sábado, 28 de febrero de 2015

¡Adios carnaval!

Editorial Nº145

Una vez terminado el carnaval, somos muchos los vecinos que nos acabamos dando cuenta de que la celebración de esta fiesta, su cabalgata, sus disfraces, que por supuesto genera riquezas a nuestra ciudad, debería de tener unos cuidados mayores. Ya en la editorial de la pasada semana dijimos que la seguridad en carnaval debería ser mayor de lo que estamos acostumbrados. Y por supuesto se hace esto con un dispositivo de seguridad alrededor de la cabalgata, pero ¿y el resto del pueblo? ¿no deberíamos poder sentirnos seguros en nuestros hogares o si salimos de ellos por saber que una patrulla de policías vigila nuestra barriada?
Bueno, pues a todo esto le sumamos que, y conste que no culpamos a los que disfrutan de esta fiesta que probablemente piensan como yo pienso, se trata de la falta de limpieza y la suciedad que hay después de esta celebración. Cosas normales si se tiran serpentinas y confetis pero… ¿y las pintadas en las paredes?, ¿y las orinas en las puertas de vecinos? Eso es cosa de guarros, y esta fiesta son muchos de estos que salen a dar rienda suelta a sus mas bajos instintos sabiendo que tienen la excusa perfecta en que es carnaval.
En las redes sociales, se comparaba la diferencia de nuestra cabalgata con la de Chipiona, más numerosa y ordenada que la nuestra y encima, los que desfilaban en ella no iban cargados de bebidas a montones puesto que si la llevas encima es para terminar bebiéndola. Normal que después termine las puertas de los vecinos como terminan.
El Consistorio sanluqueño ha de hacer algo, ha de evitar estos excesos si no quiere que derive en algo peor, contamos con todo un año para que la delegación pertinente, la de fiestas ideen maneras de corregir estas conductas y así hacer de ello un disfrute tanto para los que lo festejen como los que no.

Armonizar siempre como lo hace la sociedad artistica ferrolana

Por: Víctor Corcoba Herrero





El día último del mes de febrero, por cierto día de Andalucía (siempre hay un gallego en cada rincón), entraré a formar parte, como miembro de honor, de la Sociedad Artística Ferrolana (SAF), fundada en el año 1970 por un grupo de entusiastas cultivadores del culto a la cultura sin otro condicionante que embellecer al mundo, y de la que formaron parte con la misma condición honorífica, escritores tan emblemáticos como Cela o el mismo Torrente Ballester. Reconozco que yo llegué de la mano de un pintor de hondos pensamientos azules, Carlos Barcon, artista pictórico que ondula abecedarios marinos como pocos en esta inmensidad de soledades y silencios.  Hace muchos años  que cultivamos una amistad verdadera, más allá de las palabras, con la sensación de habernos conocido desde siempre. Posteriormente, llegaron otros como la inimitable poeta del color, Corín Diego Cervera, y tantos otros que no recuerdo, pero que están en mí, como también lo están mis raíces gallegas, la de todos mis antepasados, tanto por la línea materna como paterna.

            Estos amigos de la singular Sociedad Artística Ferrolana son el aire fresco que respiro, la añoranza que vivo y me desvive. Ellos llegan siempre en el momento oportuno. Han llegado en otro tiempo para activarme la inspiración. Ahora lo hacen de este modo, para premiar la coherencia que me ha movido siempre, como a ellos, el avivar el pensamiento, y más ahora, en este mundo tan mediocre y mundano. Ciertamente, vivimos una aglomeración de discordancias, que debemos atajar con urgencia, mediante la fórmula reconciliadora de lo armónico. Desde luego, es tan preciso como necesario, avivar mucho más el espíritu conciliador. Uno ha de reconciliarse siempre, de manera continua y permanente, hasta consigo mismo. Resulta, verdaderamente estremecedor y bello, acortar las divisiones, las distancias entre culturas, las absurdas separaciones, puesto que hasta la misma vida tiene bien poco sentido si no se comparte con nuestros semejantes el acontecer de los días y si no experimentamos un respeto natural por lo que somos y representamos cada uno por ser lo que es. ¡No nos dejemos robar el entusiasmo por la vida!. Eso jamás. Y en este sentido, esta Sociedad Artística Ferrolana (SAF) ha sido ejemplo y lo será por muchos años, porque -me consta- cuenta con el apoyo de los ciudadanos. Todos, de algún modo, se sienten protagonistas de injertar belleza al planeta. ¡Cuánta bondad y cuánta virtud!

            Ciertamente, tenemos que aprender a superar los personalismos al igual que lo hace esta Sociedad Artística Ferrolana (SAF); entendiéndonos más y auxiliándonos mejor. Sin un apoyo humanitario activo se van a perder muchas vidas que deberían cohabitar con nosotros, a nuestro lado, por inútiles carencias que habría que solventar. Estando unidos es como se puede superar cualquier tipo de conflicto. Lo sabe bien esta Sociedad Artística Ferrolana, referente de tantos sueños y referencia de buen hacer. Por consiguiente; las personas comprometidas con el arte y la cultura, tenemos que decir ¡no! a una economía excluyente; ¡no! a unos gobiernos que se sirven del ciudadano en lugar de servir; ¡no! a unas finanzas que reducen al ser humano a un mero objeto de consumo; ¡no! a un mercado divinizado y discriminatorio que ordena y manda a su antojo; ¡no! a tanta falta de equidad que lo único que genera son riadas de violencia; ¡no!, en definitiva, a este mar de egoísmos que nos deja sin aire y con un estéril pesimismo, difícil de despojarnos de él. 

            La mayor contrariedad de una especie pensante, amigos del SAF, es entrar en guerra contra sí. ¡No a la guerra entre nosotros! Las vías de diálogo deben estar siempre abiertas para no caminar solos, en fraternal concordia entre pueblos y naciones como lo hacéis vosotros. Solamente, bajo ese espíritu cooperante, será posible armonizar los intereses y ajustar armónicamente todas las divergencias, que son muchas y variadas. Realmente, llevamos un estilo de vida que margina, bajo la tapadera de una globalizada flojedad, y el empuje de un juego competitivo cruel e injusto. En ocasiones, parece que andamos anestesiados, indiferentes e incapaces de compadecernos ante los clamores de nuestra propia estirpe, desorientados y sin rumbo, predispuestos al abuso o a un mal uso de las cosas. Conviene reaccionar y reafirmar, asimismo, nuestra capacidad por fraternizar naciones, por hacer germinar una cultura menos fraudulenta, con más conciencia humanitaria de compromiso hacia los lazos comunitarios. A poco que busquemos el ángel que llevamos consigo, evitaremos la penuria de creernos los mejores y de bastarnos a nosotros mismos. A veces hemos llegado a un límite de soberbia tal que nos desconocemos y no llegamos a superar esta adversidad. La ingratitud se ha hecho tan extensiva y la necedad tan corriente, que no es fácil tomar el camino de la sensatez en un mundo de falsedades. En consecuencia, yo si quiero ser persona agradecida, y quiero dar las gracias a esta Sociedad Artística Ferrolana (SAF), por haberme enseñado a recrearme en la belleza y a sentirme persona libre.

Andalucía

Por: Manuel Pérez Cuadrado "er Pere"

Pere¡Tu día es 28 de febrero!, pero no es un día de grandeza, ni de alegría, ni de gozo, ni de nada bueno. Estamos esperando desde hace 30 años que seas lo que eres, que se demuestre lo que tienes en su grandeza, para que tus hijos los andaluces vivamos como nos merecemos.
Y digo nos merecemos porque nuestros administradores nos tienen con una juventud   con un elevadísimo índice de paro, elevado también en personas de edad adulta; con una tasa de fracaso escolar alarmante, instituciones con elevados índices de funcionarios, impuestos elevadísimos. Para colmo nos encontramos con unos ladrones que se quedan con el dinero destinado a cursos de formación y de los ERES. Y el dinero que no aparece. Tres décadas de una administración que nos ha fallado, y ya estamos hartos y cansados por tantísimos engaños y mentiras.
Los andaluces estamos esperando que se cree trabajo, pero no eso que vemos ahora por las calles, quizás con un carrito paseándolo de acá para allá, y al que le pagamos nuestro sueldo. Y según el BOE, este dinero viene del estado y no de la Junta de Andalucía. Y os diré, como tantas veces me expreso, que Andalucía mi querida tierra es por su situación geográfica, por su clima y por mucho más, la región más rica del mundo, aunque sus gobernantes la hayan hecho la más pobre.
Pero ¿Qué pasa aquí? No tenéis proyectos. Solo queréis gobernar para cobrar y cobrar. Pero durante treinta años ¿que habéis hecho? “los listillos llenándoos los bolsillos”

La gruta

Por: José Antonio Córdoba




“Dos minutos, amigo mío, dos minutos entre ponerte el café y traértelo, y tus ronquidos han despertado al buen párroco de la Iglesia Mayor…” Me había tomado el café y tras ello, salí del local, deambulando por las calles con esas palabras aun rondándome por la memoria.
Aunque el cansancio y la falta de un buen sueño, parecían hacer estragos en mi cuerpo, dudaba mucho que se hubieran apoderado de mi mente. ¡No estaba loco, ni camino de ello!
Encaminé mis pasos hacia la ribera casi al lento ritmo del atardecer, que cuando vine a reaccionar, me hallaba frente a la puerta del único bar del aquella planicie de arena limpia, depósito de cientos de años de las corrientes de este bello Betis, que roba la arenas de las montañas y las deposita a los pies de la villa de Solucar, donde marinos, corsarios y gentes de dudosa reputación bebían, hablaban y de mujeres se saciaban. La mala fama del lugar traspasaba las campiñas de la villa. Pero aun así, entré, necesitaba una copa en un lugar donde no se me recordara, además, buscaba soledad. Aunque mi presencia no pasó desapercibida, pude llegar a la barra pedir una botella de lo que se supone manzanilla y tomar asiento junto a una de las pocas mesas que por el salón había. Seguía en mis trece, no dejaba de escuchar aquellas palabras. ¡Todo parecía tan real!
Una sombra oscura se proyectaba sobre la arena, que hacía las veces de suelo en aquel antro. Un hombre corpulento, de gran estatura, destacando por encima de la clientela habitual de aquel lugar, había entrado en el local y me observaba. Una gran capa de un marrón oscuro le cubría de cuello para abajo. Sin mediar palabra  tomó asiento junto a mí. La manzanilla de aquel local era fuerte de narices, pues ¿no se me asemejaba aquel individuo a uno de aquellos marinos de siglos pasados, de aquellos que hacían las Américas? ¡Joder!
El mesonero, se apresuró a pasar un trapo sobre la tabla destartalada que hacía las veces de mesa y poner un vaso con una botella sobre la misma. Cuando el mesonero se dio la vuelta, mi acompañante cogió mi botella y mirándola al tras luz, comentó mientras me miraba aún no es tarde, amigo José Antonio y acto seguido vació el contenido sobre la arena.
Creo que los langostinos no se lo van a agradecer fue lo único que salió de mis labios.
Después dejé de ser el anfitrión, para convertirme en el invitado. El caldo de la otra botella ya era otra cosa, y lo degusté sin quitarle la vista a quien me invitaba.
Tras remojar su garganta con un primer vaso, mientras llenaba el segundo, comenzó a contarme una historia, que pronto dejó de serme fantasiosa, al ver que conocía detalles de mi sueño –ese que me había llevado hasta allí– Según mi interlocutor, alguien había roto el orden establecido. Existía un individuo con la facultad de visitar distintas épocas en el tiempo. A cada palabra suya, más expectación provocaba en mí, ¿orden establecido?, ¿visitar distintas épocas en el tiempo? Al intentar despegar mis labios para preguntar, un gesto suyo me indicó severamente que guardara silencio, y así lo hice.
Mi anfitrión continuó relatándome una historia, que se iniciaba en un época tan remota, que creo no haber escuchado que existiera. Como si pudiera verlo in situ, en mi mente se iban formando las imágenes de lo que mis oídos escuchaban. Mis ojos debieron de iluminarse, pues de pronto la voz de mi interlocutor se apagó y al volver mi mirada hacia él, una sonrisa burlona se dibujaba en su boca, a la vez que asentía con la cabeza. Aquél extraño estaba describiéndome con todo lujo de detalles, el suceso del que fui testigo –en mis sueños- frente a las Covachas, pero el prodigio vino cuando detalladamente hablaba de cómo se accedía a la gruta oculta en el interior de aquella arcada…

La prioridad educativa por propio sentido de supervivencia

Por: Víctor Corcoba Herrero




 Me parece una buena idea que, en un mundo globalizado como el actual, nos centremos mucho más en el tema educativo. Por propio sentido de supervivencia, tiene que ser nuestra prioridad como especie. Precisamente, tenemos una serie de acontecimientos que nos motivan para pensar en la ciudadanía mundial, como es el quince aniversario del Día Internacional de la Lengua Materna (21 de febrero), o el fin del plazo fijado para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, lo que ha de dar pie a definir una nueva agenda de desarrollo sostenible, cuestión que nos exige nuevos esfuerzos para construir un mundo más humano que, desde luego, debe revertir en una vida más digna para todos. Por otra parte, sabiendo que la educación que se recibe con la primera lengua, o idioma que aprende una persona, nos marca para siempre, hasta el punto que va a ser la que nos guía en todo momento como personas aptas para gobernarse a sí mismo, considero fundamental reforzar y extender su aprendizaje. Sin duda, será bueno mejorar los programas de enseñanza, pero la creación de entornos propicios contribuirá a que todas las energías se aprovechen entre tanta diversidad. Ampliar las ventanas por las cuales nos vemos en el horizonte, aparte de ser una tarea apasionante, contribuye a trascender hacia la libertad tan ansiada por todos. Por ello, agitarnos nuestra personal existencia, desde nuestro específico naciente, es una forma de culto de la voluntad que, evidentemente, contribuirá a hacernos mejores personas.

            Hoy tenemos multitud de estrategias pedagógicas para mirar hacia adelante; sin embargo, no siempre alcanza a la globalidad de este mundo plurilingüe. Al día de hoy, aún son tantas las dificultades para llegar a los más desfavorecidos segmentos de la población, que convendría invertir más en temas educativos, un derecho humano fundamental y un vector de avance esencial, que no puede dejar a nadie al margen. En un momento de crisis como el actual, la educación ha sido una de las primeras necesidades en ser recortadas o eliminadas. Además, todavía en muchas culturas no se percibe como necesaria la educación de una niña. Asimismo, en los entornos de pobreza, el acceso a una educación de calidad es casi un imposible. Son en estos ámbitos donde tenemos que intervenir, predisponiendo a las mentes que no sólo cultiven el intelecto de teóricos conocimientos, sino que también se aviven los valores humanos. Naturalmente, nuestro porvenir está en manos de los educadores. Lo maravilloso de aprender, no como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en la autenticidad del saber, es no cerrarse a nada y entusiasmarse por vivir. Cuánta tristeza causa ver a jóvenes, que vencidos por la desconfianza y la resignación, no encuentran su espacio en la vida. Se ha llegado a hablar incluso de una generación perdida. ¿Dónde está el futuro entonces? Lo peor que le puede pasar a una especie pensante como la nuestra es justo eso, que la juventud camine sin mentores, a su antojo y a su deriva.

            Ciertamente, una sociedad en vías de mundialización precisa de unos sistemas educativos asentados en la convicción de que la educación es un pilar básico para el desarrollo de la propia especie, puesto que es esencial para reducir la pobreza, mejorar la salud y los medios de subsistencia. Las nuevas generaciones ya son ciudadanos del mundo, y como tales han de ser educados, para la UNESCO, a través del uso de al menos tres lenguas, una de las cuales debe ser obligatoriamente la lengua materna o primera lengua, lo que va a facilitar, cuando menos un mundo más integrado, lo que refuerza el sentido de pertenencia, facilitando de este modo una mejor convivencia. Al fin y al cabo, somos animales sociables, con la inclinación a entendernos para poder convivir con los seres de nuestro propio linaje, a través del lenguaje, como el gran instrumento y lazo de unión entre todos. De ahí, la importancia de esa prioridad educativa, encaminada a obtener lo mejor de cada ser humano, al menos para su continuidad de supervivencia. “¿Qué otro libro se puede estudiar mejor que el de la humanidad?”, se interrogaba el inolvidable pensador indio  Mahatma Gandhi. No le faltaba razón, pues, o aprendemos unos de otros con la cortesía y el respeto preciso para una sana convivencia, o el mundo la enseña con el látigo del rey de la selva. Nunca fue fácil el aprendizaje de la concordia. Quizás sea preciso instruirse para conocernos, pero sobre todo templar el alma para reconocernos, y es desde el reconocimiento como uno sirve a los demás, sin pensar únicamente en sí mismo.

sábado, 21 de febrero de 2015

Carnaval y seguridad

Editorial Nº 144




Esta semana, nuestra ciudad vivirá unos días de fiesta en donde la alegría y el jolgorio brillaran por su presencia allá donde se vaya, son los día de Don Carnal, y como tal nuestra ciudad se engalana para las fiestas.
Es evidente que estas fiestas son cada vez más apreciadas por los sanluqueños y que, sin tener el arraigo que tiene en otras localidades vecinas, cada día son más las personas que participan de estas actividades, y del público que viene a ver la cabalgata, convirtiendo estas fiestas en otro reclamo turístico para la ciudad.
Ni que decir tiene que aquellos que son aficionados a esta, disfrutaran especialmente estos días, los que no somos tan aficionados, padeceremos el ruido, estruendo, y quizás hasta el temor por la inseguridad que nos genera una fiesta como esa. No  se yo, pero son esos días cuando uno piensa que ver una pareja de policía patrullando por tu barriada no vendría mal, y si van a pie mejor. Te  hace sentir mayor seguridad…
Desde luego que, somos conscientes de ello, el dispositivo de seguridad en estos días aumenta, pero este dispositivo va en derredor de lo que son los distintos actos carnavalescos y la propia cabalgata, cosa que es bastante normal por cierto. Probablemente, si como practica habitual existiese en nuestras fuerzas de seguridad esa patrulla de barrio, esa pareja de policías al que se les conoce como a un vecino más, la sensación de seguridad la tendríamos pero todo el año. Así, aún siendo como es carnaval, no tendríamos tanto miedo de salir de nuestras casas por temor de que nos roben en nuestra ausencia, los mismos cacos se lo pensaran dos veces por temor de que se les pillen.
En fin, que aquellos a los que les guste disfruten del carnaval y estos y los demás, de su debida seguridad.