Editorial Nº 111
Confesándome
como me confieso un gran conversador, y disfrutando de una de esas
conversaciones que uno tiene a lo largo de un entero día, pude
observar como muchas personas sienten temor o vergüenza a decir que
simpatiza con una u otra fuerza política. Claro, que eso es lo
primero que dicen, que yo no soy ni del Psoe ni del PP (como si acaso
no existiesen otras formaciones) El asunto es cuando abren la boca y
comienzan a hablar, entonces es cuando “enseñan la patita”, y
dejan entrever que opción política muestra de sus simpatías.
Posiblemente
la culpa de esto la tenga la misma clase política quienes durante
décadas, las cuatro que llevamos de democracia, han disfrutado de
unos privilegios muy por encima del resto de ciudadanos, y estos,
pudiendo mostrarse respetuosos con sus cargos políticos, atendiendo
sus responsabilidades con rigor y respeto al ciudadano, han tirado
todo por la borda, llegando a hacer que la palabra político sea
antema para un trabajador honrado.
La
palabra político esta convirtiéndose en sinónimo de ladrón,
sinvergüenza, vividor, persona sin escrúpulos, saqueador,
estafador, y un montón de adjetivos que se escuchan en las calles.
Sabemos que no todos son iguales, “haberlos haylos” pero ¿Quiénes
son? ¿Dónde están? En una sola formación política, o repartidos
entre ellas? ¿Y si el político es bueno, honrado, pero milita en
una formación con unas ideas retrogradas, más allá de lo que la
decencia humana demanda en estos tiempos?
Son
preguntas que deberíamos saber y poder contestar en estos tiempos en
el que la sociedad exige una nueva forma de hacer política, una
política social y justa, libre de superioridades de la clase
política. Ahora ya después de las europeas, los partidos políticos
se preparan para unas elecciones municipales. No nos equivoquemos,
estos ya están haciendo campaña, Hagámosla nosotros también. Y
busquemos nuevas opciones, gente nueva, los que están ahora no nos
sirven. Es la triste realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario