En más de una ocasión
he comentado en esta publicación que soy uno de aquellos ciudadanos
que se considera ciudadanos del mundo, que ese sentimiento
nacionalista no es algo que forme parte de mis actitudes y creencias.
Lo cierto es que, y así
lo demuestran los hechos, que el nacionalismo es algo que divide, que
separa, las fronteras han servido para luchas y batallas entre
personas, que siempre acaban pagando las clases más pobres en
beneficio de las más ricas. Fronteras que han sido construidas en
mesas de hombres poderosos y que han variado en función de los
intereses políticos del momento. ¡Por eso no puedo tener ese
sentimiento nacionalista.
Es esta la razón que no
puede entender ese intento de algunos independentista catalanes por
separarse de España ¡lo razonable es construir unidad, primero con
Europa, y después el resto del mundo! Y así seguir avanzando por
valores tales como la igualdad de todas las personas sin que afecte
cosas como la raza, el sexo, su nación o su condición social. Las
fronteras no unen, separan.
Dicho lo cuál, si
pensamos que en Cataluña se debiera de tener el derecho a decidir, y
si no existe las bases legales y constitucionales para ello, habría
que crear el marco y hacer los cambios necesario, para que esto
ocurra. Claro que ese derecho debería de tenerlo las provincias
catalanas y sus localidades, y así cada uno de los ciudadanos a los
que no se les puede obligar ni una cosa ni la otra. ¡Y esto, como es
siempre el nacionalismo, sería un caos, división, desorden!
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