domingo, 31 de mayo de 2015

La tristeza jamás viene de Dios

Por: Víctor Corcoba Herrero




Somos de Dios y a Dios hemos de volver.
Nos sueña tanto que se desvive por nosotros.
Es nuestro soplo, nuestra vida, vive con nosotros.
Ha de tener su recuerdo en nuestra existencia.

Precisamos de su memoria para enhebrar los pasos.
También de su morada en nuestro caminar día a día.
Necesitamos de su luz para esclarecer las sombras.
Requerimos su fuerza para no caer en el desconsuelo.
Que la tristeza no viene de Dios, viene de nosotros.

Por muchos golpes que recibamos, ¡levantémonos!
Renacerse y rehacerse va en el espíritu humano.
También es propio de un caminante, descansar.
Hemos de meditar para liberarnos de ataduras.
Al fin, una conciencia liberada, es la mejor brújula.

Cuando todos te abandonan, el Creador permanece.
Dios siempre nos mece y eso nos alcanza.
Nos basta su paz, nos sobran las palabras que no son.

Despojarse de mundo hace florecer al cielo.
Restituirse, para ser capaz de amar y de ser amados,
nos hace más perfectos, más de Dios también.

No hay mayor gloria que un corazón desprendido.
Por eso, cuando los humanos se aman por amor,
todo se embellece, ¡y Dios lo celebra con esperanza!.

Somos el gozo de Dios (1)

Por: Víctor Corcoba Herrero



Poco a poco se nos van los días con sus noches.
Poco a poco se nos van las noches con sus días.
Poco a poco nos vamos, volverán otros andarines.
Poco a poco los nuevos andarines serán viejos.
Poco a poco estos viejos dejarán a los nacientes.
Poco a poco abrimos nuestra mente, nuestra alma.

Y así nos propagamos en la poesía poco a poco.
Y así nos irradiamos en el poema poco a poco.
Y así nos crecemos para siempre poco a poco.
Y así nos recreamos en el tiempo poco a poco.
Y así, de este modo, transcendemos  y vivimos.

Despiértanos Señor y vívenos para siempre.
Ayúdanos a salir de nuestro interior y revívenos.
Bajo ese cielo donado, la eternidad es nuestra.
Solo necesitamos llorar de alegría y ver tu rostro.

viernes, 29 de mayo de 2015

Nos reencontraremos con el Creador

Por: Víctor Corcoba Herrero



A Dios se le percibe, está en permanente creación.
Y nosotros, cada uno, somos su sueño de amor.
¡Qué bello será el reencuentro con quien nos ama!

El sitio (I)

Por: José Antonio Cordoba


Por la ciudad fortificada corría un rumor, como lo hacía el viento frío de las montañas, de que se aproximaba un ejército hacia la misma y que su jefe había pronosticado que: “De las piedras de sus murallas haré polvo que dispersaré en las arenas del tiempo”
Una veintena de caballeros se aproximaban por la única entrada y salida del valle donde se ubicaba la villa fortificada. Su jefe llevaba años buscando aquella escondida fortaleza de la que generaciones y culturas diferentes hablaban como “la Ciudad de los Gigantes”, pero que nadie sabía a ciencia cierta donde se ubicaba, pero el destino quiso que ante ellos se abriera el camino angosto que llevaba hasta aquel valle en el que ahora se encontraban.
En la parte más alta del camino y ya en el interior de las montañas, la imagen era tan bella como sorprendente, algunos cientos de metros por debajo de ellos se extendía un frondoso valle, delimitado en todo su contorno por una pared inmensa formada por aquellas mismas montañas, cuya tonalidad grisácea contrastaba con las tonalidades claras y vivas del fondo del valle, donde entre bosques, se extendían zonas de cultivos con pequeñas edificaciones que debían de ser para los apeos de labranza y que daban la impresión, por el número de parcelas de cultivos que era una tierra generosa para el mismo. En un extremo del valle, opuesto a la entrada una silueta apenas visible mostraba  el destello plateado de lo que podía ser un arroyo.
Sin embargo, lo que dejó perplejos a los caballeros era las proporciones de la fortaleza que se levantaba casi en el centro mismo del valle. Desde su posición de observadores se podía ver la majestuosidad de la construcción, que aunque, sin elementos decorativos florecientes, en su misma sobriedad era bella.
Los jinetes se pusieron en marcha descendiendo por el camino que en este lado de la montaña era menos agreste. Sin embargo, el cabalgar de sus monturas delataba su presencia en todo el valle, ya que el sonido del metal de las herraduras de sus caballos retumbaba cuando estas tocaban las piedras de la que estaba formado el piso, dando la impresión de que el número de jinetes casi se hiciera de miles.
Continuaron al paso, contemplando cada detalle del paraje que se abría entorno a ellos. El camino llevaba directamente a las puertas de la fortaleza. En nada, exageraban aquellos que decían que los habitantes del castillo deberían de ser gigantes, pues las murallas rivalizaban en altura con los picos de las montañas que bordeaban el valle, era como si sus constructores pretendieran ver desde lo alto de las atalayas el otro lado de las montañas. Pero si las murallas se erguían al cielo, no menos impresionante era su puerta, que de buen seguro necesitaría alguna hora que otra en abrir o cerrarse.
Los caballeros se dividieron en tres grupos, mientras uno permanecía con su jefe frente a la puerta, uno bordeó el castillo al este y el otro al oeste. Cuando ambos grupos regresaron a la puerta solo pudieron confirmar que los otros tres lienzos de la fortaleza eran tan lisos y sobrios como este, y que no había más puerta que la que estaban contemplando.
El jefe ordenó a uno de sus caballeros que escribiera una nota y la arrojara por encima de la muralla con una flecha, pero tras varios intentos desistieron, pues la flecha no alcanzaba sobrepasar la muralla.
Aprovecharon el descampado que había a uno de los lados del castillo y allí se asentaron, puesto que la noche ya había tomado el valle.

Acción colectiva responsable

Por: Víctor Corcoba Herrero




El imperativo ético social se impone. El mundo necesita acciones conjuntas responsables. Tenemos que superar los comportamientos individuales. A mi juicio, por la misma continuidad de la especie humana, apremia superar los intereses y las actuaciones particulares. Lo cierto es que se requieren cada día, luchas más directas y eficaces, ante temas comunes como puede ser el mismo calentamiento global o las diversas amenazas de seguridad que soportamos, incluido el aumento del extremismo violento. Nuestra responsabilidad  de proteger el planeta y, por ende, la propia humanidad, ha de hacernos verdaderamente observadores de nuestros semejantes, sobre todo para iniciar y fortalecer un proceso de autenticidad que favorezca el encuentro y la convivencia.

            Ahora bien, difícilmente se puede observar nada, si luego algunos países no permiten visitas a miembros activos de asociaciones de gobierno global, dispuestos a facilitar la cooperación en temas de asuntos humanitarios y derechos humanos. Estas figuras públicas, que son vitales para la paz en el mundo y para el fomento de la acción colectiva responsable, precisan del apoyo íntegro de toda la humanidad. De lo contrario, las trágicas experiencias de anteriores siglos volverán a repetirse y la más elemental comprensión de la dignidad humana quedará en entredicho, con lo que ello supone de sufrimiento y desesperación para todos.

            Ciertamente, vivimos en la desconfianza más universal ante la multitud de muros instalados. El virus de la apatía también se ha instalado en nosotros, lo que nos impide hasta reencontrarnos con nosotros mismos. La desilusión nos puede tantas veces, que apenas avanzamos para encuadrar los intereses particulares de los pueblos en una visión coherente de familia humana y de bien colectivo. Difícilmente vamos a transformar patrones de consumo con esta mentalidad absurda y egoísta de algunos actores. Sabemos que ningún sector puede detener el cambio climático o restaurar la biodiversidad por cuenta propia, que ninguna entidad puede acabar con la pobreza o promover la equidad por sí sola; sin embargo, hacemos bien poco por actuar concertadamente.

