sábado, 20 de septiembre de 2014

La casa maestra (III)

Autor: Jose Antonio Cordoba

la pasaban de una choza a otra, las dos más grandes de las que formaban el poblado. Rodrigo, no pudo creer lo que veía, ¡Samanta, estaba viva¡, quiso salir pero sus hombres lo retuvieron, pidiendo no echara todo a perder, pronto caería la noche y el poblado sería de ellos. Rodrigo se calmó y cambió el plan de ataque, ahora la prioridad era tomar las dos chozas grandes, poner a salvo a Samanta y comprobar si habría mas supervivientes, para terminar arrasando el poblado.
Muy a pesar suyo, Rodrigo tuvo que dejar aquella posición, volver al campamento y prepararse para el combate. De las mulas bajaron cada uno un fardo y lo desliaron, dentro cada uno llevaba un habito negro con la cruz roja que cogía todo el pecho. Rodrigo ordenó vistieran el hábito y con carbón de la hoguera oscurecer rostro y pelo, guardaron todo y se pusieron en marcha.
Entre las sombras de las selvas y amparados en la oscuridad de la noche, unas siluetas parecían volar en torno al poblado, poco a poco los centinelas indígenas fueron eliminados en el mayor de los silencios. De pronto alrededor del claro y tras las chozas, aparecieron fugaces haces de fuego que fueron impactando sobre el techo de las mismas. Al instante un fogonazo de arcabuz, sembró el pánico en la poblado, el ruido y el fuego invadió de confusión a los indios. Mientras los once hombres habían tomado a la par las dos chozas, eliminando con espada y daga, cuantos indios les salían al paso. Al fondo de las chozas encontraron los templarios jaulas, en la que había entrado Rodrigo, encontró a Samanta y varias mujeres. De un tajo desmotó la puerta y fue sacando una a una a las mujeres mientras sus hombres formaban escudo en torno a ellas, por último se acercó a Samanta y le tendió la mano, ella agazapada por toda la confusión y gritos no atinó a ver quien le tendía la mano, entonces Rodrigo se agachó delante de ella y la llamo por su nombre, un frío la recorrió entera, debía de ser locura, -¿Rodrigo allí?, imposible-, ante la actitud de Samanta, Rodrigo la abrazó y la incorporó, ese contacto, ese olor inconfundible,ella reaccionó y entre lágrimas se abrazó a él como si la vida le fuera en ello.

A salir de la cabaña, entre la confusión, sus hombres se batían contra los indios. Se soltó de Samanta, la miró a la cara y le dijo que debía reponerse y proteger al resto de supervivientes -ella había aprendido algunas técnicas de combate, lo tuvo a él como maestro- le entregó una espada y dejándolas a la espalda de la choza volvió con sus hombres y se batieron como solo ellos sabían, BUSCA EL FINAL DE LA HISTORIA EN MI FACEBOOK.

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