Autora: Mary di Matteo
En
la actualidad la adopción se ha convertido en un negocio sumamente
lucroso, tanto para países proveedores como para las instituciones
de adopción que han encontrado en este sistema un negocio
millonario. Funcionan como intermediarias entre los futuros padres y
el país de origen del niño a adoptar, cobran mucho dinero
por el servicio que prestan y que puede oxilar entre
20.000 a 30.000 Euros dependiendo del país de origen.
Se
debe destacar que la búsqueda de menores
en el exterior no se relaciona solamente con la reducción de la tasa
de natalidad como es el caso de Alemania, donde la natalidad
es inferior a la mortalidad; razón por la cual van a
buscarlos en los países donde sobran que por regla general suelen
ser los mal llamados subdesarrollados. En los países
proveedores de bebés la tasa de natalidad es alta pero
muchas mujeres no pueden hacerse cargo de sus hijos. El ser madres
pobres y desamparadas las pone al servicio de las mafias que se
lucran con el tráfico de menores. Estas organizaciones mafiosas se
apropian de los niños para ofrecerlos en adopción en los países
más ricos. En muchos casos las mujeres más desamparadas se
convierten en fábricas de bebés que producen niños sólo para
venderlos y obtener algo de dinero para sobrevivir.
Existen
países donde el número de hijos a tener es limitado por las leyes
internas, así como una gran burocracia galopante lo cual empuja a
buscar niños en el exterior, ya que pagando se acorta el tiempo de
espera.
Para
evitar estos problemas, en 1993 La Conferencia de Derecho
Internacional Privado de La Haya, redactó el convenio sobre la
Protección de Niños y la Cooperación en materia de Adopción
Internacional. Su objetivo principal es garantizar que las adopciones
internacionales respeten sus derechos fundamentales y prevenir la
sustracción, la venta o el tráfico de niños. Pero a pesar de de la
vigencia de dicho convenio, no se han podido evitar irregularidades
en estos procesos.
Quiero
concluir explicando la motivación personal que genera
en mí, el tema de la adopción; ya que trabajo en contacto directo
con público y vivo muy de cerca las experiencias de padres adoptivos
así como de padres de acogidas que se dedican a cuidar niños que se
encuentran en fases de adopción. Mueve mis entrañas la felicidad de
esos niños y la relación que se observa entre ellos (padres e
hijos) aun no habiendo fusión de lazos sanguíneos. Me emociona ver
cómo a pesar de toda la burocracia y poder económico que implica
este proceso de adopción, hay personas que renuncian a un
mejor bienestar material para entregarse a la no fácil tarea de
criar, educar, dar amor y velar por otro ser humano totalmente
desprotegido. No puedo menos que pensar, en la grandeza de la vida y
en el axioma de que el Amor es el motor del mundo.
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