Autor: José Antonio Cordoba, colaborador del semanal El Independiente
Al inicio de este nuevo año, creo conveniente plantearnos la cuestión que
figura arriba como título a esta columna.
El nacimiento de Jesús nos abre un año más un universo de posibilidades, de
deseos, de esperanzas, de sufrimientos, de alegrías, en definitiva, un universo
humano.
Soy consciente de que la desesperanza cebada en muchas familias es tal, que,
quizás plantearse a Dios como una salida les resulte insuficiente y a veces
hasta absurdo. Y comparto ese sentimiento. Pero también es verdad, que Dios es
más universal que nuestra irracional mente, por lo cual gentes de distinto
credo y pensamiento sentimos a Dios de igual forma, solo varía el contexto.
Pero es difícil mantenerte en ese lado de la línea que las creencias te
marcan. Ciertamente que la vida son problemas, y cuando careces de ello, no es
que hayas alcanzado la felicidad, simplemente es que has dejado de vivir.
Ahora que se abre nuevamente un horizonte en nuestra vida, debemos de
adentrarnos en él, quizás muchos coincidan en que se ha de entrar sin mirar
atrás. No digo que no sea cierto dicho planteamiento, pero si que debemos de
tener como referencia nuestro pasado, de donde venimos para sentirnos parte del
universo humano y divino.
La venida de Jesús se ha de entender como esa renovación de lo divino con lo
humano, pero no solo en el cristianismo, sino en todas las religiones y
culturas. Desgraciadamente, nosotros solo renovamos el móvil o la tablet, como
elementos que nos tienen vinculados al horizonte.
Las personas que viven en continua complicidad con Dios, son lapidadas por
aquellos que se sienten alejados de la figura universal. Pero a veces es
preocupante pensar que vagamos por nuestra vida sin un fin más grande, que el
de hacer más ricas a las empresas consumistas.
Cuando nosotros faltemos que quedará, facturas sin pagar, móvil, ordenador,
coche, piso y una cuenta bancaria. Todo ello, elementos de discordia entre los
que han de heredar.
Pero aún es peor la superioridad con que algunos se alzan ante ti, dándote a
entender la lejanía de tu mundo con respecto del suyo, propiciando tal ofensa,
que a veces te resulta difícil de entender. Para ellos rescato estas palabras:
«Si tú crees tener la razón quédate así, pero yo me siento ofendido y por lo
tanto no puedo seguir teniéndote confianza y tratándote como amigo», de Miguel
Rodríguez Salas.
Cuando los valores están en fuga solo te queda la persona, el respeto por
quien tienes delante. A veces acertarás, las más te equivocarás, pero siempre
estará el parar, recapacitar y, aunque tarde, el disculpar.
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