Por: José Antonio Cordoba
¿De cómo afrontamos este 2015?, me figuro que otros
buenos compañeros articulistas darán buena cuenta de ello, o incluso ya lo han
hecho.
¿De cómo hemos acabado y empezado el año?, bueno,
por lo visto y hasta el momento sin pena ni gloria. Estos días me comentaba una
buena mujer, joven, aún en estas lindes de la vida, pero muy especial para mí,
así: “Gran hipocresía la del ser humano en estos días, ante una mesa”. No podía
por menos que alabar su más que extensa reflexión. Y es verdad, hemos sustituido
ese supuesto amor, o como carajo se llame, por una hipocresía pura y dura,
donde todo son buenas sonrisas en labios y de miradas tan afiladas como una
daga, en ojos y gestos. Ese “amor solidario”, se ha sustituido por un protocolo
tan hipócrita que hasta los medios de comunicación nos indicaban en la mañana
del 25 de diciembre, como abrir la puerta a la familia que llegaba a tu casa,
¡y que por supuesto!, llegaba entre ellos esa persona que no te agrada ni en
fotos, pues ahí que tú, sonrisa, besitos, coqueteo, y si te mira mal, “pues
oye, che” tú le devuelves una sonrisa agradable y benévola, y ¡un carajo!,
vamos a ver, si tal, no te cae bien, ¡“pa” que narices invitas!. Y si por el
contrario eres tú, quien sabes que no eres aceptado y vas a un campo de
batalla, ¡“pa” qué vas criaturita de Dios!
Amigas/os, se va por morbo, para después tener
hasta la próxima cena de Navidad, motivos de recriminación hacia la madre o
padre de…, mira tu hermana/o, ¿de tu “cuña/o” que me dices…?, tú tía/o mira lo
que me ha dicho, ¡si lo sé no voy!, -¡mentira, que si lo sabes y aun así vas!-,
y si nos falta alguno de los recursos expuestos, siempre nos quedará: ¡hay que
ver lo que le ha dicho tu sobrina/o a la niña/o!. Y si ella/él pasa del asunto
–como un servidor-, siempre quedará el que te la lie a ti, por no haber estado
pendiente y haber intervenido.
¿La Hipocresía, es nueva en las mesas navideñas del
s XXI?, me temo que no. Siempre ha existido y existirá, pero por el ego de
pertenecer a un grupo familiar o de amigos, cerramos los ojos y llegamos a un
punto en el que se convierte en pura rutina que no se aprecia a simple vista.
Por eso, cuando esta persona me comentaba su
situación, y me refería la hipocresía que estaba viendo, le dije que no se
asustara, el ser humano es así. ¿Por qué?, me preguntaba ella, le referí algo
parecido a lo expuesto más arriba. Indicándole que si lo había apreciado a esta
etapa de su madurez y juventud: “es porque eres especial, tus ojos son capaces
de observar y tu mente capaz de reflexionar sobre lo que los demás ya asumen”.
Llegaran los que a estas letras dirán que no todas
las mesas son iguales, ¡y es verdad!, pero ¿a qué todas las mesas tienen un
soporte?, pues esto de la hipocresía es lo mismo. En todas las mesas la hay.
Tenga la mesa una, tres, cuatro, ocho patas. Sea la mesa redonda, ovalada,
cuadrada, rectangular, etc.
Quien diga, “en mi mesa no hay hipocresía”, será
una/o de estos que ya la han asumido, o como un servidor, que carece de mesa a
la que sentarse. Quien la ve y la permite, es porque en su juventud, la madurez
está evolucionando, o como un servidor que la juventud deja atrás y la madurez
aún no ha acabado su proceso, solo se sienta en la mesa en la que su compañía
es grata y bien recibida, que para hipocresías, ya las llevan los demás.
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