domingo, 30 de noviembre de 2014

El pequeño Nicolas, un tio grande

Editorial 132



Resuena en estos días, entre los numerosos y ya habituales casos de corrupción, el escandalo producido por el joven conocido por el pequeño Nicolás, una estafa y usurpación de identidad, por la cuál, después de ser juzgado, tendrá seguramente una condena.
De todos modos, es posible que después de ver la entrevista y analizar el asunto, muchos hayamos dejado de creer en la versión de este joven, sería absurdo otra consideración; por lo cuál la explicación del estado mental de este usurpador de identidades es la explicación de todo, me explico, que construyó una mentira hasta que el mismo acabo creyéndosela y mezclándola con lo que era realidad.
Esa es la explicación más verosímil, pero esto me plantea otras dudas que me causan angustia, si esta es la explicación ¿Cómo consiguió engañar a tantos y tantos de nuestros gobernantes y representantes sociales, personas de carreras y prestigio? ¡Porque estaba en todos los saraos! La respuesta a esta pregunta es, si el pequeño Nicolás no dice la verdad, que estos son mas lelos que este. Y, dicho sea de paso, esto nos ha de preocupar.
Porque si un chaval poco lúcido se ha llevado varios años fingiendo ocupar un puesto de responsabilidad en varios estamentos del estado, siendo menor de edad (recordemos que ha sido detenido al cumplir los dieciocho años) y los responsables de las instituciones se lo han tragado es que, además de la corrupción, la memez, debería ser noticia en los medios de información.
¿Nadie reparo en el detalle de la juventud de este joven? ¿O es que venía recomendado y por eso nadie lo cuestionó? Sea cuál sea la razón, el tal Nicolás, no es tan pequeño, es un tío grande, que si engaño a tantos de estos elementos, debería ser fichado para ocupar un puesto de responsabilidad en nuestras instituciones. ¡Si, quizás sea un corrupto, pero por lo menos es un tío inteligente!

Apesta demasiado la política

Por. Manuel Pérez Cuadrado "El Pere"




En los últimos años, en este país la corrupción ha ido creciendo de manera gigantesca quizás debido a la impunidad que esto conlleva. Y de lo que sale a la luz es solo un poco de lo que nos enteraremos alguna vez. Tendríamos que investigar pueblo por pueblo, de manera lenta y pausada y veremos como “salen como alúas de hormigueros en otoño a bandadas, después de las lluvias”.
Explico: cuando llueve y al día siguiente sale el sol, las alúas que están dentro de los hormigueros salen como locas volando a bandadas. Pues bien, cuando se investiguen a todos los pueblos de España, uno a uno, sin importar el color político, entonces veremos la cantidad de corruptos que existen en nuestro país. No son todos, pero bastantes, y a estos hay que expulsarlos, y que nunca jamás vuelvan a tener cargos públicos.
El país esta envuelto en un problema “de cojones” , y por supuesto, la justicia ha de actuar como está mandado, y castigar a estos corruptos indeseables que están robando al pueblo español y nos están engañando continuamente. Cuando veamos a estos ser condenados, y que devuelven los dineros robados al país, creeremos en la democracia pura y viva, que es lo que estamos deseando todos.
Cada persona es lo que es, y los corruptos han visto un puesto en la política para cometer estos robos y enriquecerse. Por ello, la persona de corazón y sentimientos y valor humano sufren al ver estos acontecimientos. En la política, sin importar las siglas, hay que demostrar honradez y servicio al pueblo. Pero lo que vemos es el enriquecimiento mediante el enchufismo, compras de votos, para acabar cogiendo el sillón y tenernos sometidos a lo que ellos quieren. Afortunadamente todo esto desaparecerá, estamos en el momento oportuno para echar a estos rateros que nos roban a todos nosotros.
Arriba la justicia y que aplique con todas sus energías los castigos merecedores a todos los corruptos de cada pueblo y de cada organismo existente en nuestro país.

La adición a los sobornos se ha mundializado

Por: Víctor Corcoba Herrero




Hay un espíritu mundano que nos está llevando al caos para desgracia de la propia especie. La epidemia de sobornos se ha incrustado fuertemente en la sociedad. Precisamente, la degradación humana es tan general que nos estamos convirtiendo en verdaderos siervos de poderes corruptos. La atmósfera sucia de la corrupción nos ha desnudado de valores innatos, de capacidad para poder discernir, de actitudes coherentes con nuestra conciencia. Tenemos que salir de esta nefasta adicción a los excesos y volver a tomar la rectitud y la honradez como baluarte de vida. No podemos seguir bajo el yugo de una gobernanza injusta, que malgasta o dilapida los recursos públicos.  Asumo que es imprescindible retomar el referente de la honestidad para poder asegurar la subsistencia ciudadana. La adhesión a salir de estas cloacas corruptas,  de incentivos encubiertos, de ilegalidades descaradas, pienso que ha de ser universal. Ciertamente cada país, entiendo, que debe de establecer gobernanzas transparentes en todas las instituciones, pero también se ha de reeducar a la sociedad para que este clima de atrocidades sea rechazado por el propio ser humano, y prevalezca de este modo la incondicional entrega de servicio ciudadano.

                La adicción a los sobornos va a seguir creciendo en la medida en que no se regenere la mundanidad para que todos los humanos ganen el pan de cada día con dignidad. De un primer soborno, casi sin importancia, se pasa a otro mayor como si fuera realmente una droga, y así sucesivamente, hasta que se normaliza esta conducta perversa, y nos acostumbramos a ella, aunque sea la causante de alimentar la desigualdad como jamás y la injusticia. Sería bueno valorar mucho más los comportamientos éticos. La ética molesta, quizás porque condena esta tremenda manipulación permanente a la que estamos sometidos los ciudadanos, degradándonos como persona. Algo distinto a lo que propician los mercados, los poderes financieros,  que han hecho de la ética una ideología para su interés y el de los suyos. Olvidan que el ser humano necesita realizarse por sí mismo sin ningún tipo de esclavitud. Dejan de lado a los pobres y a las personas más vulnerables; y los dejan sin educación, sanidad y sin otros servicios esenciales, importándoles nada el tema de la marginalidad. Es fundamental nuestra actuación, la de cada uno de nosotros. Todos tenemos la responsabilidad de ponernos manos a la obra para salir de esta atmósfera aditiva, a la que no le importa la exclusión para nada.

                Por tanto, está bien que proliferen las oficinas de ética, como es el caso de la de Naciones Unidas, dispuesta a promover el acato a rendir cuentas, la integridad y la transparencia en el marco de una normativa muy explícita, protegiendo de represalias al personal que denuncie este tipo de comportamientos corruptos, cuando menos sacándolos a la luz. Naturalmente, los valores y principios éticos de las Naciones Unidas han de servirnos como una guía fidedigna y como base para adoptar una postura de desenganche ante la multiplicidad de adicciones a los sobornos. En cualquier caso, creo que todos los países deberían promover una adecuada formación sobre la ética gubernamental, los valores y la sana administración de los recursos públicos. Sería la mejor prevención. Mejor prevenir que tener después que curar este huracán de solidaridad interesada que hace del mundo un hábitat irrespirable, hasta el punto que mientras las ganancias de unos pocos van creciendo exponencialmente, las de la mayoría de los ciudadanos disminuyen.

                Los resultados a esta tremenda adicción de sobornos, extorsión u cualquier otra forma corrupta, hace que la humanidad esté viviendo en estos momentos un declive humanístico, o si quieren, un desconsuelo bien patente. El miedo y la desesperación de muchos ciudadanos va en aumento, mal que nos pese la alegría de vivir también se va apagando, y la falta de respeto y violencia se acrecienta por doquier rincón. Hay una desolación en el ambiente debido a este clima mundano, avivado por la mezquindad interesada de los influyentes. No exagero si digo que son muchas las personas que han de luchar cada día por vivir con dignidad. El ser humano no se puede convertir en un mero objeto de consumo, que se puede desechar cuando no nos sirva. Junto a todos estos desajustes, se ha instaurado una maldita opresión incorpórea, dispuesta a imponer de manera unilateral sus reglas de juego. A todo ello hay que sumarle la multitud de evasiones fiscales egoístas, que han asumido dimensiones mundiales descaradas, que contribuyen a que este apego de despropósitos para los que menos tienen,  siempre los grandes sufridores, tenga sobre ellos un efecto devastador.

