Autor: Rafael Romero, colaborador del semanal El Independiente
¿Quién
me habrá mandado a mi comprarte un regalito?, me estaba
diciendo yo pa’ mi adentro con un cabreo descomunal
Rafael
Romero.-Desde
que me levante sin ese terrible dolor de cabeza que suelo tener,
supuse que el día iba a ir bien, por lo menos ya empezamos con buen
pie. En tanto fue avanzando el día, seguía con una alegría que
hasta yo extrañaba, incluso en el trabajo se notaba ese buen rollo
que pocas veces se encuentra.
Al
salir del trabajo, Paseaba sin prisas viendo los escaparates que
flanqueaban la avenida en dirección a mi coche, me detenía de
vez en cuando escudriñando los artículos que estaban en los
estantes, sin la más mínima intención de comprar. Casi al final
del recorrido, allá en una esquina del enorme escaparate me llamo la
atención un pantalón corto, “Capris” o como se llame, y me
imagine a la parienta lo contenta que se iba a poner con el regalo,
pues no se lo esperaría ya que no era santo ni cumpleaños de nadie,
simplemente me gustó para ella. Así que sin más, me dirigí hacia
la dependienta y le pedí los pantaloncitos de color rosita, (ese
color nunca falla pensaba yo).
No
me detuve ni en el bar a tomar café, simplemente quería llegar a
casa con el regalo envuelto, queriendo ver su expresión de
sorpresa.
Y si, vaya sorpresa que le di, lo contenta que se
puso, tanto que se lo probó en ese momento. Salio sonriente y
coqueta enseñándome sus curvas con su nuevo Capri, pero de repente
puso una cara de asombro, sus ojos se abrían de par en par y su boca
dibujaba un grito ahogado, (yo me cage), que te pasa -le dije yo-,
que no tengo una blusa para este pantalón, -me contesto-, vamos
corriendo haber si encuentro algo, antes de que cierren las tiendas
-siguió diciendo-. Y allá vamos.
Tres horas nos llevamos
visitando tiendas de ropa, zapato, de complementos….. Ya tenia el
rostro congestionado, cansado de tanta retahíla de preguntas que no
necesitaban respuesta, “Te gusta?”, “como me queda?”, “este
no, verdad”, “este esta monísimo, verdad?”.
De
camino a casa, con el animo exprimido, la sonrisa borrada, el
banco
Con un par de ceros menos y un dolor de cabeza que no
soporto, me decía yo mismo, “p-pero si yo solo quería darle un
regalito”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario