Autor: Víctor Corcoba herrero
Los
hay que pretenden expulsarnos del paraíso de la memoria, no les
interesa que seamos personas con experiencia, tal vez por miedo a que
hagamos valer nuestras naturales vivencias. A propósito, me viene a
la memoria una célebre frase del escritor portugués, José
Saramago; que, a mi juicio, con acertado criterio, dijo: "somos
la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos; sin memoria
no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir".
En efecto, precisamos saber de dónde venimos y hacia dónde
caminamos, con la concreción de haber vivido para reencontrarnos con
sus abecedarios nacientes de nuestro característico obrar. Esto es
necesario evocarlo siempre y no olvidarlo jamás para comprender
nuestras actitudes más allá de los recuerdos, no en vano, somos el
futuro que vamos construyendo uno a uno y entre todos. Lo acontecido
en el pasado no es sólo pasado, ha de ser luz para señalarnos qué
caminos no debemos tomar y qué caminos hemos de coger. Por lo tanto,
siempre es saludable hacer memoria, sin dejarse arrastrar por la
ideologías, con la responsabilidad de que perdure en la retentiva de
los vivos la continuidad histórica, con sus avances y retrocesos.
Que el recuerdo de las tragedias vividas, de la lucha del ser humano
contra el poder, que también es la lucha de la memoria contra el
olvido, se conviertan para todos en compromiso de adhesión armónico
para no arruinar el presente.
Esta
es la reinserción, el camino que todos debemos hacer desde nuestra
innata memoria, quien dice que no tiene necesidad de llevarlo a
término es un desmemoriado o un mezquino. Todos nos equivocamos en
la vida. Sálvese el que pueda. Lo fundamental es no estar dormido,
inactivo, para poder desandar sendas engañosas. Uno tiene que tener
el coraje suficiente para no permanecer estancados, y dar un paso
hacia delante cada día. Nos lo merecemos. Si no hacemos memoria
difícilmente nos vamos a poder levantar de nuevo y tomar otro rumbo.
Ahí está la crisis de ébola, es más de lo mismo de siempre, otra
epidemia más, cuyo objetivo no debe ser aislar a los países, sino
erradicar la enfermedad. En este sentido, hay que felicitarse que
Naciones Unidas, junto a otras organizaciones internacionales, se
mueva a toda marcha, incentivando a la movilización de las
comunidades y a inversiones locales para combatir la enfermedad que
agudiza la pobreza y amenaza conducir al mundo a la desesperación.
La misma Organización Mundial de la Salud estima que los casos de
este virus podrían llegar a diez mil por semana en diciembre.
Naturalmente en tiempos de tribulación y desconcierto se levanta
siempre una nube de dudas y sufrimientos, y no es fácil ir adelante,
proseguir el camino, porque uno puede dejarse llevar por la
desolación. Por eso, estamos llamados siempre a recuperar nuestra
memoria, a hacer memoria, teniendo presente el camino recorrido con
su lenguaje de enseñanzas.
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