Entre
la gente común se producen grandes y pequeñas historias; bellas y
tristes; con penas o alegrías. En definitiva, historias que nos
hacen aprender.
Hoy
traigo una que me han pedido publique, y así lo hago. Como solo
tengo la información que él me cuenta, os la presento como una
carta.
Querida
Bella: Una mañana el destino, Dios, o la causalidad, como gustes de
llamar, quiso que nos cruzáramos. Reconozco que en aquel momento, ni
tu belleza, ni tu fortuna a mi me cautivaron, fueron tus palabras las
que derribaron mis corazas, fue un haz de luz que barrió toda mi
oscuridad, desde entonces cierro los ojos y solo veo tus ojos verdes,
los mismos que me recriminabas por no haberme fijado en un primer
momento. Pero uno es hombre y por lo tato de mente distraída.
El
tiempo en cada uno ha pasado de una forma distinta, a ti te ha
tratado en mejor medida, mejorando tu juventud pasada, de ahí que te
llame “BELLA”. En mi, la juventud me desmejorado, de ahí lo de
“BESTIA”, eso sí, sin castillo, ni opulencias. Ni besos me harán
recuperar una belleza juvenil.
Esta
que es la vida, a cada cual nos a atacado de formas similares, donde
los momentos buenos han sido eclipsados por los malos, perdiendo una
parte de nosotros por el camino, pero a lo mejor de otra manera no
hubiésemos llegado hasta aquí. Tú de rosas por el camino, y yo,
pidiendo que me publiquen esta carta.
No
quiero que esta historia, sea como de las estrellas fugaces, un
instante. Si el tiempo pudiera dominar, los astros y el tiempo
detendría, pero soy un simple mortal con el único poder de mi
orgullo. No tengo oro, ni palacios, solo me tengo a mi mismo y es lo
que te ofrezco. Pudiera prometerte tantas cosas, que dichas promesas
el viento se llevaría. Podría, si fuera mi intención, envolverme
en papel de regalo para ti, pero no sería entonces yo, sería más
de lo mismo que te has encontrado por la vida.
Como
las palabras son del viento, fácil de llevar, pido esta impresión,
para tu corazón. Pues solo tengo el palpitar de las teclas de estas
letras y de mi pequeño músculo romántico.
Esta
Bestia, no es como la del cuento, que sin yo saber tanto gustas,
cuando a las puertas de la muerte, la compasión de Bella lo devuelve
al estado natural. Bestia soy y como tal moriré, y de ti no pido
compasión, sino atención.
Estas
palabras llegan a su fin, solo decir: “Para Bella de Bestia”. Un
día creíste en bellas historias, hoy te pido únicamente que creas.
Creer que puedes recuperar la niña que siempre habita en ti, y que
me ha cautivado.
N.A.:
Espero haber transcrito bien las palabras, con esta carta
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