Autor: Juan NAdie, editorial del semanal El Independiente nº 83
Estaba el otro día navegando por
las redes sociales cuando me encontré un video (en realidad eran tres) en donde
aparecía imágenes que, desde mi punto de vista son lamentables. Frente a la
confesión religiosa conocida como “las hermanitas de la cruz”, una inmensa
hilera de sanluqueños haciendo colas para pedir una bolsa de alimentos.
Situación que, y especialmente estos días, veremos pero que muy repetidas
veces.
Pero no es esto de lo que quería
hablar en mi artículo editorial. Ya hemos dicho en más de una ocasión que la
responsabilidad de cubrir las necesidades básicas de las personas, alimentos,
vivienda, etc., forman parte de las obligaciones de un gobierno, especialmente
el gobierno local, por ser el más cercano, tiene la obligación de atender estos
deberes. Con esto tendríamos más dinero que se invierte en subvencionar a
tantas y tantas organizaciones, que a su vez utilizan y tienen sus propios
gastos como es agua, luz, su sede… ¡menos gasto, más dinero!
Claro, la administración no lo
hace para así poder ahorrarse unos “cuartos” y, subvencionando estas ONGs,
conciencias tranquilas. Pero lo sorprendente de lo que vi el otro día al
colgarse el video fueron los comentarios, muchos de ellos solidarios con la
situación económica que está atravesando el país, pero otros muchos de estos
comentarios me sorprendieron por la frialdad y la falta de sensibilidad a la
situación de algunas personas. “. Muchos se aprovechan de la situación”, “vi.
un señor que se quitaba los anillos de oro”, “pues otra se fue de inmediato a
la peluquería”… ¡pueden ser ciertos!
Lo que obviaban estos comentarios
es que de todos los que estaban allí, alguno al menos sería porque lo
necesitaba, digo yo. A lo mejor, o a lo peor, muchos de allí. Y esta persona
tendrá una familia, tendrá hijos, marido o mujer, quizás algunos hasta nietos,
y quizás un perrillo que recogió en la calle porque estaba abandonado. ¡Y que!
¿Estos no comen? ¿Estas personas no sienten hambre cuando pasan las horas? ¿No
sienten frío como lo sentimos nosotros ahora en esta época? ¿No sufren estos al
ver que sus seres queridos están pasando estas necesidades? ¡O somos tan cínicos
como para pensar que solo nosotros somos capaces de sentir y de sufrir por los
que están a nuestro lado!
Dice el refrán: “cuando veas las
barbas de tu vecino quemar, pon las tuyas a remojar”. Nos condolemos del estado
en el que reencuentran muchas personas, dejémonos de necedades diciendo que hay
quienes se aprovechan. No son estos los culpables de la situación que vivimos;
y demandemos la mejora de los servicios sociales, y persigamos, luchemos por
mejorar las condiciones de vida actuales.
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