Autora: Mary di Matteo
Las
emociones son estados afectivos internos que influyen en el organismo
y según a que categoría pertenezcan, podemos determinarlas como
positivas o negativas. En el caso de la Ira podríamos asegurar que
es una emoción negativa que implica un estado de irritación y
enfado violento, que conlleva a la pérdida del dominio de sí mismo.
Hubo situaciones difíciles en mi vida, que me llevaron a dejarme
dominar por la Ira y que me acompañó por un largo período, lo cual
me condujo a reflexionar sobre ella.
Generalmente nos invade la Ira cuando
tratamos de defendernos de aquellas situaciones que consideramos que
nos perjudican, pero cuando caemos en estos estados de manera
recurrente perdemos la capacidad de canalizarlos y sufrimos
desequilibrios emocionales que causan depresión y ansiedad que
muchas veces producen neurosis y psicosis y también cáncer. Por lo
cual es de necesidad aprender a manejarla.
Una buena solución a esta problemática lo
constituye el conocimiento espiritual, pues cuando hacemos
conscientes las causas que nos perturban, los problemas cesan, este
es el gran principio del psicoanálisis. Reconocer que somos víctimas
de la Ira y aprender a identificar las situaciones que nos provocan
malestar, para poder actuar a tiempo, impidiendo que se acumule en
nuestro interior es hacer esas situaciones conscientes, lo que nos
beneficia para aceptarlas y no permitir que nos invadan. Si
trabajamos las causas que nos hacen sentir esa emoción, nos volvemos
más reflexivos y cautelosos en el momento en que aparezcan las
señales.
El segundo paso es aplicar la voluntad con
conocimiento de causa para controlar las señales que provocan la
Ira. Cuando no reconocemos que somos víctimas de la Ira adoptamos
una actitud irresponsable respeto a nuestras reacciones. Cabe
destacar que la Ira es una emoción compleja, ya que si la reprimimos
su energía se acumula y nos desequilibra; y si la exteriorizamos sin
control, nos llevará a actuar impulsivamente, creándonos
sentimientos de culpa y arrepentimientos.
Un método práctico para controlar la
señales que producen Ira es contar hasta diez, hacer respiraciones
profundas o alejarnos físicamente de las situaciones conflictivas,
contribuirá a que podamos pensar con calma y no actuar de forma
precipitada.
Trabajar la Ira nos ayuda a comprender
cuando actuamos con excesos que provocan agresiones a los demás, que
muchas veces dejan secuelas en nuestras relaciones interpersonales.
También nos ayuda a identificar las agresiones provenientes de los
demás, casos en los cuales no debemos tomar revancha y comprender
que esas personas lo están pasando mal, mantener el respeto mejorará
nuestra comunicación.
No permanecer como víctimas de la Ira nos
ayuda a luchar en contra de ella y encontrar soluciones
constructivas, asimismo, dejamos de dañar nuestra autoestima y
activamos nuestra capacidad de reacción, para ir cambiando aquellas
actitudes que nos perjudican. Y lo más importante, probablemente, es
que podemos descubrir que detrás de la Ira, se esconden otras
emociones enmascaradas, y la Ira sólo actúa como una defensa ante
esos sentimientos que pueden ser más dolorosos, aún para la persona
que los padece y que requiere en la mayoría de los casos que
busquemos ayuda terapéutica. Esos sentimientos perniciosos están
constituidos por traumas y experiencias negativas ocurridas en
nuestra vida, sobre todo en nuestra infancia y que moran en el
inconsciente.
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