            Insisto, es tiempo de la acción colectiva responsable, de que los diferentes gobiernos, empresas, inversionistas, educadores, científicos, y toda la ciudadanía en general, se disponga a trabajar por la equidad social y la protección ambiental, por la especie humana en definitiva habite en el lugar que habite. Es urgente, entonces, promover iniciativas globales que tengan como objetivo principal a toda la especie humana, bien sea para la educación de los hijos, bien sea para la atención de los ancianos, bien sea para activar la dignidad de todos los ciudadanos, consolidando las relaciones entre todas las generaciones, para caminar unidos en la misma dirección de reforzar el tejido humano.

            La deshumanización nos encamina a un mundo de imposible convivencia. No podemos ser tan irresponsables. Hoy más que nunca demandamos el compromiso de la acción acumulada e intergeneracional; puesto que, hasta la misma alegría de vivir frecuentemente se desvanece, la falta de consideración y la violencia crecen, la desigualdad entre unos y otros es cada vez más evidente. Hay que luchar por encontrar una luz y, a menudo, para vivir con poca dignidad. Realmente cuesta entender la pasividad con nuestra propia estirpe. ¿Cómo podemos permanecer indiferentes ante tantas muertes humanas que pueden evitarse? Esta es la cuestión que debiéramos reflexionar.

            En este sentido, un experto de Naciones Unidas acaba de señalar que, cerca de trece millones de muertes y una cuarta parte del total de las enfermedades, se deben a factores ambientales, como la contaminación del agua, el aire y la tierra. Ante este desolador panorama hay que decir ¡no! a esta forma de vivir, tomando parte activa en asegurar el valor de la vida humana, y esto no hay otra forma de conseguirlo que con la acción colectiva responsable. Multitud de seres humanos, no sólo se ven excluidos y marginados, se les condena de por vida, a una existencia sin horizonte y sin salida alguna. Ya no sólo se explota y se oprime a seres humanos, se les trata como productos sobrantes de un sistema selectivo y antihumano. Esta es la realidad de un mundo cada vez más anestesiado, adherido a un poder dominador que mata en lugar de servir. Comprenderá, pues, el lector que subraye la urgencia de establecer un final para este desconcierto mundano, o acabará estableciéndose un fin para la humanidad más pronto que tarde. Tiempo al tiempo.

lunes, 25 de mayo de 2015

Las diversidades forman parte de la vida

Por: Víctor Corcoba Herrero




Vivimos en un mundo diverso, forma parte de nuestra propia existencia y de nuestra propia razón de ser. Pero todo ha de ser uno, porque además todo es único, pero no uniforme. Cada especie tiene su identidad, cada latido también tiene su sintonía, y hasta cada ritmo tiene su pausa. Al final, todos formamos una naturaleza en un planeta vivo. Precisamente, Naciones Unidas coincidiendo con el Día Internacional de la Diversidad Biológica (22 de mayo), ha tomado como lema para este año, propiciar un desarrollo sostenible para el bienestar de los humanos. Resulta que más de tres mil millones de personas, según los datos de la citada organización internacional, dependen de la biodiversidad marina y de los litorales para subsistir y otros mil seiscientos millones están en manos de los bosques. Por consiguiente, la degradación de nuestro planeta y la pérdida de la biodiversidad, esencial para la subsistencia de sus moradores, amenazan el sustento de más mil millones de personas que viven en zonas secas y subhúmedas.

            Ciertamente, vivimos en un mundo cada día más inseguro, también por esa falta de protección a esa biodiversidad. En la mayoría de las veces, hablamos mucho pero hacemos poco. Hasta el mismo agua es escasa, y la inseguridad hídrica no cesa de aumentar.  No podemos ir contra la naturaleza, tenemos que cultivarla y retenerla, jamás descuidarla, forma parte de nosotros, aparte de sustentarnos, es nuestro hábitat, y ahí están las consecuencias de los cambios ambientales, que ya se sienten de modo dramático en muchas naciones, y que nos recuerdan la gravedad de la dejadez y de la pasividad. El tiempo para encontrar soluciones globales se está agotando. Solamente podremos hallar procedimientos adecuados si actuamos juntos y unidos. Existe, por tanto, un claro, definitivo e improrrogable imperativo ético de proceder. La lucha será más eficiente en la medida que la respuesta sea colectiva, que supere intereses y comportamientos egoístas, mediante una cultura solidaria, basada en el encuentro de esa diversidad y en el diálogo permanente con esa diversidad. Esta es la cuestión. Sin duda, es desde esta pluralidad cultural como se pueden alcanzar todas las metas.

            Indudablemente, tenemos un patrimonio común que es de todos y de nadie en particular. El día que aprendamos esta lección, la humanidad dejará de deshumanizarse. Por ello, considero, que hemos de hacer de la cultura una prioridad permanente en todas las naciones. Sólo así podremos avanzar y no destruirnos. También el 21 de este mes de mayo, conmemoramos el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Naturalmente, esta celebración debe ayudarnos a comprender el valor de esta multiplicidad  natural, sobre todo para mejorar la convivencia y establecer pautas de entendimiento ante los problemas que genera esta variedad, tan distante en ocasiones, y sin embargo, tan común en nuestras específicas existencias. La gran asignatura pendiente, en este sentido, es concienciar a toda la especie sobre la importancia de arroparse y entenderse. No cabe la exclusión. Esta diversidad nos enriquece y complementa. Deberíamos empezar por ejecutar los derechos humanos. Estoy convencido que la unión sería más fácil. Este vínculo entre la diferencia y los derechos humanos, a mi juicio, es primordial para vivir en esa unidad, y máxime para poder vivir en armonía en un mundo globalizado.

            Por desgracia, los grandes poderes destructores seguirán intentando demoler toda esta diversidad, puesto que es el símbolo de la autonomía del espíritu, de la dignidad humana y de la creatividad infinita de todo ser vivo. No tiene sentido, luego, ni las divisiones y mucho menos la uniformidad. Cada uno ha de ser como quiera ser, eso sí respetando los derechos humanos en todo momento. En consecuencia, estas voraces fieras, verdaderamente adoctrinadas contra su propia especie, deben saber que la destrucción de las culturas es un auténtico crimen contra su específico linaje. No podemos continuar bajo las directrices de esta decadencia, precisamos la estabilidad y el desarrollo; y, por ello, la cultura en su fructífera variedad, posee un valor inherente tanto para el progreso de la especie como para su cohesión armónica. No nos confundamos. Es hora de actuar, con la fuerza precisa y necesaria, no sólo para un bienestar económico, también para desarrollarnos afectivamente, conciliando posturas y reconciliando divergencias. Pienso, además, que las diferentes religiones y tradiciones espirituales pueden ayudar mucho a que este clima de identidades diversas puedan convivir y entenderse.

            En todo caso, estimo, que situar el cultivo del culto a la cultura, en el núcleo del desarrollo de la especie, sería la mejor inversión, sobre todo para mitigar el aumento devastador, causado por nuestros derroches o por el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Por nuestro bien y el de las generaciones futuras, estamos obligados a rectificar de inmediato, a comprometernos con otros modos de vida, más respetuosa con las diversas culturas y con la preciosa biodiversidad del mundo. Para mantener este equilibrio armónico  en el mundo, no sólo hay que proteger algunos espacios, puesto que todo forma una unidad, sino todo el orbe. Es por ello, que todos los gobiernos, organizaciones y personas, no pueden desfallecer, han de renovar permanentemente sus esfuerzos, para hacer del planeta un lugar más habitable y en el que todos quepamos con idéntica dignidad. Esto es fundamental para una población que cada día demanda más recursos naturales y que, a su vez, van disminuyendo.

            Precisamente, los desajustes han de hacernos reflexionar a todos, para entre todos, hallar las mejores maneras de salvaguardar la existencia desde la diversidad. Tenemos que ver el modo de obtener empleos dignos para todos. Necesitamos salir de la pobreza y vivir con dignidad. También tenemos que ver el modo de facilitar a todos los seres humanos el acceso a una energía limpia, a unos alimentos y a una nutrición saludable. Por otra parte, nos merecemos una vida decente, donde todo ser humano tenga lo imprescindible para cohabitar, incluida una educación y una sanidad universales. Junto a esto, hemos de asegurarnos que nuestros ríos, mares, océanos, y la misma tierra no se le contamina. Asimismo, tenemos que prepararnos para los desastres naturales. Las resistencia a todas estas fuerzas contrarias para que la especie perviva ha de ser contundente.

