viernes, 27 de junio de 2014

La ira... una emoción negativa

Autora: Mary di Matteo

Las emociones son estados afectivos internos que influyen en el organismo y según a que categoría pertenezcan, podemos determinarlas como positivas o negativas. En el caso de la Ira podríamos asegurar que es una emoción negativa que implica un estado de irritación y enfado violento, que conlleva a la pérdida del dominio de sí mismo. Hubo situaciones difíciles en mi vida, que me llevaron a dejarme dominar por la Ira y que me acompañó por un largo período, lo cual me condujo a reflexionar sobre ella.
Generalmente nos invade la Ira cuando tratamos de defendernos de aquellas situaciones que consideramos que nos perjudican, pero cuando caemos en estos estados de manera recurrente perdemos la capacidad de canalizarlos y sufrimos desequilibrios emocionales que causan depresión y ansiedad que muchas veces producen neurosis y psicosis y también cáncer. Por lo cual es de necesidad aprender a manejarla.
Una buena solución a esta problemática lo constituye el conocimiento espiritual, pues cuando hacemos conscientes las causas que nos perturban, los problemas cesan, este es el gran principio del psicoanálisis. Reconocer que somos víctimas de la Ira y aprender a identificar las situaciones que nos provocan malestar, para poder actuar a tiempo, impidiendo que se acumule en nuestro interior es hacer esas situaciones conscientes, lo que nos beneficia para aceptarlas y no permitir que nos invadan. Si trabajamos las causas que nos hacen sentir esa emoción, nos volvemos más reflexivos y cautelosos en el momento en que aparezcan las señales.
El segundo paso es aplicar la voluntad con conocimiento de causa para controlar las señales que provocan la Ira. Cuando no reconocemos que somos víctimas de la Ira adoptamos una actitud irresponsable respeto a nuestras reacciones. Cabe destacar que la Ira es una emoción compleja, ya que si la reprimimos su energía se acumula y nos desequilibra; y si la exteriorizamos sin control, nos llevará a actuar impulsivamente, creándonos sentimientos de culpa y arrepentimientos.
Un método práctico para controlar la señales que producen Ira es contar hasta diez, hacer respiraciones profundas o alejarnos físicamente de las situaciones conflictivas, contribuirá a que podamos pensar con calma y no actuar de forma precipitada.
Trabajar la Ira nos ayuda a comprender cuando actuamos con excesos que provocan agresiones a los demás, que muchas veces dejan secuelas en nuestras relaciones interpersonales. También nos ayuda a identificar las agresiones provenientes de los demás, casos en los cuales no debemos tomar revancha y comprender que esas personas lo están pasando mal, mantener el respeto mejorará nuestra comunicación.

No permanecer como víctimas de la Ira nos ayuda a luchar en contra de ella y encontrar soluciones constructivas, asimismo, dejamos de dañar nuestra autoestima y activamos nuestra capacidad de reacción, para ir cambiando aquellas actitudes que nos perjudican. Y lo más importante, probablemente, es que podemos descubrir que detrás de la Ira, se esconden otras emociones enmascaradas, y la Ira sólo actúa como una defensa ante esos sentimientos que pueden ser más dolorosos, aún para la persona que los padece y que requiere en la mayoría de los casos que busquemos ayuda terapéutica. Esos sentimientos perniciosos están constituidos por traumas y experiencias negativas ocurridas en nuestra vida, sobre todo en nuestra infancia y que moran en el inconsciente.

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