Por Rafael Romero, colaborador del semanal El Independiente
Quedamos para tomar café en el bar de siempre.
Al cruzar la plaza me fije en el reloj, daban las 5:20 de una fría tarde de
otoño. Entre la poca gente que había me quede observando a un señor de mediana
edad, sentado en su silla de ruedas alimentando a las palomas con migas
de pan, este sonreía y parecía estar feliz al ver como le
revoloteaban en el regazo y su cabeza. En vano, manoteaba con
cuidado para deshacerse de los ávidos plumíferos, sin embargo no perdía
ni la paciencia ni la sonrisa; Me la contagio.
--(recuerdos de niñez)--
Llegue al bar, confirmando con una rápida ojeada que mi amigo era tan puntual como siempre, no estaba, así que me dispuse a pedir un café y salir a la terraza a esperarlo.
Al cabo de un rato y con un golpe en la espalda me saludo, se sentó frente mi y se dispuso a vaciar sus bolsillos de móvil, cartera y tabaco para ponerlos encima de la mesa.
La charla era amena y divertida como siempre, tratando de arreglar el mundo bajo nuestro punto de vista. El futbol y sobre todo la política, acaparaba la mayor parte de la conversación.
-- (de juventud) --
Entre risa y risa observe que se nos acercaba un tipo con una vestimenta poco común, no lo digo por su pantalón y camisa, sino por la cantidad de marcas de productos que tenían en su ropa, al igual que un piloto de formula 1. Se le podía distinguir las marcas que pagan mas por su tamaño y su localización, entre ellas se podían ver, Bancos, compañías petroleras y eléctrica, junto con otras compañías grandes del país. Supuse que era un vendedor, sabe dios de que, pero vendedor al fin y al cabo.
Se nos presento con un nombre que la verdad no recuerdo, pero si recuerdo que rebosaba de amabilidad, respeto y sobre todo, seguridad de si mimo.
Nos dio unos papeles que saco de su maletín y empezó a vender sus ideas. Todas eran muy bonitas e ideales para mayoría de las personas, por lo que resultaba irreal al mismo tiempo.
A los 5 minutos de haberse despedido, llego otro con la misma pinta, y otro y otro. Si no fuera por el color del papel y alguna otra cosilla, era lo mismo.
Todos llevaban un letrero en la espalda, POLITICO.
-- (desempleado, y esto no es un recuerdo) --
--(recuerdos de niñez)--
Llegue al bar, confirmando con una rápida ojeada que mi amigo era tan puntual como siempre, no estaba, así que me dispuse a pedir un café y salir a la terraza a esperarlo.
Al cabo de un rato y con un golpe en la espalda me saludo, se sentó frente mi y se dispuso a vaciar sus bolsillos de móvil, cartera y tabaco para ponerlos encima de la mesa.
La charla era amena y divertida como siempre, tratando de arreglar el mundo bajo nuestro punto de vista. El futbol y sobre todo la política, acaparaba la mayor parte de la conversación.
-- (de juventud) --
Entre risa y risa observe que se nos acercaba un tipo con una vestimenta poco común, no lo digo por su pantalón y camisa, sino por la cantidad de marcas de productos que tenían en su ropa, al igual que un piloto de formula 1. Se le podía distinguir las marcas que pagan mas por su tamaño y su localización, entre ellas se podían ver, Bancos, compañías petroleras y eléctrica, junto con otras compañías grandes del país. Supuse que era un vendedor, sabe dios de que, pero vendedor al fin y al cabo.
Se nos presento con un nombre que la verdad no recuerdo, pero si recuerdo que rebosaba de amabilidad, respeto y sobre todo, seguridad de si mimo.
Nos dio unos papeles que saco de su maletín y empezó a vender sus ideas. Todas eran muy bonitas e ideales para mayoría de las personas, por lo que resultaba irreal al mismo tiempo.
A los 5 minutos de haberse despedido, llego otro con la misma pinta, y otro y otro. Si no fuera por el color del papel y alguna otra cosilla, era lo mismo.
Todos llevaban un letrero en la espalda, POLITICO.
-- (desempleado, y esto no es un recuerdo) --
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