Editorial Nº 120
Ya
finaliza la temporada estival y con eso, damos comienzo a un nuevo
curso. Comenzamos con nuevos bríos después de unas vacaciones,
quien las haya podido tener. Y ahora retomamos proyectos pospuestos,
proyectos abandonados temporalmente para la temporada de descanso y
que ahora volvemos a tratarlos.
Entre
estos proyectos, para una familia se encontrará el curso escolar.
Curso que, como bien sabemos estará plagado de recortes y que hará
que nuestros hijos carezcan de los elementos esenciales útiles para
obtener una buena educación. Para otras familias su proyecto será
el encontrar trabajo, aunque muchos habrán trabajado de manera
temporal en algún bar, o en un hotel, pero el empeño estará en
encontrar trabajo fijo, todo el año.
Habrá
quienes tengan otro tipo de expectativas, todas igualmente validas,
pagar la vivienda, ponerse al día con los recibos... Pero visto lo
visto, ¡todo es una ilusión! Utopía, dirían otros.
Y
es que se han puesto las cosas de tal manera, que ya nos conformamos
con una limosna. Ya no ambicionamos aquello que decíamos de “calidad
de vida”, ya lo que queremos es que podamos tener algo en esta
vida. Ya no pedimos tener tiempo para nuestras cosas, ya lo que
necesitamos es tener algo de tiempo para lo que sea...
Y
así sucesivamente, hemos abandonado valores, pretensiones, derechos,
eso es lo que dejamos atrás, y eso e lo que tenemos por delante. En
este nuevo curso laboral, sería bueno que retomáramos aquellas
viejas pretensiones y exigiéramos a nuestros gobernantes, es su
obligación, de proporcionarnos las herramientas adecuadas para tener
una vida digna.
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