Autor: Jose A. Córdoba, colaborador del semanl El Independiente
A razón de las últimas charlas a las que he asistido, vienen las presentes
letras.
La complejidad de la sociedad sanluqueña, a tenor de los últimos datos,
sufre un estancamiento con claros signos de retroceso, no se sabe hacia donde.
Muchos se preguntarán, ¿en qué?, la respuesta es sencilla a la vez que
preocupante, ¡en todo!
En todo, pues desde la educación, pasando por el consumo, la cultura o la
salud entre otros, queda patente el estado de inactividad que estamos viviendo.
Veamos por ejemplo, la poca asistencia a las últimas huelgas de estudiantes,
donde un elevando porcentaje de alumnado –con facultad para ejercer este
derecho-, lo hace para no asistir a clase. Pero es que los padres, fomentan esa
actitud, si bajo es el porcentaje de participación estudiantil, el de los
padres es aún más bajo. Prueba de ello es la no asistencia a las innumerables
charlas formativas e informativas que asociaciones y profesionales imparten
anualmente y donde el aforo nunca sobrepasa la cantidad de 40 ó 50 personas, se
toque el tema que se toque.
La sociedad sanluqueña, partiendo de un elevado índice de analfabetismo, se
encuentra invadida por un bombardeo constante de productos de consumo, de
tecnologías, de políticas, de conceptos nuevos, que le son de difícil
comprensión y que se asumen de copiar al vecino, quien a la vez lo ha copiado
de unos medios de comunicación, que lejos han dejado de ser informativos para
convertirse en verdaderos espejos publicitas de grandes multinacionales del
consumo en todos sus géneros.
Puede extrañar mis palabras al salir a la calle. Pero en verdad, pensemos un
poco. ¿Qué es lo primero que vemos de un regalo? Efectivamente, su envoltorio.
Pues eso es lo que estamos viviendo y viendo a diario, el envoltorio de ese
regalo que es nuestra sociedad local. Y con el envoltorio nos hemos conformado,
negándonos rotundamente a eliminarlo, y ver, lo que se esconde debajo.
Lo triste de ello, es que esto es un efecto que se está legando de
generación en generación, sin darnos cuenta, o mejor dicho, sin querer darnos
cuenta.
Hace unos días lo comentaba en una reunión: “necesitamos de cambiar nosotros
primero, antes de convencer o cambiar al político o a la multinacional”
Mientras sigamos teniendo miedo al cambio, solo seremos “críticos de barra
de bar”, como padre y miembro del movimiento asociativo de madres y padres,
esta actitud me preocupa cuando veo como la están cultivando los jóvenes, esos
futuros ciudadanos, que serán padres y madres en un futuro que está a la vuelta
de la esquina.
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