                Además, el que la adicción a los sobornos se haya mundializado lo que indica es que hace falta, no solo denunciar, también poner los mejores antídotos contra este ambiente corrupto, auténtica plaga del momento presente. No es algo insalvable. Nace de la avidez de unos pocos, o lo que es lo mismo, de la ambición de una minoría interesada sobre las expectativas de la mayoría. Por consiguiente, se puede evitar, avergonzando a quienes cultivan esta manera de obrar, al tiempo que se ha de activar una cultura que realmente cultive el comportamiento solidario desinteresado. La misma sociedad hasta ahora hemos contribuido a que cualquier autoridad se sienta poderoso, con derecho a todo, llegándose a sentir casi un dios, convirtiendo de este modo el soborno o la misma corrupción en un habitual proceder. Porque realmente,  no lo olvidemos, esta muestra de adicciones mana del orgullo, de la soberbia y altanería. Si el poder fuese en verdad mejor utilizado, sobre todo en servir incondicionalmente a los más desfavorecidos, no existiría este prototipo de conductas depravadas.

                Por eso, a mi juicio, el corrupto, cómplice de su legión de privilegiados, precisa más que de perdón, ser curado del endiosamiento. Y, posteriormente, alejado de cualquier institución de poder. Porque lo utilizará para sí y los suyos, mil veces que tuviese ocasión de hacerlo. Él mismo llega a no percibir este clima de podredumbre, viéndolo como una práctica habitual. Es la victoria de la inmoralidad frente a la honestidad, de las apariencias sobre la realidad, y del descaro indecente sobre la discreción respetable. De ahí la importancia de ayudarle a caminar hacia un proceso de interiorización que le haga reflexionar y entrar en juicio sobre el daño causado. En todo caso, sí en verdad queremos conseguir un futuro más equitativo e inclusivo para todos, la adicción a los sobornos y demás vicios o degradaciones han de ser anulados, promoviendo una cultura de servicio, de transparencia, y, en suma, de ética gobernanza.

¿Cuándo cumpliran con sus promesas?

Por: Rafael Pericache


Hace algún tiempo que no escribo articulo alguno en el independiente, y no es que no haya nada de lo que opinar sino porque no siempre se encuentran la palabras adecuadas para decir algo que se entienda y que no ofendan a algunas personas, por lo tanto voy a intentar dar alguna razones de lo que yo entiendo como hay que trabajar por algo, o para alguien, y me refiero como no a nuestros gobernantes. Es fácil prometer algo que posiblemente no sea de tu competencia el poderla ejecutar, porque se tenga que delegar en terceras personas, por lo tanto se debería de cuidar mucho lo que se promete siempre y cuando este en nuestra mano el poder o no cumplirlas.

El día 24 de mayo de 2015  tendremos elecciones municipales y de nuevo empiezan a prometernos lo que  lleva años ofreciendo a cambio del voto de los ciudadanos y creo que como siempre volverán a incumplir, recordemos, entradas a Sanlúcar por carretera de Trebujena, del puerto o de Chipiona, traslado de la depuradora, puerto deportivo en bonanza y traslado del club náutico, polígono industrial el perejil, campo de fútbol en la dehesilla, paseo marítimo hasta bonanza etc. etc. estos políticos que no necesitan la política para vivir o para comer, nunca mejor dicho, solo para enriquecerse, porque cuando llegan al poder lo primero es actualizarse los sueldos y  cuando están a su gusto empiezan los problemas, depende del partido que tome el poder nos dirán, que la junta no cumple, o que el gobierno central nos tiene olvidado,.

Por lo tanto de nuevo nos vuelven a engañar una vez mas, cada día que pasa nos defrauda un poca mas si cabe porque solo se preocupan de dar buena imagen ante los medios de comunicación y ante los ciudadanos con gestos y movimientos que mas parece una coreografía muy trabajada ante el espejo y frases muy estudiadas que se pueden adaptar para todo tipo de preguntas y por eso a veces la respuesta no dice nada solo salir del paso, lo que decía Alfonzo Guerra, preguntar lo que queráis que yo contestare lo que me de la gana. Lo primero seria que nuestros representantes públicos salieran en busca de inversión para nuestra ciudad en los distintos ministerios, al que corresponda según la obra que se quiera ejecutar y no que se dedican más en salir a los congresos de sus respectivos partidos que a los temas fundamentales de la ciudad como son las obras publicas.  Por ejemplo viviendas sociales, regeneración de nuestro litoral, la construcción de un teatro digno, la captación de industrias y que las que tenemos no se vallan a las ciudades vecinas, recuperación de nuestro patrimonio, por ejemplo covachas, iglesia de san francisco, palacio de los infantes hoy ayuntamiento, lo dicho hay que pedir, el no, lo tienes y ¿si te dice que si?, yo prefiero que me digan, ¡OTRA VEZ ESTA ESTE TIO AQUI!, a que ni siquiera me conozcan. 

Venga hombre que se os recuerde por vuestro trabajo y no por las posturitas que ponéis ante los medios.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Antianiras I

Por. Jose Antonio Córdoba



Año de 1195, cuatro años después de nuestra entrada en Acre. Como un día cualquiera, mes de septiembre, un mes algo más caluroso que en años anteriores, nos disponíamos a salir a las claras del día de patrulla, cuando un sargento se me acerca indicándome que el Senescal requiere mi presencia en su celda scriptorium. Minutos mas tarde me encontraba abriendo la puerta de la celda que el Senescal utilizaba a modo de scriptorium, una habitación cuyas paredes estaban recubiertas de estanterías que daban cabida a manuscritos, y sobre todo a cartas de navegación y mapas de los territorios conquistados en Tierra Santa, una mesa y tres sillas eran el resto de muebles que ocupaban la instancia. El Senescal leía junto a la ventana un manuscrito, y a escasos metros de la puerta un mensajero de permanecía inmóvil, ocultaba su rostro bajo la capucha del hábito blanco, y la cabeza cabizbaja, incluso ante mi presencia. Tras el saludo de rigor, a un gesto del Senescal el mensajero abandonó la sala, cerrando la puerta tras de mi.
¡Hermano, Bencomo! -dijo el Senescal- mientras se volvía hacia mi, con la misiva en la mano. Me la entregó invitándome con un gesto a que la leyera, y así lo hice. El mensaje, indicaba claramente que mis servicios y el de mis caballeros, quedaban suspendidos en Acre. Se ordenaba al Senescal nos preparase para afrontar un viaje por territorio Persa, buscando siempre el norte, nuestra misión era diplomática, aunque no exenta de un posible final nada halagüeño. En el mensaje se explicaba el porque de mi elección y la de mis caballeros para esta misión, además de indicarnos que el portador del mensaje, sería nuestro guía, y además, portaba otro mensaje que me entregaría una vez llegado el momento. Se me indicaba además la obligación de proteger a los hermanos, así como al mensajero en esta misión. Una vez concluida la misión deberíamos de alcanzar el puerto amigo más cercano y embarcar rumbo a Marsella, y desde allí a la Casa Madre de París.
¡Hermano, preparad todo para partir al atardecer!, viajaréis toda la noche con un grupo más numeroso, para salvaguardar vuestra marcha. Al amanecer, ustedes desviaran la ruta y el resto de los hermanos volverán nuevamente a Acre,-solo me quedó asentir y retirarme-
En el patio de armas, mis caballeros permanecían junto a sus monturas, esperando para salir, me acerqué hasta ellos, -caballeros, tenemos nuevas ordenes-, a veces, me preocupaba un poco la actitud de estos peculiares hermanos, pues no sabia si me ignoraban, o es que pertenecían a un plano superior al mío y podían leerme la mente, y que al hablarles les ofendía, antes de darles las órdenes parecían saberlas. Pero en fin, nuestras extrañas habilidades en el campo de batalla nos habían unido en un momento determinado de nuestras vidas como guerreros religiosos.

La mejor luz, la de los niños

Por: Víctor Corcoba Herrero




Todos llevamos un niño dentro a través de los ojos del corazón. Pienso que es bueno conservarlo, lo cual quiere decir que al menos el espíritu del entusiasmo está garantizado. En cualquier caso, creo que  necesitamos de vez en cuando volar, sentirnos con las alas de la vida vivos,  ascender  en busca de aquello que se desea, respirar la inocencia, aunque luego te quieran despertar a bofetadas. Precisamente, hace unos cuantos años,  los moradores del planeta tuvieron la feliz idea de hacer una justa proposición a todos los niños, se trataba de hacer todo lo posible para proteger y promover sus derechos a sobrevivir y prosperar, a aprender y desarrollarse, para que se hagan oír y alcancen su pleno potencial. Es por ello, que coincidiendo con la fecha de su día universal (20 de noviembre), se me ocurre reflexionar sobre el grado de cumplimiento de tales ofertas.

                El pueblo que, jamás olvida las promesas, sabe bien que una cosa es predicar y otra dar trigo. Por lo pronto, cada día mueren más de diecisiete mil niños por causas que podríamos evitar y, que también,  antiguas y nuevas dificultades se han combinado para privar a muchos pequeños de sus derechos y de los beneficios del desarrollo. Por desgracia, los datos nos indican  que la situación de muchos chavales ha empeorado. Algunos nunca llegarán a celebrar su próximo cumpleaños, nunca terminarán la escuela y nunca conseguirán sus sueños. Desde luego, los adultos se lo hemos puesto muy difícil a este mundo de la inocencia. Por mucho que se hable de progreso, tiene bien poco sentido este necio diálogo, mientras haya niños con mirada triste, bañados en sus propias lágrimas. Indudablemente, no sirve con hacer únicamente  proclamas  de que “no puede haber una tarea más noble que la de dar a todos los niños un futuro mejor”, hace falta obrar para que el compromiso de llevarlo a buen término tenga su concreción de resultados positivos.

                Los sueños y los anhelos de un mundo mejor para la infancia deben hacernos recapacitar a toda la especie, puesto que el futuro de la humanidad pende de su aliento. Ellos son el recurso más importante de futuro, la mejor esperanza. Si en verdad queremos aspirar a un orbe más equitativo y armónico, hemos de propiciar espacios para que los niños puedan vivir sin sobresaltos,  bajo el amor preciso y el precioso calor de sus progenitores,  la atención y el cuidado necesario para dar los primeros pasos en la vida y para tener una educación básica de buena calidad y, en la adolescencia, amplias oportunidades para abrir nuevos horizontes, bajo entornos favorables y seguros que los ayude a transformarse en ciudadanos comprometidos e íntegros. Así ha de ser el planeta que se merecen los niños y que los adultos tienen la obligación ineludible de implantar como ciudadanos del mundo.

                A mí me gusta decir que en una sociedad bien hermanada, son los niños y los ancianos los que han de gozar de mayor protección social, y quizás de mayores privilegios. Los niños, ciertamente, porque son el porvenir del linaje; y los ancianos, igualmente, porque son las raíces de nuestro sustento, de nuestra sabiduría, que es el cabal soporte para continuar con la estirpe. Nunca como ahora es preciso reafirmar el derecho de los niños a crecer en una familia estable, con unos progenitores capaces de activar un ambiente de hogar para su normal desarrollo y su madurez efectiva. Esto exige, al mismo tiempo, el apoyo de las instituciones de los Estados hacia el derecho de los padres a la educación en valores de sus hijos. Los errores (y los horrores) de la manipulación educativa no se pueden permitir. Hay que formar ciudadanos libres, lejos de cualquier camino dictatorial, que más que un campo de formación, se convierte en un campo de adoctrinamiento de pensamiento único. No olvidemos que los niños son la mejor luz, que obviamente tienen que ir progresando, madurando, pero respetando siempre su identidad humana y su autonomía como personas en crecimiento.