Editorial Nº 95
“Y yo mismo regresé para poder
ver todos los actos de opresión que se están haciendo bajo el sol, y ¡mira! Las
lagrimas de aquellos a quienes se oprimía, pero no tenían consolador; y de
parte de sus opresores había poder, de modo que no tenían consolador. (Ecl.4:1)
Abrimos hoy esta editorial con
una cita bíblica que, escrita hace años, parece ser que ha sido redactada en
nuestros tiempos por alguien que está padeciendo los antojos y caprichos de la
clase gobernante y la clase empresarial
que hace que estemos todos nosotros sufriendo, nosotros, los de clase
media y baja, el ciudadano común, ese que se ha hartado de trabajar toda su
vida para poder tener un pisito de setenta y cinco metros y un coche. Algunos
tal vez cogían una semana de vacaciones, no más, pues el jefe se podía
mosquear.
Si, ese es el ciudadano común,
aquel que ahora ha perdido su casa y su trabajo, el coche no lo ha perdido,
pero ya tiene catorce años y está para la chatarra, aunque lo coge poco debido
a que no tiene para el seguro ni para la gasolina.
Este es el ciudadano común, aquel
que está oyendo de la clase gobernante y empresarial que la culpa de todo es
suya, por haber querido tener un piso y un coche, incluso algunos se atrevieron
a coger una semana libre para irse de vacaciones. Y te señalan con el dedo
mientras lo pierdes todo. Y todo lo que pierdes ellos se lo llevan.
Este es el ciudadano común, tu y
yo, el españolito medio, aquel que hace lo que sea por unas miserables monedas
porque a eso nos tienen acostumbrado; y no hay quien nos consuele, ni la clase
gobernante, ni la clase rica y empresarial. No tenemos nada ni a nadie,
excepto…
… solo a nosotros. El ciudadano
media se da cuenta de que tiene la fuerza de ser la mayoría, que la da la
unión. Y el ciudadano medio grita ¡basta! Y da un golpe con su puño y se pone
en pie y todo comienza a cambiar.
Pero es solo un sueño ¿o no?
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