Por: Víctor Corcoba Herrero
Somos
la palabra, pero también seremos el silencio.
Somos
la sombra, pero también seremos la luz.
Somos
nada, pero también retornaremos a ser todo.
Aquél
que vino para renacernos, también regresará.
Antes
hemos de custodiarnos en el amor y amar.
Que
quien ama, ilumina su propia historia de vida.
Recordémoslo
siempre, antes del fin vendrá Dios.
Esa
transfiguración del yo volverá a ser manantial.
Manantial
glorioso de armonía injertada por el verso.
La
invisible poesía de un alma rescatada, redimida.
Nos
hemos alimentado el cuerpo, ¿pero el espíritu?
Nos
hemos alentado para vivir, ¿mas hemos vivido?
Nos
hemos querido, ¿pero nos hemos dejado querer?
La
necedad nos ha enrejado y sonrojado por dentro.
Liberados
de este cuerpo corrupto, todo será paraíso.
Atrás
quedará esta vida terrena, tormentosa y cruel.
Volveremos
a estar vivos como Jesús lo está ahora.
Reaparecemos
como Él, con Él y por medio de Él.
Nos
restituirá al poema perfecto, al soplo de la paz.
Apiñados
como una piña no hará falta más camino.
El
gozo de sentirse alma y no cuerpo es nuestro destino.
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