Autor: Jesús Rivero Ruso
A veces, por la noche, cuando mi cuerpo habito,
cuando el ruido nocturno sacude los cristales,
pienso en esos políticos por no pensar en nada
y siento de improviso sudores de alegría.
Su piso reluciente de adornos niquelados,
la sala florentina y el ventanal florido;
las facturas pagadas y la cuenta boyante;
familiares alegres con voz entreverada.
Pienso en un congreso decrepito y corrupto,
en siglas que se aúnan para seguir robando,
en pueblos como el mio.
Pienso en politicuchos que solo piensan en ellos,
que venden a personas y compran sus favores,
educan a sus hijos con aires refinados
y dan dos golpecitos con gesto campechano
al asesor asiduo que dicta su camino.
Resulta confortable pensar en esas cosas
cuando es solo la noche lo poco que nos queda
porque siempre sería más desconsoladora
la idea de esos hombres que viven como pueden
y sabe Dios qué comen al fin de la semana.
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