Editorial del número 86 del semanal El Independiente
Ya finalizaron las fiestas navideñas, el polvorón y el
mazapán. Ahora nos enfrentamos a la famosa cuesta de enero. ¿Cómo será esta de
empinada? Oímos decir que las cifras económicas ven mejorando, lo oímos en la
tele no en boca de los ciudadanos, y esto hace tener esperanzas. Lo que si está
claro es que cada vez la situación se pone más complicada, más difícil, que ya
para tener esperanzas miramos hacia la próxima fiesta popular, que serán los
carnavales y la semana santa.
Pero ¿Qué es esto? Que solo habrá trabajo de fiesta en
fiesta? Pues la llevamos clara, trabajar cuando nadie quiere, ese es el mundo
que estamos construyendo! Y en Sanlúcar eso es también cierto, ya hemos dicho
que nuestra ciudad carece de los elementos fundamentales para hacer de nuestra
ciudad un lugar prospero, la mala voluntad de nuestros gobernantes que
gobiernan a su aire.
Por ejemplo, ¿Qué lugares se ofrece de entretenimiento a los
jóvenes y mayores para disfrutar de fines de semanas y días festivos? Ninguno.
Entonces… nos vamos fuera, ¿y que pueblos prosperan? Los de fuera, a los que
nosotros nos vamos a gastar nuestra entrada de cine, nuestra hamburguesa o lo
que sea. Y damos inicio a la cadena, el dinero se pone en marcha y, adelante.
Pero aquí no, aquí no hay donde pasarlo bien, y eso, en un
pueblo como este, y en unos tiempos donde el trabajo solo se ve en el sector
servicios es perjudicial. Porque la pesca y la agricultura y a no son lo que
era. Por eso hay que apostar especialmente en servicios, porque dependemos de
el, sin olvidar por supuesto los otros.
Pero la realidad está ahí, y nos encontramos con que el
sanluqueño no tiene ofertas ni lugares de ocio suficiente, ni el que nos visita
de fuera; y acabamos casi siempre en Jerez o en El Puerto. Y llegaran los
carnavales, y nos iremos a Chipiona; ¡si hasta en feria nos acabamos yendo de
Sanlúcar! Señores políticos, comiencen ustedes a trabajar ya, dejad ya de
tantas pamplinas y de egos personales y partidistas, y busquen la manera de
mejorar la situación del pueblo.
Vaya, parece que estaba soñando, y estaba pidiendo ahora mis
buenos propósitos.
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