Autora: Consuelo Gallego Aguilocho, colaboradora del semanal El Independiente
Fui
una niña tan humilde que sólo me conformaba
con el
canto de los pajarillos, con mi alegría
y mis
palmas;
el
campo fue mi alegría, mis lágrimas y mi quebranto,
en él
me crié, en el trabajé, en él pasé mis años,
en él
pasé frío, pasé calor,
a la
luna yo le decía en forma de poema:
"Te
quiero luna mía";
con la
luna compartí parte de mi soledad.
En el
campo trabajé con penas, con alegrías,
allá
entre el Puerto y Jerez, allá en la serranía,
el
campo me vio, me escuchó cantar, reír, llorar,
el
trigo, el maíz, la cebada, los garbanzos
compartieron
conmigo mis penas, mis alegrías,
mis
suspiros y mis llantos,
pero
fue mi vivir a pesar de los pesares,
añoro
aquel que fue mi campo.
Cuánto
daría yo por nacer de nuevo
vivir
en el campo, trabajar en el campo con alegría y anhelo,
cantarle
a los pajarillos, escucharles decirme !olé!,
la
brisa del viento, el aroma de las flores,
cuánto
daría yo por nacer de nuevo,
ver a
los girasoles con su color de oro, todos mirando al sol,
¿habrá
algo más bello que el campo con los trigales,
el
canto de los pajarillos, el aroma de sus flores silvestres?,
cuánto
daría yo campo de mis amores para junto a mí tenerte,
respirar
tu aire natural, ese olor a sembrado,
te
añoro tanto campo mío que no te he olvidado,
ya ves
que fui una niña, cuántos años han pasado,
pero
junto a ti pasé calor, frío, lluvias, tormentas y rayos,
pero
tengo que recordarte
porque
sin ti no me hallo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario