Editorial 136
Y es curioso porque, a pesar de
ser popularmente conocido que Jesús no naciera un 25 de diciembre, mucho hablan
de estas fechas como un tiempo en donde se reúnen las familias y se tienen
buenos deseos para con el prójimo. Pero ¿y el resto del año qué? ¿Por qué
desaparecen esos buenos deseos? Para los que sufren ¿no desearían ellos de que
estos fueran más allá de la navidad?
Veremos en estos días cientos de
actos multitudinarios, banquetes solidarios, zambombas, pasacalles cuyo fin es
ayudar a los demás. O quizás solo sea una excusa más para algunos de estar de
fiesta, que es para lo que a muchos se ha convertido la fiesta navideña. Paseos
por los grandes almacenes (estos si que hacen todo el año navidad) comidas de
empresas, con borracheras incluidas, la celebración familiar de la nochebuena
muy a menuda acompañada de riña familiar, la entrada del año nuevo con sus doce
uvas y sus doce deseos seguido de su respectiva resaca vete a saber en que
cama; y los reyes, todos compitiendo por hacer un regalo mejor para alegría del
niño (y del que hizo el regalo) Pero ¿y los que no tienen ¿saben ellos que es
navidad? Puesto que en esto es en lo que se ha convertido la navidad, no en una
celebración de buenos propósitos sino en una demostración vanidosa de lo
material.
En estos días, de una celebración
que no es tal puesto que Jesús no nació tal día como hoy ¿podemos imitar su
buena voluntad? “Gloria en las alturas a
Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad”. (Luc.2:14)

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