El que se nos diga que la
constitución garantiza que todos los
españoles somos iguales ante la ley, es algo que no se cree, a estas alturas,
nadie. Los escándalos de corrupción en
los distintos partidos y sindicatos, y en otras instituciones como es la de la
monarquía, nos hace ver que aun hoy en día existen ciudadanos de primera y
ciudadanos de segunda (y si me atrevo de tercera) Bien, esta es la situación a
la que nos ha llevado estos años de transición política.
La
cuestión es: ¿que va a seguir ocurriendo? ¿Seguirán dándose casos en el que
nuestros gobernantes y líderes se aprovechen de nosotros y mientras ellos viven
opulosamente, nos tienen a nosotros con la sangre en el cuello?
No
se que pensaran muchos pero yo opino que si. Que mientras que vivamos
comandados por personas simples viviremos soportando los males de estas simples
personas. El ser humano es corrupto por naturaleza. Pero esto no es excusa.
Sentimos la obligación de demandar representantes útiles y honrados que sean
ejemplos de comportamiento honesto.
Nuestra
ciudad también requiere de esto puesto que muchos de nuestros políticos han
hecho de esta su profesión y esto trae que uno busque sus intereses personales
por encima de los de los ciudadanos. En cierta ocasión alguien dijo “¿que
político hay que valga algo?”. La respuesta siempre es la misma para todos
aquellos que vivimos ajenos a ese mundo. “Ni uno solo”.
Por
ello, se necesita que hagamos un cambio total en nuestro modo de vivir, una revolución
mental, una revolución que cambie nuestros valores, nuestras metas, nuestro
estilo de vida. Cuando nosotros hayamos cambiado, entonces podemos decir que de
entre nosotros podemos elegir a alguien con las cualidades y virtudes
necesarias para ser nuestro representante político.
El problema esta en: ¿que hacemos
mientras tanto?
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