Editorial nº 92
Con el
run run de estos días acerca de lo acontecido en la frontera, acerca
de cómo de modo inhumano se disparan bolas de goma contra unos seres
que sol aspiran encontrar mejor, en base al argumento de que querían
cruzar la frontera (que no se yo donde demonios, el que dibujó el
mapa de España puso una vaya que yo no la veo), la muerte de
algunos de estos. El anuncio suizo de que expulsaran a numerosos
extranjeros, por ser extranjeros (algunos españoles y que han
cotizado toda una vida), el aumento de los grupos ultraderechistas,
el afán independentista de algunos territorios… A todos estos
digo: Mi patria en mis zapatos, lo cojo de una canción del
mítico grupo “El último de la Fila”.
Si, esa
es mi patria, y debería ser la de cada uno de nosotros; sin
distinciones, sin prejuicios, mi gente mi patria no es más sino el
lugar que me ve todos los días levantar, trabajar, reír y llorar,
no importa si estoy aquí o allí. Lo mismo se puede hacer en uno
como en otro lugar.
Siempre
ha sido una de las máximas aspiraciones humanas la de la igualdad
entre todas las personas, sin distinción de razas, credos o
nacionalidad, la misma unión europea estipulaba como uno de sus
principios prioritarios la libre circulación de sus ciudadanos por
todo el territorio europeo, por eso se suprimieron las fronteras.
¿Qué
ha pasado con todo esto? ¿A dónde han ido a parar todos esos
principios? ¿Por qué los gobernantes han capitulado?¿Qué oscuros
intereses hay detrás de esas nuevas formas de pensamientos que se
adentran hasta lo más recóndito de los ciudadanos?
O sabría
dar respuesta a estas preguntas sin tener que recurrir a teorías de
tipo conspiranoides acerca de organizaciones que, estando entre las
sombras, manipulan y entretejen nuestras vidas, tan solo para
satisfacer su ego. Pero seria solo eso, teorías conspiranoides, y no
es este un argumento valido. Deben ser otras las razones. Aunque hay
quienes están detrás de todo esto, sacando partido no lo dudo. Pero
no importa quien, importamos nosotros. ¿Contribuiremos a dividir al
mundo, o a unirlo más?
Sea cual
sea la respuesta, quedémonos con la frase del principio: “Mi
patria en mis zapatos”
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