Mi bella Señora, conocí vuestra existencia por lenguas propias que de
vos hablaban, que de vuestra llegada anunciaban a esta orilla del Guadalquivir;
a esta cuna de los Tartessos; a estas aguas, que si bien, es verdad que arrojan
de las montañas del Este, innumerables cosas, entre ellas, gentes y culturas,
no lo es menos, que Vos, llegáis aquí por nuestra bella desembocadura bética
como fenicios, romanos, árabes o vikingos, navegando desde la mar
“oceana”,.
Mi Señora, vuestra cuna estará construida con la madera de aquellas naos
o galeones de la Indias. Vuestras sábanas, hojas de la dulce, rica y majestuosa
pluma de Cervantes. Vuestra almohada, confeccionada con las pinceladas
literarias que gastara Benito Pérez Galdós. Vuestras horas de visitar a Morfeo,
serán acompasadas con las melodiosas lecturas de un Quijote “Lobatino”.
Mi bella señora, vuestros ojos contemplarán muy pronto las maravillas
del Sol en nuestra villa, en nuestras calles, en nuestras plazas o tabernas, no
habréis de asustaros, que explicación tienen mis palabras, pues quien
bien os acompaña, guarda y agrada vuestros oídos con tiernas palabras y
acompasada lectura ─quien el Universo premiará cuando el idioma inconexo
que pronuncien vuestros labios, se transformen en un claro “Papá”─, es
asiduo degustador de los buenos caldos de nuestra comarca. Donde el Sol,
como Vos, nace en cada amanecer.
Vuestra llegada mi corazón y alma llena de satisfacción, y mi reluciente
armadura descansa sobre mis hombros, pues aunque valedores no os faltarán, aquí
hay un Caballero de triste armadura, siempre presto a socorreros por los
caminos de la vida y del alma.
Es vuestra llegada, mi Señora, revuelo en casapuertas, mercados, tiendas
y coros varios. Pues en vuestra humildad, sois tan grande que habéis convertido
la existencia de dos personas, en el centro mismo de un Universo en expansión.
De vuestra madre que deciros, que no sepáis Vos, más, que este humilde
extraño. Vos, que habéis convivido con ella. Habéis sido parte de su vivir, de
sus sueños, de sus sufrimientos, de sus alegrías, ─de la impertinencia del Papi
por las fotos─, habéis cantado, habéis hablando, escuchado música y viajado.
Habéis sido cómplices de pequeños secretos, os habéis sentido mutuamente. Ella,
con cuantos suaves golpecitos os ha llamado, más Vos, mi Señora, de gran
carácter, con fuerte impulsos le habéis respondido. Más todo ello, en el seno
del amor y de la complicidad de dos vidas en una.
Ahora, dos corazones se ha convertido en tres, y no por ello el amor se
ha diluido. Mi señora, vuestra llegada, ha sido el ingrediente a un buen caldo
en crianza, que lejos de avinagrarlo le ha dado un aroma fresco, afrutado, nada
seco, al paladar un poco salado, pero joven y vivo.
Mi Señora, llegan a su fin mis letras, que en nada serán las de aquél
que un día llamaréis papá. Pero estoy seguro que seréis de gran cuna, nada por
títulos nobiliarios, sino por el amor que impregnan las tablas de vuestra cuna.
Sé que al Sol le arrancaréis lágrimas, al ver este que Vos brilláis más que él.
Las estrellas, serán las baldosas decoradas que sostengan vuestros primeros
pasos. Y la Luna, mi querida Señora, la Luna, os arropará cada noche con su
manto plateado.
Yo, simplemente seré una sombra que guarde vuestro caminar, pues de buen
seguro este cansado viajero, aún en su vejez, habrá de aprender de vuestra
juventud, como hoy aprendo de vuestros padres.
Solo me resta deciros mi Jimena, que no dejéis a lo largo de vuestra
vida, de hacer lo que ahora hacéis, ¡de APRENDER!
Disculpadme Chari y Rafa, por haber sido, por un momento, una sombra que
se ha paseado por el dormitorio de vuestra Jimena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario