viernes, 4 de julio de 2014

Una triste realidad

Editorial Nº 111

Confesándome como me confieso un gran conversador, y disfrutando de una de esas conversaciones que uno tiene a lo largo de un entero día, pude observar como muchas personas sienten temor o vergüenza a decir que simpatiza con una u otra fuerza política. Claro, que eso es lo primero que dicen, que yo no soy ni del Psoe ni del PP (como si acaso no existiesen otras formaciones) El asunto es cuando abren la boca y comienzan a hablar, entonces es cuando “enseñan la patita”, y dejan entrever que opción política muestra de sus simpatías.

Posiblemente la culpa de esto la tenga la misma clase política quienes durante décadas, las cuatro que llevamos de democracia, han disfrutado de unos privilegios muy por encima del resto de ciudadanos, y estos, pudiendo mostrarse respetuosos con sus cargos políticos, atendiendo sus responsabilidades con rigor y respeto al ciudadano, han tirado todo por la borda, llegando a hacer que la palabra político sea antema para un trabajador honrado.

La palabra político esta convirtiéndose en sinónimo de ladrón, sinvergüenza, vividor, persona sin escrúpulos, saqueador, estafador, y un montón de adjetivos que se escuchan en las calles. Sabemos que no todos son iguales, “haberlos haylos” pero ¿Quiénes son? ¿Dónde están? En una sola formación política, o repartidos entre ellas? ¿Y si el político es bueno, honrado, pero milita en una formación con unas ideas retrogradas, más allá de lo que la decencia humana demanda en estos tiempos?


Son preguntas que deberíamos saber y poder contestar en estos tiempos en el que la sociedad exige una nueva forma de hacer política, una política social y justa, libre de superioridades de la clase política. Ahora ya después de las europeas, los partidos políticos se preparan para unas elecciones municipales. No nos equivoquemos, estos ya están haciendo campaña, Hagámosla nosotros también. Y busquemos nuevas opciones, gente nueva, los que están ahora no nos sirven. Es la triste realidad.

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