Editorial Nº 123
Filoxenia, de esta
palabra griega, cuya traducción literal es afecto, bondad a los
extraños, se deriva la palabra hospitalidad. Y a lo largo de los
siglos, se ha practicado entre las personas este sentimiento. De
hecho, con toda probabilidad, entre nuestros recuerdos más gratos
encontraremos algún momento en el que cierto conocido, familiar o
amigo, nos invitó a su casa a pasar un día. Allí nos agasajó con
exquisitos manjares, y todos juntos pudimos disfrutar de unas risas.
Es de esperar que cuando
se trata a nivel institucional, esta hospitalidad la demuestre
nuestros gobernantes, pues son nuestros representantes, y ese es uno
de sus cometidos. Lamentablemente, cuando el otro día una asociación
sanluqueña, la Fundación Puerta de América, entrega sus premios
Capitán de Galeones, ¿donde estaba el anfitrión, a sea, el alcalde
de Sanlúcar? No lo se pero no estaba allí presente, cuando había
ciertas personalidades a los que recibir.
Quizás la falta de
sintonia entre este u la citada asociación pueda haber sido la
causa, no sabemos, lo que no es de recibo que no esté presente por
el feo que se hace a tales invitados. ¿Imaginas que vas a una casa
c0omo invitado y el anfitrión no aparece por allí porque ha
discutido con la familia? ¿Que diríamos? Vaya anfitrión, que poca
personalidad, menudo respeto nos tiene...
El asunto estriba en que
en este caso este es nuestro alcalde, el anfitrión es nuestro edil,
y por eso es deél de quien tenemos que pensar que no tiene
personalidad ni respeto hacia los sanluqueños porque nos ha hecho
quedar bastante mal.
Esperemos que no se
repita en otras ocasiones y que nunca abandonemos la senda de la
hospitalidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario