Por: José Antonio Córdoba
Dicen las Sagradas Escrituras, que a la edad de treinta y tres años, fue enjuiciado y en el Calvario en un madero clavado, y, que respondía al nombre de Jesús, el de Nazaret.
Treinta y tres los años que este buen hombre ha estado en la Hermandad
de la Oración en el Huerto, y como a Jesús, se le ha enjuiciado y de su
cargo cesado. D. Manuel Campos Pérez, ha sido víctima de los mismos
prejuicios, que como a Jesús le pasó con el Sanedrín, a Manuel le ha
pasado con la Junta de Gobierno de esta Hermandad sanluqueña. Una Junta
de Gobierno, de la cual la mayoría de sus componentes no habían
Comulgado todavía con Dios, cuando este buen Capataz llegó a Sanlúcar de
Barrameda.
Cuando en nuestra Sanlúcar aún no se conocía el costal, Lucas Alcón
contacta con D. Manuel Campos y le solicita la colaboración para
transformar la cuadrilla de la “molía” a la de “costal”.
Campos acepta y se trae a Sanlúcar algunos compañeros de la Amargura,
para que le ayuden en esta transformación, entre ellos cuenta con dos
pilares fundamentales, su padre y su primo Rafael.
Los ensayos comienzan a sucederse denotando una filosofía nueva y
clara, que da como resultado, que en poco tiempo se empiece a notar una
transformación en un puñado de chavales y hombres, que empiezan a
comportarse y trabajar como una auténtica cuadrilla. Tal es la
transformación sufrida por la misma, que pese a no ser muy numerosa,
este buen capataz tuvo la osadía de ponerla en la calle un Domingo de
Ramos, afianzando una filosofía que cada vez se hacía más clara, más
pronunciada y mucho mejor realizada. Inculcándonos –pues yo era uno de
los de su cuadrilla- los pilares básicos a los que se debía de aferrar
cualquiera que quisiera ser un buen aspirante a costalero. Y los cuales
no han sido otros durante estos treinta y tres años, que: «SOLIDARIDAD»,
«HUMILDAD», «COMPAÑERISMO», pero sobre todo «SABER SUFRIR EN SILENCIO».
Fue con esa filosofía personal, espiritual y su experiencia, con lo que D. Manuel Campos dio forma a una cuadrilla de “verdaderos gladiadores del costal”,
con una peculiar forma en sus andares, que no es mejor ni peor, a los
de otras hermandades, pero eso sí, totalmente distintos. Hecho que así
lo hizo constar D. Antonio Tabiel de Andrades, que bautizó a esta
cuadrilla como «los Ángeles Costaleros»
La
llegada de D. Manuel Campos Pérez a Sanlúcar, al mundo cofrade
sanluqueño y a Gracia y Esperanza, significó un antes y un después en la
forma de andar de los pasos de palios locales. Algo que no significó
para él “una carrera de rosas”, fue criticado por llevar en aquella época dos relevos por palo. Y me pregunto: ¿Qué cofradía al día de hoy no le ha dado la razón?,
si todas llevan actualmente dos cuadrillas. Más, siguió estando en
boca de la gente, cuando se atrevió a hacer algo que en Sanlúcar todos
veían impensable. Él fue el primero en soltar los varales de palio, señoras y señores del mundo cofrade, ¿cómo llevan actualmente los pasos de palios, sus varales? No puedo olvidar, las críticas recibidas constantemente, por llevar un contraguía, ciego.
Para mí, esto dice mucho del tipo de persona es este capataz, y del
corazón que alberga en su interior. Ya que este contraguía, ciego, le
dio todo como patero debajo de María Santísima, ¡el mejor!
Podría seguir enumerando muchísimas cosas más, pero creo que esto, no es, de lo que realmente tenemos que hablar.
Este
hombre, más que un capataz, ¡que lo es!, ha sido siempre un buen amigo y
una mejor persona, preocupándose en todo momento por el bienestar de los pies de María Santísima.
