Por: Víctor Corcoba Herrero
En este campo de inmoralidades en
el que muero cada día,
me hice el propósito de florecer acunado
por el silencio,
no quiero ser un trozo de carne
despreciado con los años,
y tengo la intención de llevarme
a los labios la amapola
con la que tejí un cuerpo más
poesía que metralla.
Me siento abierto a todo en esta
prisión del mundo,
quiero cambiar su espíritu que
rebosa odio por doquier,
persigo alzarme con la justicia,
realzarme con la libertad,
me asiste el más níveo verso para
conquistar corazones
y me auxilia el más etéreo pulso
para reconquistar la luz.
Ya está bien de comer todos los
días una ración de llanto,
y una cazuela de sinsabores
servidos a golpe de timón.
El puchero del mundo sigue vacío
para los indigentes,
mientras los opulentos lo
acaparan todo para su derroche.
Así germina la desesperación en
unos, la soberbia en otros.
Deseo otro trote más humano y
otro trato más amoroso,
todos andamos muy agotados por
exceso de venganza.
También espero no quedarme solo,
mudo y estático,
y no poder ser yo en el trance
hacia otra existencia,
para gritar que sigo vivo y poder
calmar tanto gemido.
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