            Así pues, es hora de trabajar. En este sentido, el grupo de alto nivel sobre la sostenibilidad mundial creado por Naciones Unidas, señala que un futuro que merezca la pena es aquel basado en los costes verdaderos para la gente y el medio ambiente. Es hora que elijamos nuestro propio futuro, pero con humanidad, sabiendo de que esta diversidad nadie la puede destruir, excepto nosotros mismos. La regla de juego, efectivamente, es bien clara, la de la unidad en la propia diversidad de cada uno, pero pluralidad libre, sin poner condiciones, tan solo el cultivo real de los derechos humanos como pentagrama de abecedario armónico inherente a nuestro espíritu.

sábado, 23 de mayo de 2015

La humanidad tiene que hacerse familia

Por: Víctor Corcoba Herrero




Hoy podemos abrazarnos más fácilmente a través del mundo, pero la humanidad no se abraza, quizás porque no se comprende o no quiere soñar. Estoy convencido de que no se puede tener una familia sin penetrar en el amor y sin ahondar en los sueños. Necesitamos soñar para crecer en los sentimientos antes que la vida se nos marchite y muera con nosotros. Todo se resuelve con muchas dificultades, pero al final todo se remedia. Querer es poder. Y en la vida matrimonial hay mucho de sueño, pero también debe haber mucho de bondad y de compartir. De ahí la importancia de amar sin medida, de no perder esa capacidad de soñar por el futuro que a todos no pertenece por igual, de dejarnos convivir por la generosidad y el perdón. Y en este sentido, pienso, que tenemos que comprometernos mucho más por hacer familia desde nuestra propia familia, por muchas fuerzas contrarias que cohabiten socialmente por todo el orbe. No perdamos la libertad de hacerlo, ante una cultura que todo lo disocia y lo vende a un interés mundano. Si en verdad queremos avivar nuestra específica existencia, hemos de abrirnos a la vida, de donarnos a esa vida, lo que conlleva al propio ser humano.

            ¡Cuántos hogares sin familia!. Ciertamente, precisamos reconstruirnos como familia. Es el amor quien ha de estar presente. No me sirven otros sueños. Convendría reflexionar sobre esta unión, máxime cuando celebramos por estas fechas el Día Internacional de la Familia (15de mayo), teniendo en cuenta que aglutina a las sociedades y perpetúa a la propia especie. Precisamente, en toda familia el único sueño posible, ha de ser el de esperanzarnos ante la vida y por nuestra exclusiva vida como donantes. Necesitamos entregarnos, convivir y vivir en comunidad y, para ello, no hay otro vínculo que el del incondicional afecto. Nadie puede recibir lo que él no dona. Eso está claro. Partiendo de esto, debemos reforzar nuestro determinado hábitat, puesto que venimos de la familia y en nuestro horizonte está la familia como hogar. Tanto es así, que cuando se carece de familia, todo se va a la deriva y al desorden. No olvidemos que este mundo camina por la familia, y también ha de hacerlo con la familia. De lo contrario, se oscurece cualquier camino, se acrecientan las tensiones y las divisiones, y hasta el negocio comercial del deseo tomará posiciones ventajosas. Un deseo, que al no sustentarse en el amor, se convertirá en una alianza de intereses con final (de odio) en cualquier momento.       

            Tenemos que dejarnos engrandecernos por el amor, es nuestra propia esencia y nuestra propia naturaleza comunitaria. Por eso, deberíamos apoyar todas aquellas iniciativas que contribuyan a acercarnos entre generaciones, para establecer auténticos lazos afectivos que nos revitalicen como seres humanos, en pos de la creación de un planeta más familiar para todos. Nuestro personal linaje  nos activa a llevarlo a cabo. No tiene humanidad ninguna, pues, que estemos en una guerra de contiendas entre géneros. Cualquier acto de violencia, que se produzca en el seno de la familia, daña enormemente la estructura misma de la sociedad. De ahí, la necesidad de poner orden reeducando a las nuevas generaciones, a la vez que reiterar el convencimiento de que la familia es una unidad colectiva natural y, como tal, ha de gozar de protección por parte de las instituciones de gobierno. Nada hay más incoherente con nuestra razón de ser, que una familia disgregada, incapaz de fiarse de los suyos, sin pedagogía alguna, desmembrada de su propia vocación de entrega, tanto de sus ascendientes como de sus descendientes.  El reflejo de lo que vivimos nos deja sin palabras en tantas ocasiones, que creo debemos adentrarnos más en nuestras raíces más profundas. La misma cultura actual no soporta esta mística de donación total, y así no puede germinar vinculo familiar alguno. Sin duda, tenemos que fortalecernos más interiormente, escucharnos, respetarnos tomando conciencia de que únicamente el amor nos basta, y de que todo lo demás es necio y posesivo. Con razón, hemos hecho de la familia un nido de perversiones, en lugar de un paraíso de amor. Cambiemos el abecedario. Para empezar, seamos más corazón que cuerpo.

¡Olvidáis la Regla!

Por: José Antonio Cordoba


Si existe un mundo que me resulta difícil de asimilar, es el mundo cofrade, donde se dan cita tantas contradicciones que me desborda mentalmente. Aunque no por ello dejo de respetarlo y respetar a quienes así lo viven.
Pero, hoy sí que me voy a permitir hacer algunas apreciaciones personales.
Siempre he sido muy tajante con el tema de las órdenes o hermandades, y en estos días he sido testigo de algunos hechos que no hacen más que ratificarme en mi planteamiento.
Como introducción sirva, lo sucedido a una buena amiga y hermana en las redes sociales, donde ha sido censurada por expresar su espiritualidad, en nada contradictoria con el Cristianismo, pero aquí, no acaba el asunto, y le piratean el Facebook.
En mi caso, comprobar como quienes te hablan de mensajes positivos, amor y espiritualidad, carece de la humildad que como personas  y templarios deben de hacer gala.
Pero esto sucede quizás con más frecuencia de la que nos imaginamos, o queremos conocer –disculpen si generalizo, pero ir uno por uno sería algo interminable y sus resultados, bueno…-, en las hermandades de Penitencia.
Tengo constancia de que en los últimos años para acceder a la Junta Gobierno de una  hermandad, se debe de hacer un cursillo apostólico en el obispado, y me pregunto ¿Cuántos, una vez tomado el cargo cumplen la Regla? Y digo esto, pues me preocupa ver como se alardea de un falso Cristianismo, donde la OBSERVANCIA de la Regla de la Orden o Hermandad queda sustituida por egoísmos y afanes protagonistas, olvidándose de quien realmente es “Él” o “La” Protagonista.
Muchos has hecho del traje de chaqueta su símbolo evangélico obsesionado en oro y plata para su paso o palio, o que su nombre figure en algún cartel de exaltación. Mientras al prójimo, al necesitado le dedican una o dos semanas al año.
Pero cuando escuchas hablar de casos que se suceden en el seno de las propias órdenes o hermandades, uno comprende, comprendo que no destinen esfuerzo alguno a ayudar al prójimo, cuando al hermano o hermana de su casa, hermandad, paso o palio, sacrifican en pos del egocentrismo propio.
Estos que tanto se miran el ombligo, y de trajes enchaquetados alardean les diría, tomen la Palabra, como es el caso de Mateos: Mt. 6, 24 “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No podéis servir a Dios y a la Riqueza”. Mt. 7, 21 “No todo el que me dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los Cielos”. 22” Muchos me dirán en aquél día: ¡Señor, Señor!, ¿no profetizamos en tú nombre, y en tú nombre arrojamos demonios, y en tú nombre hicimos muchos prodigios?”. 23Pero entonces yo les diré abiertamente: Jamás os conocí; apartaos de mí, ejecutores de maldad”
Con lo que queda claro que quizás debiera de ser requisito para ser miembro de una Junta de Gobierno, que además de cartera amplia y no menos abultado ego, tengan conocimientos ciertos de la Biblia, de la Regla de la Hermandad y que las pongan en práctica.
Pues, si no, me temo que al final quienes os dicen: “Ustedes solo pasean un trozo de madera por la calle”, tengan toda la razón.

