Por: Víctor Corcoba Herrero
En los
días oscuros, me injerto de versos,
para
que las noches clareen el alma
y los
días amanezcan con el plácido deseo de ser.
En los
días claros, me alimento de silencios,
para
que las sombras clarifiquen el pulso
y los
crepúsculos despunten con el anhelo de vivir.
Tan
necesario como el aire de cada día,
son los
efectos del níveo afecto,
sin el
cual hasta el mismo aliento se adormece.
Evitad
los desconsuelos, que todo pasa,
llegará
el día en que todo será poesía,
sólo
hay que tener el valor de existir por ella.
Si el
pan de cada día es importante,
lo
armónico es fundamental
para
conquistar la vida y reconquistar la luz.
Alcanzaremos
el tiempo en que todo será manso,
en que
después de meditar sobre el camino,
diremos
que somos lo que amamos día a día.
Diré
que no me espanta fenecer en un momento,
lo que
me asusta es hacer de los días un infierno,
y lo
que me desespera es morir hoy sin poder amar.
Ama un
solo día y tu vida habrá cambiado.
Tal vez
algún día dejen a los enamorados,
rehacer
su propia vida, renacer en su propio ser.
Necesitamos
ser abrasados por el amor.
De lo
contrario, unos morirán de frío
y otros
agonizarán de pena con la pena hacia sí.
Quizás
la dicha no sea nada más que un sueño,
y el
dolor una realidad que jamás nos abandona.
Rara
vez duerme, únicamente se cura con la muerte.
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