lunes, 24 de febrero de 2014

Mi patria en mis zapatos

Editorial nº 92

Con el run run de estos días acerca de lo acontecido en la frontera, acerca de cómo de modo inhumano se disparan bolas de goma contra unos seres que sol aspiran encontrar mejor, en base al argumento de que querían cruzar la frontera (que no se yo donde demonios, el que dibujó el mapa de España puso una vaya que yo no la veo), la muerte de algunos de estos. El anuncio suizo de que expulsaran a numerosos extranjeros, por ser extranjeros (algunos españoles y que han cotizado toda una vida), el aumento de los grupos ultraderechistas, el afán independentista de algunos territorios… A todos estos digo: Mi patria en mis zapatos, lo cojo de una canción del mítico grupo “El último de la Fila”.

Si, esa es mi patria, y debería ser la de cada uno de nosotros; sin distinciones, sin prejuicios, mi gente mi patria no es más sino el lugar que me ve todos los días levantar, trabajar, reír y llorar, no importa si estoy aquí o allí. Lo mismo se puede hacer en uno como en otro lugar.

Siempre ha sido una de las máximas aspiraciones humanas la de la igualdad entre todas las personas, sin distinción de razas, credos o nacionalidad, la misma unión europea estipulaba como uno de sus principios prioritarios la libre circulación de sus ciudadanos por todo el territorio europeo, por eso se suprimieron las fronteras.

¿Qué ha pasado con todo esto? ¿A dónde han ido a parar todos esos principios? ¿Por qué los gobernantes han capitulado?¿Qué oscuros intereses hay detrás de esas nuevas formas de pensamientos que se adentran hasta lo más recóndito de los ciudadanos?

O sabría dar respuesta a estas preguntas sin tener que recurrir a teorías de tipo conspiranoides acerca de organizaciones que, estando entre las sombras, manipulan y entretejen nuestras vidas, tan solo para satisfacer su ego. Pero seria solo eso, teorías conspiranoides, y no es este un argumento valido. Deben ser otras las razones. Aunque hay quienes están detrás de todo esto, sacando partido no lo dudo. Pero no importa quien, importamos nosotros. ¿Contribuiremos a dividir al mundo, o a unirlo más?


Sea cual sea la respuesta, quedémonos con la frase del principio: “Mi patria en mis zapatos”

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