Editorial Nº 97
Esta es
una pregunta que nos la hacemos día tras día. El mundo en el que
vivimos va demasiado deprisa. Esta prisa es debido a una ansiedad que
poseemos los humanos por el progreso destructivo como lo vemos
diariamente.
La
humanidad está sujeta al materialismo cambiante de unos invasores
llamados capitalistas, banqueros, dictadores, políticos, maleantes,
destructores, indeseables, y un sin fin de calificativos, que nos ha
traído un progreso inútil, que no hace más que destruir la
naturaleza, contaminándola; ya su vez, creando la fatalidad en la
cuál nos han metido.
El
ejemplo es que desde hace cincuenta años, estoy viendo que el poder
material ha ido destruyendo los valores humanos, y el respeto de unos
y otros.
Es
peligroso el armamento nuclear que poseen muchos países capaces de
destruir el planeta en horas. La energía nuclear se inventó para
mejorar las relaciones humanas. Pero ¡no! Solo les importa a los que
mandan el poder al precio que sea.
Cuantas
personas, hoy por hoy, a paso gigantesco están perdiendo sus
viviendas, y se quitan la vida por no poder afrontar el sufrimiento
que esto conlleva. Las enfermedades, ansiedad, depresión,
enfermedades raras… ¿Qué leyes les ayudan y protegen?
El
poder, el mandar, el crear leyes destructivas y la humanidad
padeciendo unos y otros. Y encima el tercer mundo, la hambruna que
vendrá a traer las invasiones a los países que son ricos. Y vemos a
esos africanos que se ahogan porque no pueden vivir en sus tierras.
Todo
esto que está sucediendo es consecuencia de la mala gestión de los
que mandan. ¿Cuántos han creado una empresa en los últimos diez
años? Hoy están destruidas, hipotecadas y empobrecidas. El mundo no
puede soportar el estado actual porque es imposible su sostenimiento,
como muy bien lo saben los grandes economistas e intelectuales.
Se llama
la atención, que el sistema mundial es un fracaso gigantesco, y si
esto sigue así, las consecuencias serán fatales para todos
nosotros, los que habitamos este planeta.
El
propio papa Francisco ha llamado la atención al mundo diciendo que
lo que ocurre es una vergüenza mundial. Pero yo, como un ciudadano
cualquiera lo considero un crimen, un crimen contra la humanidad, que
de seguir así, nuestros hijos no tendrán futuro, y acabará en
destrucción.
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