De
esta cuadrilla a cargo de D. Manuel Campos han salido las bases para
otras hermandades, podría hablar de algunos de los capataces que hoy
tenemos en la Carrera Oficial de Sanlúcar de Barrameda, ¡que miren por
dónde!, creo que “a buen entendedor pocas palabras bastan”
Él
tiene una forma muy particular de motivar a sus costaleros,
precisamente en esos momentos malos que todo recorrido tiene, es donde
le podemos oír decir: “¿Lo bajamos o hay huevos para otra marcha?”.
¡Sepan!, que nunca, nunca jamás su cuadrilla ha dicho, ¡bájalo! Y
cuanto menos fuerza te queda, él se busca de una forma u otra una
palabra idónea para incentivarte, para animarte, para darte fuerzas en
ese mal momento. Pero lo que le hace aún más grande, es cuando dice: “¡Ahí queó!”, para a continuación decirnos: “¡Este paso no se arría, se posa!”, con la dificultad que eso nos conlleva.
Dice
el refranero español: “A rey muerto, rey puesto”. El “vete y direte” se
ha hecho realidad, en la Oración en el Huerto de Sanlúcar de Barrameda,
D. Félix de los Reyes, inicia su andadura como capataz de Gracia y
Esperanza. Un lugar que nunca debió de perder, como muchos ahora
pronostican “que nunca debió de irse”. Recordar que quien lo sacó de las
trabajaderas de Gracia y Esperanza en un ensayo fue D. Manuel Campos,
para que empezara su formación como capataz, ¡algo le vería al muchacho
D. Manuel! Pero he aquí que las paradojas existen, y este alumno
aventajado, es cesado en su cargo de segundo capataz por D. Manuel, ya
de D. Félix de los Reyes, cometió una indisciplina, que nunca debió de
hacerla, como fue el “manipular” junto a otro componente de la
cuadrilla, el palio de Gracia y Esperanza, eso sí es motivo de cese
irrevocable.
¿Qué motivo real y de peso son los que sustentan la Junta de Gobierno, para el cese de D. Manuel Campos?
Quede
claro que damos personalmente la enhorabuena a la Junta de Gobierno de
la Oración en el Huerto de Sanlúcar de Barrameda, por su gestión al
frente de la misma, estos tres años. Pero en el caso que nos atañe, no
podemos compartir la decisión adoptada contra la figura de D. Manuel
Campos, ya que como capataz de Gracia y Esperanza durante treinta y tres
años, su cese debiera de haber sido por la puerta grande de esta casa
de Dios. Un cese que ha carecido en todo momento de elegancia, respeto,
agradecimiento y reconocimiento, para una persona como D. Manuel Campos,
que en estos treinta y tres años, ha convivido con otras Juntas de
Gobierno en esta su Hermandad y con las que nunca ha tenido una
discrepancia, algo estimado hermanos de la actual Junta de Gobierno de
la Oración en el Huerto, que con ustedes no se puede suscribir lo mismo,
pues desde que tomaron posesión del cargo, todo han sido “dimes y
diretes”, pegas y actitudes déspotas a la hora de dirigirse a este
capataz como a los costaleros. Quizás, sea achacable a la inexperiencia
de la que gozan, pero las palabras llegan al corazón y hacen tanto daño
como vuestras acciones.
Lo
que nos deja claro, que los valores que Manolo Campos ha impartido
durante estos treinta y tres años, son algo de lo que ustedes no hacen
gala, pues les recuerdo que pese a: «SOLIDARIDAD», «HUMILDAD»,
«COMPAÑERISMO», y «SABER SUFRIR EN SILENCIO». A Don Manuel Campos le
avala su forma de trabajar y de la que ha dejado constancia en esta
Hermandad, para lo cual la actual Junta de Gobierno debería de haberle
abierto las puertas de nuestro templo y corazones, como tantos años él a
hecho.
Por esto y otras muchas cosas, solo noS resta hacer saber a D. Manuel Campos Pérez, que:
“¡Tus ÁNGELES COSTALEROS te hacemos entrega de nuestros VERDES CORAZONES, y por siempre, amigo, GRACIAS!”
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