Un mundo de lobos

Por: Víctor Corcoba Herrero




Hemos convertido el planeta en una selva de lobos. Se degüellan vidas humanas por doquier rincón. Se queman vivos a seres inocentes, desvalidos. Se arrojan a las tinieblas de la indiferencia a ciudadanos como si fueran un objeto. Se asesina por tener un determinado culto. Algunos mares se han convertido en auténticos cementerios. Nos hemos deshumanizado hasta el extremo de practicar la liturgia de la pasividad. Nada nos conmueve. Ciertamente, deberíamos poner empeño en avivar los diálogos, y en establecer negociaciones, aunque sólo sea para sobrevivir como especie. Ahí está el drama de los flujos migratorios activando tensiones por todo el orbe.

                El ser humano tendrá que mostrar otro talante más solidario y, los líderes políticos, deberán redoblar los esfuerzos para asistir a esta abandonada ciudadanía. Sabemos que la cuestión no es fácil, máxime cuando en esta sociedad en lugar de propiciar la cultura de la acogida, se ha activado la cultura de la exclusión. Por eso, más que fijar cuotas debemos favorecer la cooperación entre países, con criterios homogéneos e integradores entre naciones, con gestiones unitarias en las fronteras, sobre todo de mano tendida y de apertura. No olvidemos que muchos huyen a países vecinos por la violencia que estalló en su propio país. En consecuencia, también es vital permitir que la gente se mueva con libertad, manteniendo abierto cualquier linde que nos humanice.

                Hoy, quizás más que nunca, es el momento para fomentar la solidaridad. Necesitamos acoger y albergar a esos ciudadanos que van de acá para allá. No podemos ser lobos de nuestros semejantes. Este estado salvaje es inconcebible. Además, súmele, la progresiva delincuencia planetaria que viene poniendo en riesgo permanente cualquier sistema armónico, aparte de obstaculizar el desarrollo y de violar los derechos humanos. Ha llegado, pues, el tiempo de la acción fraterna. No podemos permitir que la mala hierba perniciosa, como decía hace unos días el Secretario General de Naciones Unidas, nos ahogue y, sobre todo, deje sin aliento a los más vulnerables. No se libra ningún rincón del planeta del virus de las batallas. El crimen más horrendo está devastando personas, comunidades y naciones.

                La esperada adopción en septiembre de la nueva agenda de desarrollo sostenible 2015, nos alienta un poco a la esperanza, puesto que debe ser crucial para la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos, los tres pilares de las Naciones Unidas. Desde luego, con urgencia, tenemos que poner fin a este mundo de chacales que aprisiona la dignidad humana hasta límites inconcebibles. Resultan verdaderamente dolorosos los trágicos acontecimientos que buena parte de los seres humanos soportan, obligando a la comunidad internacional a actuaciones contundentes. Mirar para otro lado ante tantos horrores  nos hace más bestias.

                A mi juicio, sin contemplaciones tenemos que hacer todo lo posible y, hasta lo imposible, por detener y prevenir estos atropellos sistemáticos contra vidas humanas, minorías étnicas y religiosas, culturas y razas.  En este sentido, es necesario plantar cara a esa lógica del poder que todo lo disgrega, produciendo privilegios para algunos e injusticas para otros. Hay que fraternizar. Somos únicos, universales e indivisibles. Indudablemente, el ser humano no puede actuar contra sí mismo, no somos islas, somos comunidad. Y en la comunidad hay que asociarse desde el respeto y la tolerancia. La ayuda, por parte del Papa Francisco, de acercamiento de Cuba y Estados Unidos, sin duda constituye un blindaje moral y político de primer nivel. Esta es la línea a seguir. Hay que desatar todos los nudos. Esta es una buena noticia. Extiéndase el ejemplo.

                Sin embargo, el mundo, lejos de hermanarse, se activan todo tipo de artilugios, inclusive las armas químicas. Algunos países parecen concentrar todos sus esfuerzos en sus capacidades para la guerra informática, en paralelo al desarrollo de sus programas nucleares y de misiles. Algo que hemos de parar con el coraje que precise. Menos actos de guerra y más actos de concordia. Evidentemente, no podemos soportar más amenazas sabiendo que los artefactos de la muerte, lejos de desaparecer, están más presentes que nunca. Deberíamos poner orden en esto y no actuar con blanduras. La tarea educativa es la gran asignatura pendiente.  Hemos de reforzarla, si en verdad queremos llevar a los moradores de este planeta a una verdadera comunión, no de intereses, sino de vidas compartidas,  haciendo que se sientan una sola familia, en la que la mayor atención se ponga en los más débiles.

                Pienso, por consiguiente, que debemos reforzar la convicción de que la familia ha de ser el lugar idóneo para avanzar, pues a través de ella el ser humano, aparte de sentirse querido,  se abre a la propia existencia, y a esa exigencia natural de relacionarse y de convivir. Quizás, deberíamos excavar mucho más en esa conciencia social para adentrarnos en la raíz del mal. Hemos cerrado los ojos a tantas controversias, que además aún no han pasado, que ahora debemos de concentrar todas nuestras fuerzas en restablecer las relaciones ciudadanas que median entre el derecho natural y el amor hacia nuestro mismo linaje. No existe otro remedio que el retorno de la humanidad a su propio auxilio. Todos necesitamos de todos. Nuestra específica historia nos pone al descubierto tanto los errores cometidos como aquellos proyectos conducentes a mejorar la empresa universal del bien colectivo, donde en absoluto cabe un estado irracional opresor e inhumano.

                En el campo, pues, de este nuevo orden mundial, fundado sobre los principios humanos y morales, no cabe contemplación alguna, sobre todo para aquellos que lesionan dignidades y libertades humanas. Para empezar, debemos limitar los desequilibrios y las desigualdades. Los cimientos de la razón y de la justicia no pueden tambalear. Hoy seguimos sometiendo, bajo una falsa libertad, la voluntad humana al poder público. Uno no tiene que someterse a nadie, y en todo caso, únicamente a la ciudadanía con el respeto necesario y preciso. Por ello, no podemos olvidar el sustento moral frente a los diversos puntos de vista. Cuidado con los que dicen servir a la ciudadanía en este mundo de lobos que ellos mismos han generado, sometiendo el propio Estado de derecho a su antojo, para repartirse la presa del bien común. Borran de la memoria que este trofeo es de la colectividad y de nadie en particular.

                Nadie me negará que, en el mundo actual, prolifera demasiado partidismo, demasiado poder sin escrúpulos, demasiado fanático atrapado por el egoísmo, demasiado pastel para unos pocos mientras otros ni pueden acercarse. Levantan muros, crean fronteras, se sienten dueños y señores en esta selva donde nadie se sensibiliza por nadie, salvo cuando obtiene beneficios para sí y los suyos. Al fin y al cabo, el egoísta sólo se ama a él, y no admite contrincantes. Le importa nada los que sufren. Salgamos de la contradicción y hagamos familia desprendiéndonos hasta de nosotros mismos. Esta es la auténtica patria humanitaria. Lo demás es abecedario estúpido, puesto que los gobernantes anteponen su éxito personal (de caudales) a su responsabilidad social (de reparto y transparencia). Sálvese el que pueda.

lunes, 18 de mayo de 2015

Corrupción, corrupción, corrupción

Por: Manuel Pérez Cuadrado "er Pere"

Pere
¿Qué pasa con la corrupción? ¿Se condena a los corruptos por igual? ¿Cuáles son los partidos que no condenan a sus corruptos?
Pues bien claro lo tenemos: los socialistas son los que no condenan a sus corruptos. El caso de los ERES y los cursos de formación es una prueba de ello.
El dinero de los andaluces mejor, de tantos y tantos trabajadores ha ido desapareciendo. ¿A ver cuando lo devuelven? Hay que devolver los dineros que se han llevado, o mejor dicho, dinero público de todos los andaluces que han robado. Los ladrones tienen que devolver los dineros y después, hay que encarcelarlos. Pero que devuelvan lo robado.
Un país no puede dejar la corrupción sin resolverla por completo y expulsar a los corruptos o meterlos en las cárceles. Por otra parte, quiero decir que ya está bien de tantas mentiras y tantos abusos en contra de los ciudadanos. ¿Cuándo se van a enterar que en un estado de derecho, cada ciudadano debe de tener una vivienda digna y un puesto de trabajo? Esto es esencial, y lo primero a que están obligados es a buscar y gestionar que los ciudadanos vivan una vida digna y no con la miseria y la pobreza con la que estamos en este país.
No se puede soportar en Andalucía el paro, la pobreza, la falta de trabajo, la corrupción, que supera a la de Europa, y a las mentiras del gobierno de más de treinta años.
Estamos cansados de tanto inútil, que nos engaña con sus mentiras. ¡Que lástima de tierra que tenemos tan rica y tan llena de recursos! ¡Fuera estos gobernantes inútiles!

sábado, 16 de mayo de 2015

Princesas

Por: Jose Antonio Cordoba


“Si no partimos de la idea, de que toda mujer es una Princesa, y como a tal respetarla, ¿qué esperanzas nos quedan a las bestias?”
En esta vida deberíamos de hacer el ejercicio físico, de sentarnos a escribir cartas a la persona que amamos, incluido a nuestra pareja, es un ejercicio que dejamos de lado y al cual las nuevas tecnologías no ayudan a fomentar.
El papel sigue siendo el elemento que nos falta en las relaciones actuales, pues si bien, las redes sociales nos permiten facilidades de escritura, emoticonos, fotos, vídeos y demás, quien haya recibido una carta, y hoy use el móvil, comprenderá de lo que hablo. El papel guarda impreso además del texto, el aroma de quien escribe la carta y, algún que otro borrón, por una lágrima inoportuna entre las letras.
¡Si lo sé, soy un romántico!
Este que suscribe, ha encontrado últimamente en las cartas un recuerdo olvidado, una esencia que se estaba diluyendo en las brumas del pasado. Cartas que han sido enviadas, otras muchas, quedarán guardadas en algún cajón, pues aunque el tiempo no ha borrado el recuerdo de las personas destinatarias, sí el rastro para localizarla.
Llevo utilizando de un tiempo a esta parte una palabra para mí mágica, “Princesa”, menos cursi tal vez sería utilizar la expresión tan nuestra de “chocho” ─es una nota de humor─, volviendo a la palabra  “Princesa”, pienso que la experiencia me ha hecho ver las cosas de una manera distinta, y a la mujer a grandes rasgos de forma diferente, desde el punto de vista filosófico, tan olvidado también en nuestro quehacer diario.
Hablando de mi experiencia he llegado a la conclusión que mis amigas son Princesas, pues la Reina es una rubia muy especial para mí y que actualmente cuenta con nueve años. El llamar Princesa a una mujer, es regalarle ese abrazo que por motivos varios no podemos darle. ´No ha mucho en el tiempo`, hablando con un ilustre amigo y su señora, comentábamos lo necesitada que está la gente, del género que sea, de un abrazo, de un oído que escuche y de unos labios que guarden silencio. Yo todo esto lo he transformado en esa bella palabra, de realezas varias, pero de grandes corazones, de comprensión y del silencio necesario.
El ser humano es un ser vivo que se nutre de sentimientos, los mismos que hacen que cada  individuo sea único dentro del conjunto de la humanidad. Pero sinceramente, y no hay más que ver los noticiarios, es para preocuparse al comprobar como la sociedad es más violenta de lo que creemos a rasgos generales. Nos convencemos a nosotras/os mismas/os del buen hacer de la humanidad, pero sin embargo no la cuidamos, no le damos calor, no la escuchamos, y no la dejamos hablar. Nos estamos encapsulando del prójimo, precisamente de ese que tenemos al alcance de una sonrisa, de un beso, de una acaricia, de un abrazo, de un escucharle en silencio.
Por eso, la mujer es especial, por eso ellas serán “por siempre jamás, PRINCESAS”. Y si no creemos esto, las bestias que habitan en nosotros, los hombres, tomarán el control. Yo, seguiré siendo la bestia que soy, pero ellas serán las Princesas de mi cuento sin final.

Cuando vuelva a mí sin mí

Por: Víctor Corcoba Herrero




Antes de habitar en el recuerdo,
mucho antes de recluirme en el olvido,
y antes de internarme en el no ser;
mucho antes de deshacerme de mí,
y antes de nadar en la nada de un lecho,
tan triste como abandonado;
aspiro a ser un latido que vibre y estremezca,
un cauce que encauce el mañana y el después,
una brisa que trascienda el alma y la encienda,
una poema que cautive el silencio y lo active,
un mar que encandile soledades y las alumbre,
un fuego que encienda  la eternidad con el amor.
Porque el amor es lo único que nos salva, ¡amémonos!

Vivir sin la luz es tan desolador como amargo.
Más allá de la ausencia, vivimos en la nostalgia.
Al vivir sentimos que nos tocamos y nos queremos.
Somos algo grandioso y glorioso como el verbo.
Sublimados por Dios, en Dios somos, por Él estamos.
Quiero perpetuarme en el verso, ser su poesía.
También deseo ser el abecedario de tus ojos
para dormirme en la mirada más humilde y recrearnos.
Quiero recogerme para ver y sentir que soy.
Al fin quiero querer conjugarlo todo,
el pasado con el presente,
la vida con lo que me resta por vivir para crecer.
Si nadie crece por uno, ¡tampoco nadie busca por uno!.

Nada hay más sublime que cohabitar,
que desvivirse por convivir,
que convivir para entenderse,
que entenderse, concebir y pensar.
Uno tiene que concebir un corazón
en otro corazón hasta fundirse con lo eterno.
Uno ha de pensar, aunque solo sea para hallarse
consigo, pues quien no quiere pensar es un ciego.
La peor ceguera es la que nos arruina el alma.
No hay más necio que aquel que no quiere percibir.
Tremenda la miopía que nos deja sin sentimientos.
Yo vivo con la esperanza de que cuando le hablo a Dios,
Dios me escucha siempre, ¡y siempre para redimirme!.

Resolver las controversias por medios pacíficos

Por: Víctor Corcoba Herrero




Hoy más que nunca el ser humano tiene necesidad de adentrarse en si mismo, de hallarse con la verdad, de conocerse y de reconocer su verdadera historia. Nuestra cultura actual ha perdido la percepción por el espíritu. Cohabitan demasiados vacíos entre nosotros. En ocasiones, el rencor nos impide debatir y comprometernos unidos. Bravo por aquellas instituciones que se dejan la vida por aproximarnos. Personalmente, lo agradezco de corazón. A propósito, Naciones Unidas, en su tiempo y ante la dificilísima tarea de promover el recuerdo y la reconciliación, declaró las fechas ocho y nueve de mayo, en virtud de la celebración del sexagésimo aniversario del fin de la segunda guerra mundial, conflicto que causó una aflicción indecible a la humanidad, tal y como figura en la propia Resolución aprobada por la Asamblea General el 22 de noviembre de 2004, al menos como un momento para la reflexión.

            Reflexionar, y tomar las pausas necesarias ante los acontecimientos, siempre ha sido un acto de buen hacer, máxime para desenredar los nudos que la propia vida conlleva. Ciertamente, tenemos el deber de contribuir a mejorar la convivencia y a no rendirnos. Tampoco debemos permitir que las victimas de tantas atrocidades que nos circundan sean sólo una mera estadística. Esta es la luz que debemos avivar, la de recuperar nuestras propias esperanzas, precisamente por la crisis de valores en que nos encontramos. Nosotros, cada uno de nosotros, valemos lo máximo. De ahí, lo importante que es salir al encuentro de los excluidos, de los olvidados, y de aquellos que necesitan, no sólo comprensión, también consuelo y ayuda. La defensa de los derechos humanos tiene que ser una prioridad para todos los gobiernos del mundo. Lamentablemente, son muchas las personas a las que no se les presta atención alguna.

            Por otra parte, vivimos tiempos, propicios para la amenaza permanente. El horror es una crónica diaria por todo el planeta. Por consiguiente, hemos de animarnos a poner empeño en los acontecimientos históricos, como éste que permitieron crear las Naciones Unidas para reservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra. Todas las controversias han de resolverse por medios pacíficos. Tenemos que hacer posible que así sea. A mi juicio, el papel de las Naciones Unidas es fundamental para restablecer el hermanamiento entre culturas y superar los dolorosos recuerdos del pasado. Con las guerras todo se destruye. Por eso, cualquier motivo es bueno para infundir en toda la ciudadanía un espíritu de concordia, transformando nuestros afanes bélicos en instrumentos de alianza, nuestros recelos en confianza y nuestras intranquilidades en compasión. Además, para desgracia de todos, algunos ciudadanos se les viene adoctrinando para la lucha, hasta el punto que rechazan cualquier destello armónico.

            Su visión del mundo es catastrofista, y se consideran a sí mismos mensajeros del fin del mundo. Para ellos, la paz no es posible. Son sembradores del terror y ese es su horizonte  y su camino. Pues yo digo que sí es posible la paz, sólo hay que tener voluntad de lograrla. Naciones Unidas  puede mirar hacia atrás y sentirse orgullosa de sus logros. Cada vez que un ser humano siembra una simple sonrisa o trabaja por la justicia, se encuentra con la paz. La paz también se halla en nuestro propio interior, y sobre todo, cuando nos ponemos incondicionalmente al servicio de los demás. Ahora bien, tampoco habrá paz en la tierra mientras perduren las opresiones, las injusticias, las desigualdades, y los desequilibrios económicos entre la ciudadanía. Sabemos que hay muchos contratiempos, pero cuando se siembra la semilla de la auténtica dignidad para todos, es indudable que estamos en el camino. Al fin, más que hablar de paz, uno ha de creer en ese espíritu y trabajar por conseguirlo. Todo en esta vida requiere esfuerzo, la paz también. Sin duda, es un buen propósito, que coincidiendo con el setenta aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, renovemos nuestro compromiso de acción solidaria y de dedicación a los valores humanos. Algo es todo.

sábado, 9 de mayo de 2015

Activar la transparencia para fomentar el acercamiento

Por: Víctor Corcoba Herrero


El mundo, en los próximos años, tiene que prioritariamente activar la trasparencia y fomentar el acercamiento entre culturas. Sin duda, la ciudadanía tiene que sentirse unida y, a la vez, emancipada de toda cadena dominadora. La prepotencia de las ideologías, el acoso dominante de los pudientes, la persistente dependencia de la tesis económica, nos viene desplazando a una realidad mundana, sin horizontes ni esperanzas. En ocasiones, obviamos que el verdadero progreso radica en la superación de todas estas sumisiones, casi siempre inhumanas, y verdaderamente crueles con todo ser humano. A veces la realidad nos supera hasta nuestros propios sentimientos, dejándonos el alma desconsolada. Naturalmente este mal estar al final nos pasa factura. Comprendo, pues, que las depresiones, las fobias, los trastornos de la conducta alimentaria, el alzhéimer o los trastornos por déficit de atención e hiperactividad, nos desborden. Por desgracia, con tantos agentes que nos trastornan el ánimo, alterando nuestra manera de pensar y de sentir, todo es posible. El mismo miedo, o el egoísmo que tanto proliferan en el mundo actual, enmascaran nuestra capacidad de raciocinio, hasta volvernos realmente un mero producto de mercado. Bajo estas mediocres concepciones, todo se ha vuelto irracional y esperpéntico. A esto hay que sumarle la devaluación moral de la humanidad, con lo que conlleva de falta de discernimiento entre el bien y el mal.

Ciertamente, navegamos en el desequilibrio, y esa falta de juicio, nos está llevando a tantos callejones sin salida, que nos dejan sin esperanza alguna. Nunca como ahora necesitamos la convicción de sentirnos libres para fomentar ese acercamiento comunitario. Quizás tengamos que abrir las puertas del corazón mucho más. Precisamente, durante estos días, Estrasburgo (el 2 de mayo), Bruselas y Luxemburgo (9 de mayo) han abierto las diversas instituciones con el fin de celebrar el Día de Europa, de una manera festiva y divertida para toda la familia humana. Desde luego, me parece interesante esta apertura institucional si en verdad queremos trabajar por una Europa más hermanada. No olvidemos que sólo lo que se conoce puede empezarse a amar. Descubrir las acciones concretas, las principales preferencias y la amplia gama de trabajo de instituciones tan diversas como el Consejo Europeo, el Parlamento o la misma Comisión, ha de contribuir sin duda, a que el ciudadano reflexione y concentre sus fuerzas en la solidaridad como nuevo sentido a su existencia.

Sabemos que las instituciones por sí mismas no pueden solventar nada, tenemos que ser toda la ciudadanía la que decida asistir a los más débiles y a los que sufren.        No es la política la que salva la ser humano. Realmente, cada individuo es librado de sus penurias por el amor que nos injertemos unos a otros. Cuando uno experimenta una gran comunión con el otro, con su semejante, todo adquiere un nuevo sentido, una naciente fuerza que da certeza a nuestros pasos. Para ello, hemos de ser auténticos. La autenticidad es el mejor signo de transparencia. Únicamente así, podremos instaurar el dominio de la razón y de la libertad; y, por ende, fomentar la aproximación multicultural, tan necesaria y precisa para poder convivir en armonía. A ningún ser humano se le puede negar la autonomía de vivir según los principios éticos enraizados a su propia vida. La libertad de un pueblo no es sólo la de un pensamiento o de un culto privado, es una liberación que unos enraíza con nuestra específica moral. Por eso, siento un gran dolor cuando constato que el mundo todavía discrimina por razón de ideología, religión, raza o pensamiento. De ahí, la importancia de que cada 9 de mayo, la Unión Europea, no escatime esfuerzos y celebre la paz y la unidad en el día de Europa. Indudablemente cada gesto es significativo, pero son las ideas las que han de unirnos y, más en un tiempo como el actual, donde parece que todo lo conducen las máquinas, en lugar del mundo del conocimiento.

Es verdad que con el discernimiento se acrecientan las dudas, pero esto es bueno, porque nos hace más responsables a la hora de tomar decisiones. En efecto, el evento europeísta del 9 de mayo marca el aniversario del día en 1950 cuandoRobert Schuman, uno de los fundadores de la UE, hizo su "Declaración Schuman", esbozando una visión de unir a los estados europeos independientes en una sola comunidad. Un proceso que fue gradual, pero que puso en primer lugar el espíritu solidario como carta de acercamiento. Él propuso la puesta en común de la producción de carbón y acero de diferentes países europeos y argumentó que esta empresa común sería "dejar claro que cualquier guerra entre Francia y Alemania no sólo resulta impensable, sino materialmente imposible". Fue ese objetivo el que puso la unidad, mientras que la discordia quedaría debilitada. Ahora también tenemos que buscar puntos de coincidencia, acompañados por el respeto a toda vida, por la dedicación a los más vulnerables y por la paciencia ante los difíciles caminos que se cruzan en nuestro tiempo.

Pienso, por otra parte, que tenemos que bajarnos de esta cultura dominadora que todo lo supedita a la producción, y que no deja al individuo libertad para tomar su propio camino. Está visto que para reconstruir un mundo más habitable para todos, hemos de avivar el espíritu de servicio muto, por encima de cualquier otra reivindicación. Estamos para servir a la ciudadanía, no para servirnos de la ciudadanía. Esto exige una transparencia de actitudes y de acciones continuas. Esta es la cuestión de fondo, lo que nos exige trazar procesos constantes de humanización y solidaridad. No es suficiente con una paz impuesta, es necesario conciliar los lenguajes y reconciliar los ánimos. Tampoco basta un apoyo puntual solidario, se requiere un trabajo decidido de confraternización. Todo es de todos, y como tal, con la convicción clara de que todos somos necesarios y precisos, luchamos por esa unidad desde la consideración a su manera de pensar y vivir. Por consiguiente, no caben las tremendas desigualdades que hoy perviven en el planeta, y que persistentemente van a poner mecha a una cultura del conflicto, que desparrama el desasosiego y la desconfianza por doquier lugar.

Lógicamente, claro que es difícil aproximarse en el mundo actual, máxime cuando la unión e identidad no encaja más que por intereses y negocios. La ciudadanía debe, por tanto, meditar sobre su inmenso patrimonio humano cosechado desde la autonomía social y personal, y así poder inspirar una nueva cultura más abierta a toda la humanidad. Mi expectativa es que dicha conciencia madure cada vez más, no por un mero consenso de ganancias, sino como resultado de un crecimiento intelectual más dialogante, con capacidad para poner la transversalidad de opiniones y reflexiones al servicio de todos. Para ese diálogo hace falta, no sólo la empatía intergeneracional entre culturas, sino también una metodología consistente en la mano tendida, o sea un espíritu de comprensión junto a una visión respetuosa por todo ser humano. Podemos sentir que lo que hacemos apenas tiene importancia, que es solo una gota de agua en un mar que nos desborda, pero esa gota con otra gota y otra gota, puede hacernos recapacitar serenamente, y esto siempre será mejor que tomar decisiones desesperadas. Yo, personalmente, me niego a vivir la vida en una silenciosa desesperación.

viernes, 8 de mayo de 2015

A Andalucía le urge una fábrica de embutidos

Por: Manuel Pérez Cuadrado "er Pere"

Así me lo dice un amigo con quien desayuno a diario. Y así es como se ve las cosas en nuestra tierra. Esto se dice debido a la cantidad de corrupción que existe en nuestra tierra.
Por eso los ciudadanos hemos de tener en cuenta el voto lógico y lo que nos interesa para mejorar la situación en la que nos encontramos después de tantos años de penurias en nuestra tierra. Queremos un cambio total y que lo que prometen sea una realidad.
Porque lo cierto es que a nuestro alrededor seguimos viendo mucho paro, especialmente jóvenes, vemos fracaso escolar y sobresalimos en imputados y corruptos. Nuestras PYMES, soportan unos impuestos altísimos que les hace difícil mantener su empresa.
Y aquí tenemos ya a los políticos haciendo campañas vacías de proyectos, más de lo mismo, y seguimos a la cola, pobreza y penas.
Esto hay que cambiarlo; empezamos por quitar el enchufismo, esto es una lacra que endeuda a los ayuntamientos especialmente. Necesitamos que esto cambie, pero que cambie ya, nuestra tierra y nosotros nos lo merecemos.

domingo, 3 de mayo de 2015

Amenazas globales

Por: Víctor Corcoba Herrero




El ataque al sosiego y a la tranquilidad del ser humano está siendo un verdadero calvario para muchos ciudadanos que ven truncado su personal desarrollo armónico en cualquier esquina de la vida. Ciertamente, todos estamos amenazados; de ahí la importancia de compartir herramientas para hacer frente a esta persistente intimidación. Peligros que tienen siempre su origen en nuestra debilidad humana, en la forma superficial de considerar nuestra propia existencia. Además, a la par que las tensiones renacen por el planeta, las armas nucleares se posicionan una vez más como herramienta política. Desde luego, debiéramos prevenir esta tremenda propagación armamentística y, de una vez por todas, lograr su eliminación. Recordemos que Naciones Unidas, creada para expandir la justicia y restituir los derechos universales, no puede salirse de esa dirección y, a mi juicio, debe actuar con más contundencia, si en verdad queremos que la ciudadanía no pierda la esperanza en las instituciones internacionales.

            Hemos de reconocer que el panorama no es muy ventajoso. Cada día se pone más en entredicho la libertad de la persona y el derecho que todos tenemos a un desarrollo normal y pacífico. Por desgracia, en lugar de proponer, se decide imponer determinados intereses por la fuerza, resurgiendo de este modo los conflictos, los enfrentamientos violentos, las pugnas absurdas e inútiles. Es hora de consensuar objetivos, de plantearnos como especie si queremos continuar dilapidando recursos en armas, o mantener un clima de armonía a través de un justo desarrollo, en beneficio de todo el linaje, sin excluir a nadie. No podemos seguir alentando estrategias mezquinas que nos llevan al desencuentro. Para desgracia de la familia humana, hay una legión de programadores del terror en activo, alimentando crímenes, masacres, destrucciones, que cuando menos debiéramos desterrarlos del poder. Ya está bien de tanta convergencia de intereses, de tanta correlación de fuerzas inmersas por la codicia del dinero, de tanta injusticia poderosa que niega de un modo cínico esa autonomía ciudadana a la que todos tenemos derecho.

            El mundo lo hemos convertido en un mercado de despropósitos y de abuso hacia los más débiles. Tampoco necesitamos tantos poderes, en su mayoría corruptos, máxime cuando intentan solucionar mediante la violencia lo que se puede solventar con sociedades más justas. La mezquindad lo pervierte todo y también lo aborrega todo. Muchas veces, mientras los políticos todo lo enfrentan a su antojo y capricho, en vez de establecer pactos y sumar vínculos de entendimientos, los ciudadanos son los que sufren los efectos de sus interesadas acciones políticas. Tenemos que pensar más en gobiernos que activen sus programas en global. Esta es la cuestión  de fondo. No se puede legislar para un grupo, hay que pensar colectivamente, puesto que vivimos globalizados y las amenazas, tan reiterativas como catastróficas, también son globales. Al fin y al cabo, es la fuerza de la razón, no la de las armas, cómo la concordia abre camino.

            Indudablemente, la situación del mundo contemporáneo pone de manifiesto no sólo avances, asimismo revela también múltiples tensiones y amenazas, que sobrepasan con mucho las hasta ahora conocidas. Podemos ser víctima de nuestros específicos progresos. La deshumanización, fruto del permisivismo moral, se ha instaurado en nuestro singular hábitat, volviéndonos irresponsables y, además, necios. Sobre el germen de esta necedad resulta imposible humanizar algo. El ser humano, por consiguiente, debería reflexionar sobre lo que es y rescatar su fondo de humanidad antes de fenecer de pánico, desesperación o aburrimiento. Es hora, pues, de poner un final para las contiendas; sino éstas, pondrán un fin para toda la especie, sabiendo que nadie llega a la cima si se deja acompañar por el miedo. Valor es lo que necesitamos cada día para levantarnos y comenzar el camino, pero también se requiere para sentarse y escuchar, para entrar en diálogo y para pensar, para convivir y; ¡cómo no!, para despertar.

A mis madres.

Por: José Antonio Cordoba


¡Madre! ¿Habrá una palabra más bonita en nuestro vocabulario humano y a la que le tengamos tanto desapego?
Hoy “Día de la Madre” todo son halagos y demás mensajes y palabras, pero no exenta en algunos casos, de mera hipocresía.
Quizás, yo también peque de esa hipocresía, pero permítanme añadir un mucho de otro ingrediente más, orgullo. ¿Y ello?, porque un servidor ha tenido dos madres en estos 45 años que me vengo gastando.
Se dice que. “los caminos del Señor son inescrutables”, y así será, pero a mí me ha permitido disfrutar de dos ejemplares mujeres, una me parió, la otra me cuidó como si lo hubiera hecho.
A Luisa, que hoy descansa felizmente a la Diestra de Dios Padre, quien fuera mi madre adoptiva, a ella, pues ¿qué decirle?, que no sepa desde ese bonito rincón del cielo. Bueno si, eras la mejor lanzando la zapatilla, pero aún con tu genio, te hacías querer.
A Teresa, una mujer que me ha sorprendido como persona y madre. Ella, que trajo a este mundo tres hijos que les fueron arrebatado, fue este que suscribe, el mayor de aquellos, quien un día y no sin pocas dificultades la localicé. Ella es especial, pero aun así, tras quince años sin verme, y en un grupo de personas supo reconocerme. Conste que nadie de la reunión le dijo quién era yo. Pero durante un almuerzo, ella estaba sentada frente a mí, desde que me hube sentado a la mesa, ella no paraba de mirarme, había un brillo en sus ojos. Durante la comida, le pregunté si me conocía, si sabía quién era yo, su respuesta no fue tanto, como lo rotundo de la misma: ¡mi hijo Toño! Su rostro parecía iluminado y el brillo de sus ojos, bueno a la fecha no se me ha olvidado el momento. Como tampoco, que aquel momento que yo vaticinaba como el fin de una búsqueda, era el preámbulo de un nuevo camino, en el cual aún me hallo y hecho bajo promesa.
Por eso, quiero aprovechar para que recordemos que somos hijas e hijos, todos los días del año, y que nuestra madre, son el mayor de los tesoros que podamos tener, pero que tiene una fecha de caducidad, y el llorarla cuando no está no nos hará mejores hijas o hijos.
De la misma manera, tenemos que ser conscientes, que deberíamos de tener varias vidas para poder devolverle a nuestra madre lo que ella hace por uno, y aun así, creo que no lo lograríamos.
Una madre es el mayor logro de la Naturaleza del Universo, no seamos tan hipócritas de estropearlo nosotras/os.
¡¡Feliz Día Mamá´s!!

sábado, 2 de mayo de 2015

Por: Víctor Corcoba Herrero




La gran injusticia de este siglo es la pasividad de los gobiernos frente a la desbordante desigualdad de sus moradores y la falta de oportunidad de los excluidos socialmente. No valen las migajas. Andamos con la fiebre limosnera para acallar las conciencias, pero esa no es la solución, máxime cuando tenemos el derecho a un trabajo digno y el deber de trabajar. Todo parece indicar que el desempleo va a seguir creciendo, lo que agravará el malestar social, sobre todo en Europa. También, en algunas zonas de América Latina y el Caribe, las perspectivas de empleo se han deteriorado. Tampoco mejora la situación en África, ni en las regiones de Asia Meridional, o en las mismas economías avanzadas. Tan sólo en Estados Unidos y en Japón, las condiciones de avance parecen despuntar.  Lo cierto es que en el mundo, cada día tenemos más empleo vulnerable, mayor inestabilidad, y una gran diferencia de ingresos. Ante este panorama desolador, convendría que todos los líderes internacionales reflexionasen sobre esta nueva lacra, y activasen soluciones para que todo ser humano pueda realizarse como ciudadano. A veces me pregunto, ¿para qué tantos itinerarios si luego nos cargamos el futuro de la gente?. Esto es grave, gravísimo, muy grave. No podemos continuar por esta línea de desequilibrio. Tenemos un sistema económico inhumano, que cierra las puertas de la vida a multitud de personas. Y esto, cuando menos, ha de inquietarnos.

            Aniquilar el horizonte de una buena parte de la ciudadanía es una barbarie que no podemos permitir. Hemos perdido el corazón cuando descartamos una generación de jóvenes, y nos quedamos tan pasivos. No hay mayor crueldad que ese pensamiento para la propia especie. Esto es trágico. La cultura del bienestar no puede estar al capricho de unos pocos. Los políticos han de trabajar mucho más por esa ciudadanía a la que representan y a la que han optado libremente servir; no para servirse de ella, como en realidad se hace, sino para ayudarles a reencontrar el camino de su propia autonomía. Si en verdad queremos proteger nuestro linaje, hemos de tomar como prioridad, la de promover un empleo decente para toda aquella persona en edad laboral. Tampoco podemos disociarnos, las sociedades han de ser más inclusivas, menos excluyentes, puesto que la globalización es una realidad. Por consiguiente, el empleo ha de tener ese aire globalizador y dinámico. Hace tiempo que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) defiende la propuesta de un objetivo de desarrollo sostenible dirigido a promover un crecimiento económico sostenido, inclusivo, de empleo pleno y productivo, de trabajo para todos. Sin embargo, los hechos son bien distintos; de ahí, que reivindique la urgencia de recuperar la dignidad que el trabajo confiere. Es hora de la acción conjunta y coordinada. Los pobres no sólo pide pan para el sustento, requieren también sentirse útiles socialmente, reinsertados. Quieren olvidar las atmósferas que le han denigrado, desfigurado y explotado en la mayoría de las veces.

            Hemos de hacer un pacto por el trabajo a nivel mundial. El drama del desempleo no puede cohabitar con nosotros. Hay que dar remedios. Estar sin trabajo no es únicamente carecer de lo necesario para vivir, ¡no!, es algo más; es negar la dignidad a la persona. Y esto marca, claro que marca, hasta el punto que habría que reexaminar estos modelos de desarrollo tan injustos. A mi juicio, estamos ante una emergencia histórica, que interpela a la responsabilidad social de todos, empezando por una mayor voluntad de ofertar puestos dignos. No olvidemos que los trabajadores tienen mayores posibilidades de acceder a estos empleos si existen instituciones que les ayuden a participar en este mercado, mediante cursos y orientaciones, mediante políticas de cualificación profesional. Todos necesitamos sentirnos respaldados. Por otra parte, la negociación colectiva y el salario mínimo son dos instituciones que no pueden entrar en crisis, sobre todo para apoyar los salarios más bajos de la escala salarial. Asimismo, las políticas sociales redistributivas son el principal medio con que cuentan los gobiernos para modificar la distribución de los ingresos. Desde luego, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro de nuestras acciones y, sobre este pilar, han de reconstruirse nuevas estructuras sociales encaminadas a poner orden y honestidad, con tenacidad pero sin fanatismo, con pasión pero sin violencia, donde hay indiferencia y corrupción. La buena gobernanza, la estabilidad social y la justicia económica no son  meras palabras, son la esencia de un derecho humano fundamental como es el trabajar.

            Hoy en el mundo tenemos menos dignidad por esa falta de trabajo. Esto debiera ser la principal preocupación de todos los gobiernos del planeta. Este sistema económico idolátrico ha fermentado, aparte de un caudal de violencias, la pérdida de toda ilusión. Verdaderamente, necesitamos políticas justas que nos hagan salir a todos adelante. Esto es particularmente desalentador para los jóvenes, a los que les venimos trucando sus sueños. Están formados pero han perdido la certeza de su valor y de su valía. Requerimos además la eliminación de cualquier trabajo indecente. Al mismo tiempo, hemos de volver al rigor moral que hemos perdido.  La ética debe globalizarnos. No estamos aquí para vendernos unos  otros. Resulta inaceptable que el trabajo se haya devaluado, hasta convertir en moneda de uso corriente, los diversos abusos. En el mundo hay millones de niños trabajadores. En todo caso, estamos para proteger al ser humano y también para custodiar nuestro propio hábitat y que las generaciones futuras puedan seguir avanzando. Sólo así habrá una auténtica promoción del ser humano. En consecuencia, los diversos Estados deben garantizar el trabajo, teniendo en cuenta que una sociedad abierta al progreso no debe encerrarse en sí misma, en la defensa de los intereses de unos pocos, sino que ha de mirar con la perspectiva del bien colectivo para entusiasmar a toda la especie.

            Naturalmente, los años pueden arrugarnos la piel, pero renunciar al entusiasmo que todos llevamos implícito, conllevaría contraer nuestro propio espíritu.  El notable número de hombres y mujeres obligados a buscar trabajo, más por necesidad que por elección, lejos de su patria ya es motivo de agitación, y esto no debe dejarnos indiferentes y sin fuerza para luchar. En este sentido, es una buena noticia que la misma Organización Internacional del Trabajo elabore políticas que maximicen las ventajas de la migración laboral para todas las partes involucradas. Al final, es el trabajo en conjunto lo que nos engrandece como familia humana. Jamás es el trabajo lo que corrompe, sino la ociosidad con su bucólica inercia. De ahí, lo analgésico que es trabajar, no con lo que uno imaginaba, sino descubriendo aquello que uno porta consigo. Con razón el trabajo es un bien de todos, y por ende, ha de estar al alcance de todos.

            Por eso, es fundamental la creatividad  solidaria. Un gobierno que ya no es capaz de avivar el empleo con políticas que entusiasmen, mejor abandone el barco. Lo mismo digo, para aquellos componentes de la sociedad que repudian un estilo de vida solidario, mejor desisten de ser guía. Dejemos, pues, el liderazgo para aquellos ciudadanos que han optado por un trabajo de constancia, de método y de organización que nos confraternice. Al fin, lo que importa es cuanto amor ponemos en lo que realizamos para endulzarnos esta existencia unos a otros. Los auténticos promotores de armonía saben que la clave radica en partirse el corazón y en repartirse la vida. Lo que es insolidario y vergonzoso es la indiferencia entre gobiernos que hacen el mal y el pueblo que lo deja hacer. Pensemos en esto.