Autor: Víctor Corcoba Herrero, colaborador del semanal El Independiente
Me afano en escribir
versos y en describir pulsos.
Soy un desvelo con la
palabra, sueño con ella,
vivo y me desvivo en
concebir latidos que entrego,
por caminar y hacer
camino a corazón abierto,
por escuchar al que no
tiene voz, pero tiene luz,
una luz que me empapa
los ojos de entusiasmo.
Son muchos los egoísmos
que nos impiden ver.
Hemos puesto la mirada
en adueñarnos de la vida.
Pensamos que el mundo
es nuestro y es de todos.
Nos mueve el interés
en lugar de la donación.
Hay historias obscenas
que uno mismo cultiva.
La necedad a fuerza de
cautivarla nos domina.
Desde el primer
amanecer, los necios son mayoría.
Despertemos a la vida y
no desesperemos al hacerlo.
Despojémonos de
mercaderes, que uno vive para sí.
No perdamos la razón
de vivir por vivir la vida.
Tenemos la certeza de
que la vida misma está en mí.
Venimos de allá y allá
regresaremos como un hálito.
Porque nada tiene más
valor que un soplo de aire
en un cuerpo humano,
que la humildad prendida
a unos labios
entregados al comenzar cada día,
para ser el instante
poético que el alma precisa,
para ser el manantial y
el itinerario del cauce
por el que peregrina
Dios, para sentirnos fuente.
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