sábado, 4 de octubre de 2014

¡Caos, división, desorden!

Editorial 124

En más de una ocasión he comentado en esta publicación que soy uno de aquellos ciudadanos que se considera ciudadanos del mundo, que ese sentimiento nacionalista no es algo que forme parte de mis actitudes y creencias.

Lo cierto es que, y así lo demuestran los hechos, que el nacionalismo es algo que divide, que separa, las fronteras han servido para luchas y batallas entre personas, que siempre acaban pagando las clases más pobres en beneficio de las más ricas. Fronteras que han sido construidas en mesas de hombres poderosos y que han variado en función de los intereses políticos del momento. ¡Por eso no puedo tener ese sentimiento nacionalista.

Es esta la razón que no puede entender ese intento de algunos independentista catalanes por separarse de España ¡lo razonable es construir unidad, primero con Europa, y después el resto del mundo! Y así seguir avanzando por valores tales como la igualdad de todas las personas sin que afecte cosas como la raza, el sexo, su nación o su condición social. Las fronteras no unen, separan.


Dicho lo cuál, si pensamos que en Cataluña se debiera de tener el derecho a decidir, y si no existe las bases legales y constitucionales para ello, habría que crear el marco y hacer los cambios necesario, para que esto ocurra. Claro que ese derecho debería de tenerlo las provincias catalanas y sus localidades, y así cada uno de los ciudadanos a los que no se les puede obligar ni una cosa ni la otra. ¡Y esto, como es siempre el nacionalismo, sería un caos, división, desorden!

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