Autor: Víctor Corcoba Herrero, colaborador del semanal El Independiente
Somos
el despropósito más necio.
La
necedad de la deshumanización.
La
deshumanización más absurda.
El
absurdo del desengaño más ruin.
La
mezquina desgracia de no ser yo.
De
desengaño en desengaño vamos.
De
desilusión en desilusión volvemos.
Todo
se despacha con despecho.
Nadie
se desvive por la esperanza.
Nada
nos desconcierta más que el yo.
El
desánimo nos envuelve en el vicio.
Y
el vicio de la prisa nos desmorona.
Al
fin, todo se precipita en la desgana.
No
solamente se desliza la tristeza.
Se
vive y se convive con el triste yo.
Cuánta
más alegría se dona más se tiene.
Cuánto
más amor se da más se recibe.
Quien
lo experimentó, lo sabe y sabe ser.
Ser
un corazón sin coraza, en guardia.
Pensando
más en los demás que en el yo.
Tan
bueno como desdecirse de lenguajes
que
no son, hay que redimirse de verbos
falsos,
y redescubrir el gozo de vivir.
Que
es ver en los demás su propia vida.
Y
en la vida, percibir la sorpresa de que soy.
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