantioso el fingimiento y el egoísmo que tenemos injertado en vena, impidiendo que podamos romper la barrera de la frialdad que suele gobernar hoy el mundo. Nos hemos vuelto tan insensibles que nada nos conmueve. Predicamos mucho, pero hacemos nada por los que nada tienen. Siempre es lo mismo. La palabra fácil, la acción imposible. Hablamos de un futuro brillante y sostenible, de un mañana próspero, con equidad, en el que nadie quede rezagado, pero lo cierto es que cada día la desigualdad se acrecienta y los buenos propósitos se olvidan. Ciertamente, es nuestro deber e interés común fortalecer los lazos que nos unen a la luz de los diversos desafíos comunes, tales como el terrorismo o la misma migración. El éxito de seguir avanzando, y no retrocediendo, va a depender del grado de seriedad que la ciudadanía tome con los principios de la cooperación internacional. El mundo en el que vivimos hoy en día es un mundo cargado de vicios y corrupción, del que tenemos que huir, creando un futuro compartido, que promueva un más equitativo crecimiento para que favorezca la armonía entre sus moradores más allá de las pluralidades culturales.

                Por consiguiente, considero vital romper con tantas barreras excluyentes. No podemos, ni tampoco debemos transigir, que la desunión o la desventaja impere por el mundo. Quedarnos cómodamente cruzados de brazos es lo que hemos de evitar en todo momento. Indudablemente, se pueden cambiar muchas cosas para mejorar el común horizonte de la especie humana. Cada país, cada pueblo, se enfrenta a circunstancias específicas, pero en su acervo, a todos ha de movernos a mejorar la manera de trabajar juntos. Sí los países adoptan políticas sociales, eso beneficiará a sus poblaciones, pero también contribuirá a reducir el número de migrantes. Lo mismo sucede con los países que adoptan políticas benignas para el clima, eso beneficiará a sus ciudadanos principalmente, pero por igual contribuirá a reducir las emisiones mundiales. Son por estas razones que necesitamos políticas que no marginen, sino que incluyan, máxime en un planeta cada día más interconectado, donde todo, para bien o para mal, nos  afecta.

                Es hora de que la especie humana despierte del letargo y salga del mundo de los horrores hacia otros espacios menos sangrientos y más de convivencia. El panorama en cierta manera es desolador. Mientras unos caminan vacíos de amor, otros andan vacíos de bien. A todos nos consta que no hay nada más antinatural que la maldad, pero ahí está, con su aluvión de atrocidades y crímenes. Justo para que triunfe esta atmósfera diabólica, sólo es preciso que los buenos no hagan nada por remediarlo. Por ello, deberíamos pensar en fortalecer la reconciliación de los humanos y, esto es posible, gracias a la conversión de nuestros propios corazones. Nuestros interiores no pueden seguir endureciéndose. Tenemos que escucharnos más. Los gritos ciudadanos a veces no los oímos. Estamos petrificados en multitud de cosas y lo verdaderamente importante no lo captamos. Deberíamos, pues,  reflexionar mucho más sobre esos seres humanos atormentados, y así, poder rescatarnos del malvado espíritu de ideas materialistas, hacia otro hábitat más despejado, donde la armonía entre tranquilidad y actividad, forme parte del fondo espiritual de las nuevas generaciones.

                En suma, que si nuestro común horizonte ha de ser vivir unidos, lo que requiere gratuidad en un mundo donde todo se compra y se vende, ha de empezarse por un sustento moralista, cuando menos para despojarnos de tristeza, de amargura, de pesimismo. Este desprendimiento no es fácil. Es más bello recoger, cosechar, ser acogido. ¡No tengamos miedo de aproximarnos, de tender la mano!. La vida es para todos. Aunque el primer paso ha de ser siempre hacia los marginados, también debemos ir a las fronteras del pensamiento, para entablar un diálogo razonable y conjunto, teniendo en cuenta que la discordia siempre nos debilita y que la unión nos refuerza. Basta con que un ser humano odie a otro para que el odio se extienda por toda la humanidad entera. Deberíamos pensar en esto. No olvidemos que respiramos todos el mismo aire y que todos somos mortales. No entiendo la desunión, si al final todos vivimos y morimos en este pequeño planeta. Sorprenderse y extrañarse, pienso que es comenzar a convivir. El gran instrumento es el lenguaje, que adquiere mayor entusiasmo, cuando las cosas se hacen con amor y con voluntad de cambio para mejor. O sea, para el bien colectivo de toda la humanidad.

sábado, 18 de abril de 2015

El logro de un mundo más equitativo

Por: Víctor Corcoba Herrero




Me parece una buena noticia que la Comunidad Internacional continúe examinando su Agenda para el Desarrollo después de 2015 y que, en relación a ello, profundice en la mejor manera de integrar la prevención del delito y la justicia penal, máxime cuando vivimos en un mundo cada vez más inseguro, más desigual e injusto. En ocasiones, es tan fuerte la tensión que se respira en el ambiente, que resulta complicado hasta reencontrarse armónicamente uno consigo mismo. Hoy más que nunca nos hace falta trabajar  para que haya condiciones de vida dignas para todos. Por desgracia, multitud de seres humanos se encuentran acorralados por todo tipo de miserias humanas. Son muchos los que no tienen asegurado ni su propia subsistencia. Cuando se trabaja con la cultura de la exclusión, en lugar de propiciar un cultivo de acogida, todo se torna ilícito. Por otra parte, el estado de derecho y la justicia suelen brillar por su ausencia, lo que suele propiciar un incremento en la delincuencia  organizada, cuestión que impide hasta poder desarrollarnos humanamente.

            Trabajar juntos por un mundo más equitativo exige la ayuda recíproca entre los países. De igual modo, el creciente fenómeno  de la movilidad humana nos reclama otras actitudes más fraternas. Por esto, la primera y más importante labor se realiza desde cada ser humano. Desde luego, tenemos que fijar unos comportamientos de mayor compromiso, que favorezca la autonomía de la persona, frente a otros modelos que anulan al individuo, ignorando hasta su propia autoestima. Por tanto, es hora de que la ciudadanía se apiñe, se deje adoctrinar menos,  de manera que nadie se considere extraño o indiferente a la suerte de otro miembro de la familia humana. Indudablemente, tenemos que activar muchas más relaciones de avenencia, donde el único lenguaje sea el de la paz. Vivimos unos tiempos de mucha criminalidad. De tal manera, nos cuesta entender que, en apenas tres meses, hayan sido detenidas una treintena de personas en España por su supuesta relación con el terrorismo yihadista. En este sentido, todos los pueblos del mundo han de comprender, de una vez por todas, que el camino del terror es totalmente destructivo.

            Únicamente unidos podemos construir un mundo más equitativo y gozar de los derechos humanos. Lo sabemos, pero qué difícil resulta ponerlo en práctica. Sin duda, con una contribución conjunta y generosa de todos y de cada uno, estaremos más tranquilos. Estoy convencido de que ese bienestar, en su globalidad, no existe porque no ponemos empeño en que sea así, lo que nos debilita como ciudadanía pensante. Es otra de las grandes asignaturas pendientes. El día que verdaderamente, la sociedad mundial, promueva en verdad un desarrollo inclusivo con equidad, habremos conseguido cimentarnos como especie. Hoy por hoy el mundo está enfermo. Mientras unos lo acaparan todo, otros nada tienen. No hay sentido social, ni deber de hospitalidad, puesto que los valores espirituales los hemos aparcado, o nos los han hecho aparcar, aquellos dominadores sin escrúpulos.

            Ahora bien, sólo desde las exigencias de la justicia social se puede avanzar hacia otro mundo menos dictatorial económicamente. Esta es la gran cuestión. Se trata de restablecer en cualquier lugar del mundo una cierta igualdad de oportunidades para sus moradores. El pasado ha sido marcado demasiado frecuentemente por relaciones de intereses y de fuerza entre naciones. También el presente está siendo marcado por un cierto caos, germinado en parte desde las mismas instituciones lideradas a veces por gentes corruptas, lo que nos dificulta salir de los atolladeros de tantas crisis. No hay referentes claros ni referencias morales. El futuro, que es lo único que nos pertenece a todos por igual, tiene que llevarnos hacia un mundo equitativo, en el que la ciudadanía sea verdaderamente la artífice de su destino. Al fin y al cabo, tenemos que ser constructores, y no destructores, de nuestro propio desarrollo. En consecuencia, todos estamos llamados a asumir responsabilidades para lograr ese mundo mejor. Algunos creerán utópicos tales sueños, pero como diría el poeta español Antonio Machado, "tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: el despertar". Toca, pues, renacer a la estética y extinguirse a cualquier sistema productivo como el actual, que nos mercadea a su antojo e interés, dilapidándonos como si fuésemos un mero objeto aborregado de consumo.

martes, 14 de abril de 2015

“Víctor Mora utiliza el centro de Congresos con fines electoralistas”



Carmen Álvarez.- Es deleznable ver como PSOE y Ciudadanos usan los espacios y recursos públicos para su clientelismo político. Hace unos días, en la televisión pública Costa Noroeste, veía un espacio que daba cuenta de la celebración del Día de la Mujer en el que el equipo de gobierno de PSOE y CIS había invitado a casi todas las asociaciones de mujeres de Sanlúcar para una merienda con dulces y cafés en el Centro de Congresos de Sanlúcar. Además, sin bochorno alguno, asistieron como invitados todos los integrantes de la lista electoral socialista, seguramente con el fin de darse a conocer entre las bienintencionadas mujeres que asistieron a lo que creyeron un acto neutral desde el punto de vista político, pero que luego comprobaron cómo se convertía, por obra y gracia del alcalde sustituto, en el primer mitin de su campaña, celebrado en un recinto, por cierto, que, por mucho que presuma el Equipo de gobierno del PSOE y CIS, se ha hecho con dinero del PROFEA con un presupuesto de más de 1.6 millones de euros que sólo se ha utilizado desde su inauguración en octubre de 2013 en 5 ocasiones escasas.
Para un Centro de Congresos que apenas se usa, si hay dinero, pero hace poco, el PSOE de Víctor Mora y el CIS de Juan Marín, ahora C's de Elena Sumariva, rechazaron la moción de urgencia presentada por IU Sanlúcar, referente a la creación de un comedor social de gestión directa municipal y no desde la beneficencia y de un Banco de Alimentos, así como destinar un partida presupuestaria específica para que se garantizase que todos los vecinos tengan cubiertas sus necesidades básicas de alimentación y que desde el Ayuntamiento se garantizara que ninguna familia vea restringido su acceso a los suministros de energía y agua necesarios para el sustento vital por incapacidad de pago o por cualquier otra circunstancia surgida. Lamentablemente, las colas de personas en las puertas de las organizaciones sociales dedicadas a facilitar los productos básicos de primera necesidad siguen creciendo en Sanlúcar ante la indiferencia de este Equipo de Gobierno de PSOE y CIS.
Las obras de rehabilitación del Mercado de Abastos, arreglo del Quinto Centenario, Calle Puerto, Rotonda del Botánico, Acondicionamiento del espacio público de El Almendral, Carretera central de la Colonia Monte Algaida, Calle Trasbolsa...etc. Se han podido hacer con dinero del PROFEA. El PROFEA es una partida presupuestaria que viene desde la Administración General del Estado cuya finalidad es contratar a desempleados agrícolas en proyectos de interés social y general, conservación y mantenimiento del medio rural, forestal, patrimonial y medioambiental, así como proyectos para mejorar las infraestructuras urbanas de los pueblos. El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), organismo dependiente del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, es quien abona el coste total de la mano de obra y costes salariales de los proyectos que presentan los municipios. Por su parte, la Junta de Andalucía (con un 75%) y Diputación de Cádiz (el 25% restante) se encargan de subvencionar los gastos de materiales.
Hace poco tiempo, mediante acuerdo por unanimidad de todos los grupos políticos, el Pleno Municipal, instaba al equipo de Gobierno PSOE-CIS a que se dirigieran a todas las administraciones públicas para que se pongan ya los recursos necesarios a fin de poner operativo cuanto antes el centro de Alzheimer de Pino Alto, que lleva ya demasiados años en obras y que podría ponerse en marcha. Los enfermos de esta terrible enfermedad y sus familiares necesitan desde hace tiempo una atención adecuada en un centro como el que está prácticamente terminado a expensas de una última inversión.
Hasta la fecha, nada se sabe de la gestión encomendada al respecto por el Pleno Municipal al equipo de gobierno PSOE-CIS. Al parecer están mucho más ocupados y preocupados en su campaña y en usar los recursos municipales para continuar con su clientelismo político. Es decir, mientras no tiene tiempo para conseguir los fondos necesarios para poner operativo definitivamente el nuevo centro de Alzheimer de Pino Alto, si hay tiempo en promocionar la instalación de un mega-monumento  a la entrada de Sanlúcar a la Virgen del Rocío por parte del alcalde Víctor Mora y si hay tiempo para darse una ruta por todos los colegios de la ciudad pidiendo a los niños que colaboren económicamente para la construcción de una nueva residencia de ancianos privada, como está haciendo Elena Sumariva, en un ejemplo paradigmático de defensa de los valores de equilibrio, esfuerzo y sentido común. Obviando que hay una residencia de mayores pública que tiene plazas libres y en donde trabajadores y usuarios han denunciados toda clase de deficiencias en el servicio que se presta.
En definitiva, los sanluqueños no pueden esperar del PSOE y C´S, de Víctor Mora y Juan Marín o Elena Sumariva, sigan utilizando de forma partidista y clientelar los recursos municipales y dedicarse a los asuntos accesorios dilapidando los recursos propios y exógenos en proyectos de dudosa rentabilidad para la ciudad, mientras que los verdaderos asuntos de interés general que necesitan una verdadera gestión se olvidan, aparcan o responsabilizan a otros de no poderse llevar a cabo.

Carmen Álvarez Marín
Militante de IU Sanlúcar
 Nº4 lista de IU Sanlúcar para las municipales de 2015

domingo, 12 de abril de 2015

Propiciemos la gran cumbre de las verdades (Por nuestra culpa hoy alguien ha llorado en el mundo)

Por: Víctor Corcoba Herrero




Me gustaría que se avivara la gran cumbre de las verdades entre tantas reuniones de hipocresía. Únicamente desde una realidad exacta podemos hablar de reconciliación. Indudablemente, para conciliar relaciones tiene que darse un clima de armonía, un diálogo verdadero para confrontar posiciones, un respeto por toda vida y, sobre todo, la disposición permanente de la mano tendida para evitar las divisiones. Necesitamos más que persuadir, hermanarnos, sentirnos parte los unos de los otros, y para ello, lo primordial es despojarnos de intereses mezquinos. La solidaridad tiene también que tomar un lenguaje más auténtico. Somos cómplices de tantas miserias, de tantas opresiones, que cuesta poner orden en un hábitat de falsedades. Ya está bien de dejarnos gobernar por la mentira. Tenemos que preservar la verdad como lenguaje para sentirnos libres. Dejemos las apariencias a un lado y, aunque sólo sea por una vez, propiciemos encuentros que no eclipsen a ningún ser humano. Todos nos merecemos la misma consideración, idéntica dignidad, poder ser oídos y escuchados más allá de este materialismo dialéctico que nos aprisiona.

            En medio de este mundo confuso, adoctrinado por los poderes y adherido a su servilismo, hace falta que otras voces nos despierten. Remitiendo una mirada al mundo actual, fácilmente se descubre un lenguaje de ficción que nos deja sin verbo. El desprecio por el ser humano es tan descarado, que no encontramos justificación alguna. Por eso, es de admirar a los sembradores de lo auténtico, que saben comprender y serenar con sus nítidos abecedarios lo qué debemos hacer. En ocasiones, no es fácil discernir el bien del mal en un ambiente iluminado por el rostro de la doblez. A diario tenemos cumbres, realmente no cesan las reuniones al más alto nivel; sin embargo, pienso que nos falta dar respuestas de amor a tanto desconsuelo. Es una obligación moral que hemos perdido. O nos la hemos quitado de encima. En efecto, igual que gobernando el planeta hemos conformado un espacio de vida, a través de la voluntad y el raciocinio, así realizando actos moralmente, afectivos y efectivos humanamente, consolidaremos espacios mucho más habitables. Pero lejos de toda fingimiento, hemos de retornar a la veracidad como horizonte a desarrollar, antes de que la especie humana quede sin continuidad en el linaje.

            Por desgracia, vivimos al arbitrio de lo ilusorio, lo que genera un clima de violencias permanente. La ciudadanía como tal, cada ser humano por sí mismo, tiene la llave del cambio. Sólo hace falta preservar la transmisión y la conservación de toda existencia, cultivar el bien y practicar la donación, contemplar la belleza y recrearse con la verdad. No es fácil en el contexto de la cultura actual, prevalentemente endiosada, expuesta continuamente a lo mediocre y a ignorar la dimensión espiritual del corazón humano, y  a  su vocación por lo trascendente. Por consiguiente, es la hora de la acción, no de la observación, tampoco de la espera, frente a una aguda crisis humanitaria que se ha globalizado. Sin duda, nuestra gran foto para la historia humana sería esa cumbre por el encuentro con la verdad, en el que nadie quedase excluido, y sólo así pudiese resplandecer la humanidad, percibiendo de este modo su significado de fraternización y acogida. Tenemos que rescatarnos de tantas opiniones subjetivas, de tantos adoctrinamientos sin sentido,  apreciando el valor por la vida humana de cualquier cultura, raza o religión.

            No se puede relativizar lo verdadero para la construcción de una genuina sociedad armonizada a un desarrollo humano integral. A medida que acortamos las distancias hay que reforzar los sistemas que velan por el diálogo y la concordia. Lo mismo pasa con la globalización de los suministros de alimentos, resulta cada vez más evidente la necesidad de reforzar los sistemas que velan por la inocuidad de los alimentos en todos los países, como bien indica la Organización Mundial de la Salud, aprovechando la celebración de su Día Mundial (7 de abril). En igual medida, hemos de concebirnos como familia, y para ello hemos de reeducarnos con menos fronteras y más unidad, con más integración y menos desunión, con más interdependencia y menos soberbia. La globalización es la característica que identifica nuestra época, de ahí la necesidad de favorecer  ese intercambio de conocimientos, con el único horizonte de la verdad como bandera. Nos hace falta, puesto que según un reciente informe sobre el desarrollo humano, esta mal entendida globalización únicamente ha beneficiado a una quinta parte de la población mundial, excluyendo la parte restante. Así no se puede continuar gobernando un planeta que es de todos y de nadie en particular.
           
            En consecuencia, en esa gran cumbre de verdades han de estar otros pensamientos, otras conciencias más solidarias, otro espíritu de menos mercado y más corazón, otras finanzas al servicio de la persona humana y de su bien colectivo. Para huir de todos estas inhumanidades que nos acorralan, evidentemente hemos de superar la pasividad e implicarnos en nuevos foros para despertar las conciencias. No podemos permanecer indiferentes ante el aluvión de injusticias que nos tragamos, o de mentiras que nos venden los mismos gobiernos de turno. Tienen que dolernos los sufrimientos de nuestros semejantes. Podíamos ser cualquiera de nosotros. El mar, la mar, se ha convertido en vía de muerte para muchos; pero es que la tierra, sí la tierra, también se ha convertido en una nube de desengaños, que son espinas para cualquier corazón humano.      

            A estas alturas, considero, que necesitamos escucharnos más, sólo así podremos cambiar estas actitudes egoístas. En lugar de servir queremos ser poderosos, dominadores, aunque para ello activemos una cadena de espinas que es una cadena de muerte para todos. Andamos tan desorientados que cualquiera nos engaña. Hemos hipotecado tantas vidas humanas que necesitamos liberarnos de las manos engañosas de los traficantes con urgencia. Ha llegado el momento de encarcelarlos, sí con la compasión debida, pero hay que frenarlos, no se pueden aprovechar de la pobreza para hacer su propio negocio, su fuente de lucro tiene que dejar de existir. Con la penuria de algunos no se mercadea. La especie humana tiene que revelarse mal que nos pese.

            Precisamente, en la literatura española hay una comedia de Lope de Vega que narra cómo los habitantes de la ciudad de Fuente Ovejuna matan al Gobernador porque es un tirano, y lo hacen de tal manera que no se sepa quién ha realizado la ejecución. Y cuando el juez del rey pregunta: “¿Quién ha matado al Gobernador?”, todos responden: “Fuente Ovejuna, Señor”. Todos y ninguno. Ciertamente, hoy nadie se siente responsable de nadie. Se ha impuesto la cultura de Pilato, la de lavarse las manos. Pues no, hay una responsabilidad que debe fraternizarnos, de la que todos somos coparticipes en mayor o en menor medida, ante esta siembra de incongruencias y mentiras, que ha de movilizarnos. Por tanto, con coraje hemos de desterrar estos dramas nacidos del embuste, y ver que si alguien llora, tiene que ser auxiliado. Muera la indiferencia y germine el  entusiasmo del amor, para que la especie se embellezca por el vínculo del amar sin condiciones, ni condicionantes. La VERDAD al poder y el AMOR como divisa. Sólo eso.

sábado, 11 de abril de 2015

Creo en la transformación del ser

Por: Víctor Corcoba Herrero




Somos la palabra, pero también seremos el silencio.
Somos la sombra, pero también seremos la luz.
Somos nada, pero también retornaremos a ser todo.
Aquél que vino para renacernos, también regresará.
Antes hemos de custodiarnos en el amor y amar.
Que quien ama, ilumina su propia historia de vida.
Recordémoslo siempre, antes del fin vendrá Dios.

Esa transfiguración del yo volverá a ser manantial.
Manantial glorioso de armonía injertada por el verso.
La invisible poesía de un alma rescatada, redimida.
Nos hemos alimentado el cuerpo, ¿pero el espíritu?
Nos hemos alentado para vivir, ¿mas hemos vivido?
Nos hemos querido, ¿pero nos hemos dejado querer?
La necedad nos ha enrejado y sonrojado por dentro.

Liberados de este cuerpo corrupto, todo será paraíso.
Atrás quedará esta vida terrena, tormentosa y cruel.  
Volveremos a estar vivos como Jesús lo está ahora.
Reaparecemos como Él, con Él y por medio de Él.
Nos restituirá al poema perfecto, al soplo de la paz.
Apiñados como una piña no hará falta más camino.
El gozo de sentirse alma y no cuerpo es nuestro destino.

viernes, 10 de abril de 2015

El mundo necesita abrir las vías de la justicia

Por: Víctor Corcoba Herrero




Siempre hay un motivo de acción de gracias, aunque sólo sea por vivir y dejar constancia. Asimismo, constantemente cohabita la necesidad de intimar con nosotros mismos. Al fin y al cabo, somos un abecedario de sensaciones e interrogantes. La exploración es innata con el ser humano. Vivimos entre la creencia y la increencia, entre la contradicción y la búsqueda, entre la mística del gran sacrificio del Calvario y la victoria de la Resurrección del Crucificado, entre el ser y el no ser, entre el instante preciso y la preciosa eternidad. En cualquier caso, el mundo necesita con urgencia abrir las vías de la justicia; y , para ello, sus moradores han de ponerse al servicio incondicional de unos y otros, sin que nadie quede excluido ni como vencido ni como vencedor. La cuestión es fraternizarse para renacerse.

            Tantas veces hemos fracasado en conciliar la ecuanimidad con la autonomía de la persona, que en el planeta se acrecientan las mayores desigualdades. Muchas naciones viven hoy en día la peor crisis humanitaria de nuestro tiempo. El peso de la desesperación que sufren vidas humanas es tan cruel e inhumano que debiera hacernos reflexionar. Tenemos que comprender a nuestros semejantes, a que el ser humano es lo único importante, y que no se deben establecer fronteras, ni tampoco frentes, entre ciudadanías.  

            Donde no hay solidaridad no puede haber justicia. Hemos llegado a unos extremos de ingratitud sin precedentes. Deberíamos dejarnos cautivar por el sosiego para crecer en pensamiento. Ha llegado el momento de respetar las conciencias de cada uno y de activar las energías suficientes para procurar el bien colectivo. Solamente el esfuerzo armónico de todos puede disipar este aluvión de horrores que nos sorprenden en cualquier esquina del orbe. En este sentido, el Cristo que camina durante estos días por las calles del mundo es todo un referente, puesto que nos dio ejemplo con su vida. En ese Crucificado se puede aprender el ejercicio sublime de este amor y de esta efusión de gozos; porque es algo que nace desde dentro, sin necesidad de maquillaje. Nos ha traspasado el alma tanto dolor; pero al fin, la luz del Resucitado nos trasporta hacia un horizonte de esperanza y consuelo.

            No hay mayor alivio que practicar entre sí la amistad como un auténtico hermano penitente, y máxime, cuando soportamos un mundo de injusticias que nos desbordan. Cada uno de nosotros sólo será justo en la medida en que cultive la verdad, en que viva donándose, reconciliándose consigo y con todos, en que haga lo que le dicte su conciencia, despojado de doctrinas mundanas, poniéndonos decididamente en acción, bajo el impulso del intelecto y al servicio del amor. Amar es lo que nos distingue y nos hace prodigiosos. Es lo más hermoso a descubrir. No lo olvide.

            Encandilados a esa pasión por el deseo de amar, nos haremos más fácilmente cargo de este aluvión de inmoralidades sembradas. Y así, repararemos el verdadero sentido de adhesión y de la confluencia fraterna, abriéndonos de este modo a la solidaridad, e incluso nuestra propia muerte se convertirá en una puerta de esperanza. O al menos de luz. La coherencia, de solo predicar aquello que se practica, nos traslada cuando menos a un espacio real de ilusión. Todos necesitamos, en algún momento de nuestra existencia, alguna ayuda. Lo fundamental es socorrer, madurar y crecer feliz, por muy adversas que nos parezcan las circunstancias.

            Dejémonos que la fuerza del amor encarrile nuestras vidas. A propósito, decía San Agustín, que "quien toma bienes de los pobres es un asesino de la caridad y que quien a ellos ayuda, es un virtuoso de la justicia". Buen recordatorio para un tiempo repleto de hipocresías. Sí ese Cristo, en procesión por el mundo es nuestro modelo, instemos por medio de Él, la paz para el mundo entero. Pero, claro, esa concordia alberga en su interior la construcción de una sociedad equitativa. El ser humano armonizado con su mismo linaje, siente esa llamada de auxilio como algo natural, y no ve en su misma especie a un contrincante o un enemigo. Esta es la gran asignatura pendiente. Volvernos familia para todos gozar de igual e invisible dignidad. Teniendo presente todo esto, es fácil entender que la fraternidad no requiere de justicia, porque ella misma es un acto justo, y, por consiguiente, un cauce para la paz, sustentado por el amor de amar AMOR.

lunes, 6 de abril de 2015

Los que entienden la política como un sustento economico

Fernando Cabral

Me bajaré el sueldo a la mitad cuando sea alcaldesa” y “Mientras que yo sea alcaldesa de Sanlúcar no se derribara ninguna vivienda a un trabajador”, fueron dos promesas lapidarias, que muy poco después de tomar posesión como alcaldesa, Irene García, se comprobó que no estaba dispuesta a cumplir. Ya que no se bajó el sueldo a la mitad, argumentando toda clase de patéticas excusas y su incomprensible inhibición en el asunto, facilitó el primer derribo de una vivienda a un trabajador en nuestra ciudad. Luego con su acostumbrada demagogia pretendió justificar lo que no tuvo ninguna justificación. En los mentideros políticos de la ciudad se sigue diciendo que aquel asunto pareció todo menos el cumplimiento de una sentencia judicial por una infracción urbanística, ya que la por aquel entonces primera edil de la ciudad tuvo oportunidad de paralizar el derribo y no lo hizo.
Víctor Mora, para no ser menos que su antecesora, se subió de 40.000 a 50.000 euros el sueldo en cuanto tomó posesión del cargo de alcalde sustituto, y también permitió que se le derribara la vivienda a un trabajador en la Colonia Monte Algaida. Su subida de sueldo, la pretendió justificar, insultando a la inteligencia de los sanluqueños, diciendo todo lo contrario, es decir, que se lo había bajado. El derribo de la vivienda lo arregló, cediéndole al afectado el uso de la vivienda del conserje del colegio de la Jara, presuntamente saltándose toda la extensa lista de espera de demandantes de viviendas sociales de la ciudad. Hay que recordar que previamente a este derribo se habían producido decenas de ocupaciones de viviendas vacías de propiedad de bancos en distintas zonas de la ciudad.Además, después de anunciar la creación de un comedor social, dice sin sonrojo alguno, que no se crea dicho comedor porque no ha encontrado subvención y sin embargo no escatima esfuerzos para conseguir la financiación para un monumento a la Virgen del Rocío en la rotonda del El Palmar.
"Me voy corriendo que tengo temas municipales",hay que regenerar la política”, “hay que democratizar las instituciones” y "hay que situar al ciudadano en el centro de la política", han sido las frases más repetidas en la pasada campaña electoral andaluza por Juan Marín, quien se postula, si le deja Albert Rivera, como vicepresidente de la Junta de Andalucía. Mientras que en nuestra ciudad desde el gobierno local impide que se investiguen las irregularidades en su gestión en el Ayuntamiento, presta favores por obra u omisión a la multinacional Aqualia en contra de los intereses de los ciudadanos, elimina todos los órganos de participación ciudadana, originando un impensable retroceso democrático en el consistorio, privatiza todo lo privatizable, etc.
El autodenominado “gestor de espacios comerciales” puso todos los obstáculos posibles para que no se consiguiera la concesión del Centro Comercial Abierto promovido por APYSAN, beneficiando al centro comercial “Las Dunas”, hasta el punto de que en el acto protocolario de concesión no estuvo presente. Demostrando que eso de "poner a las pequeñas y medianas empresas y a los autónomos en el eje de la creación de empleo" es una de sus absolutas mentiras.
El autocalificado “apasionado del deporte” ha subido todas las tasas en los complejos deportivos municipales, ha privatizado la gestión de la piscina municipal y ha dejado sin empleo a 29 trabajadores del patronato municipal de deportes, que han emprendido acciones legales en el juzgado por la opaca gestión de la bolsa de empleo en dicho patronato.
El que se dice “comprometido con valores y principios” aún no se ha dignado a explicar lo ocurrido con el presunto fraude de las Escuelas de Verano, que IU ha llevado a los juzgados. Tampoco su compañera de partido, Elena Sumariva, ha explicado cómo es posible que se contratara a la empresa del funcionario de empleo, Francisco Collado, algo que ella debería saber que es incompatible, y una vez descubierto el tema, pretendió justificar diciendo aquello de la incompatibilidad sobrevenida desconocida por las partes. A lo mejor en esos momentos estaba defendiendo los valores de equilibrio, esfuerzo y sentido común de C's, faltaría más.
El que afirma hacer una apuesta por "una democratización de los partidos para ponerle freno a cualquier tipo de corrupción política", sin embargo,sitúa a su concuñado como coordinador provincial de C´S en Cádiz y el secretario general provincial de C's, Manuel Erdozain (AI-Pro) está imputado por presuntos contratos temporales a familiares suyos en el Consistorio de Arcos de la Frontera, en donde gobierna con el PP. No sé de qué me suenan estas formas.
Todos estos son buenos ejemplos de quienes entienden la política, no como un ejercicio de servicio a los demás, sino más bien como la manera de procurarse un sustento económico que de otra forma ni podrían soñar obtener. Ni vendiendo coches usados, ni despachando hamburguesas, ni vendiendo relojes en estos tiempos de crisis podrían obtener tales emolumentos. Por eso engañarán, mentirán y harán todo lo posible para poder seguir viviendo de esto, que en sus manos nada tiene que ver con un verdadero espíritu de servicio público entregado a los demás.

sábado, 4 de abril de 2015

El amarse unos a otros es un deber

Por: VÍctor Corcoba Herrero




Entre todos hemos construido tantas dictaduras que precisamos, con urgencia, construir puentes de entendimiento, puesto que está en peligro la convivencia entre culturas diversas. El ser humano se ha empobrecido interiormente, cuestión que afecta sobre todo a los países considerados más ricos, y camina a la deriva de unos intereses mundanos que desesperan a cualquiera. Tenemos que salir de esa miseria y ver la manera de intensificar el diálogo como genuino hermanamiento. En esta tarea es fundamental el papel de los líderes, de las creencias, de los activistas de la cultura, no sólo para hacernos ver más allá de nuestras torpezas, sino también para construir lazos verdaderos de amistad, de modo que cada uno pueda hallar en el otro a un ser dispuesto a tender una mano por su semejante.

            Estoy convencido de que el primer deber humano es ayudarse unos a otros; y, de este modo, ayudándonos, injertaremos el bien en nuestras vidas. Las cosas que salen del corazón son así, no tienen explicación, pero nos hacen felices. Obviamente, en la felicidad de los demás, hallamos nuestros propios gozos. Para ello, tenemos que ser más compasivos. Si en verdad fuésemos más espirituales, conoceríamos mejor nuestras habitaciones interiores y tendríamos más clemencia con nuestro propio linaje. Lo decía Albert Camus: "¡Quién necesita piedad, sino aquellos que no tienen compasión de nadie!". Efectivamente, hemos de retornar al amor, y, consecuentemente, por amor todo se perdona, y además todo se salva.

            Sí para los creyentes, la cruz de Jesús es la palabra con la que el Creador ha respondido al mal del mundo; también para los que no tengan creencia alguna, la verdadera generosidad interior es un deber que obliga a querernos y a encontrar una respuesta de unidad que, al fin y al cabo, es razón de subsistencia. Necesitamos sostenernos unos a otros, resplandecer como especie, respetarnos y reconciliarnos, sabiendo que un gesto puede herir más profundamente que una espada, o puede curar mejor que cualquier medicina. No tiene sentido encerrarnos en nosotros mismos, en nuestra propia amargura de fracasos, hemos de salir al encuentro con más amor que armas, con más comprensión que intransigencia, con más coraje que miedo.

            Evidentemente a la placidez se llega por la senda de la humildad y de la entrega de sí. Dejémonos que la fuerza del amor transforme nuestras vidas, y así encontraremos el camino de la concordia. ¡Cuánta sangre derramada se produce a diario por el mundo!. Para que cesen los conflictos sangrientos sólo hace falta comprometerse, cada uno consigo mismo, para que madure un renovado espíritu de apaciguamiento. Para Gandhi, "no hay camino para la paz, la paz es el camino", y , ciertamente, ese clima armónico comienza con algo tan fácil como verter una sonrisa, dar un abrazo, o simplemente con trenzar un lenguaje que consuele.

            El deber de auxilio, pues, en un mundo  herido por el egoísmo que amenaza la vida humana, es tan preciso como urgente. A diario nos desgarran hechos violentos que nos dejan sin palabras. También la misma explotación perversa de los recursos naturales nos desborda. ¡Cuánto sembrador de dolor!. Por desgracia, este desorden, que tantas veces contradice hasta el mismo orden del universo, ha hecho de la sociedad, una manada de irresponsables, que en vez de sentirse estimulados por activar el bien de los demás, únicamente impulsa un progreso inhumano, nada respetuoso con el derecho a la existencia y a un decoroso nivel de vida.

            Naturalmente, una sociedad bien ordenada y fecunda humanamente requiere de gobiernos que cultiven los valores humanos a través de las instituciones, dignificando a todo ciudadano provenga de donde provenga. Al respecto, Naciones Unidas apuesta por este año 2015, advirtiendo que es  "una oportunidad histórica y sin precedentes para unir a los países con las personas del planeta, para decidir y emprender nuevas vías hacia el futuro, y así mejorar la vida de las personas en todo el orbe. Estas decisiones determinarán el curso de las medidas destinadas a erradicar la pobreza, promover la prosperidad y el bienestar para todos, proteger el medio ambiente y hacer frente al cambio climático a nivel mundial". Confiemos en que así sea, desterrando de nosotros el miedo, la avaricia, la envidia, el odio y el orgullo.

            Quizás el deber más olvidado que tengamos en nuestras agendas del alma sea, precisamente, el deber de asistencia, de servicio permanente hacia todo ser humano. A veces esperamos mucho de los demás, pero nosotros apenas hacemos nada por ellos. En este sentido, afirmaba Concepción Arenal, que "no es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa". La falta de coherencia está a la orden del día. Sabemos que es deber aquello que exigimos a los demás, sin embargo olvidamos en ocasiones nuestro grado de exigencia. Pero, ¿por qué esta indiferencia en una generación del pensamiento? Realmente cuesta entender que prosigamos en nuestra fría altanería, y que no estemos abiertos al autentico vocablo de hermano. Seguimos sumidos en nuestro narcisismo. Me importo yo, solamente yo y los míos, y poco más. Exactamente todo lo contrario a esa actitud de gratuidad que nos debemos unos a otros. Parece como si tuviéramos narcotizado el corazón y nada nos afectara. Nos hemos acostumbrado a tantas situaciones de degradación humana que resulta complicado reaccionar ante la realidad de este mal de la dejadez que siempre nos desafía. 

            Por eso, pienso que hay que romper el vinculo con esas personas que se han adueñado de nuestra propia vida como si fuese suya, para utilizarla según su interés, sus ideologías, a su antojo y servicio. Indudablemente, ante esta desastrosa situación la reeducación se impone. Menos contenidos, más obras, que aviven los valores de la ciudadanía. El momento que vivimos, un período histórico muy particular, exige una actitud fraterna entre los seres humanos. Los avances técnicos nos han ofrecido posibilidades inauditas de interacción entre los moradores. Ahora bien, la globalización de estas relaciones sólo será positiva y hará crecer el mundo en humanidad si se basa, no en el materialismo, sino en la donación hacia nuestro semejante, que es la única realidad capaz de colmar el corazón de cada uno y de fraternización.

            El individuo que se olvida de su estirpe se queda sin historia y sin esperanza y es incapaz de amar a su análogo. En consecuencia, entiendo que es vital priorizar al ser humano, con lo que eso conlleva de crecimiento y maduración de la humanidad. Por desdicha, todavía no hemos aprendido a leer nuestra propia historia personal, a tomar conciencia de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. Despojémonos de hipocresías e interroguémonos: ¿Estoy verdaderamente dispuesto a servir a la ciudadanía o pretendo vivir de la ciudadanía?. El primero de nuestros deberes, sin duda, es poner en claro cuál es nuestro idea de servicio. En cualquier caso, jamás eludamos nuestro compromiso de respetar tanto los derechos de los demás, como el deber de mantener los propios.