Editorial 105
Libertad de expresión.
Es este, sin lugar a dudas, uno de los mayores logros que hemos
conseguido a través de años de lucha democrática; poder
expresarnos, decir lo que queramos en el medio o plataforma que sea.
Está claro que esto lo valoramos todos entendiendo que hay unos
limites, el decoro, la injuria, la falsedad, el vocabulario soez, y
tantas y tantas normas de protocolo que tenemos y debemos de tener en
cuenta.
Pero a raiz del vil
asesinato en días pasados de Isabel Carrasco, y aunque es cierto que
se produjeron en la red comentarios deleznables, parece ser que el
gobierno se prepara para acometer una ofensiva contra las redes
sociales. No para perseguir a aquellos que hacen apología de la
violencia, sino para ponerle limites a la libertad de expresión. ¡Y
esto es inconcebible!
Estamos perdiendo cada
vez más nuestros derechos... ¿por qué esta acometida contra las
redes sociales? ¿Por que no se detienen a personas que dicen
barbaridades como “que se es superior intelectualmente a una mujer
por ser hombre”, o tantas y tantas barbaridades que hemos oído
decir por parte de algunos representantes políticos, y de
periodistas afines a estos, barbaridades tan grandes que si que sería
para juzgarlas.
¿Y donde ponemos la
norma, el listón? ¿Que es ofensivo y que no? ¿Quien se encargará
de decidir que cosas son éticas y cuáles no? ¿Y la ética de
quien?
Son estas unas cuestiones
que hacen que, al reflexionar sobre ellas, nos pongamos a pensar que
“si esto sigue para adelante, se nos acabará nuestra libertad de
expresión.
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