Editorial 99
Colea estos días, tanto
en prensa como en redes sociales, el escabroso asunto de Esperanza
Aguirre con las autoridades, en el que se marchó cuando le estaban
poniendo una multa de trafico. No es que no se nos haya multado
alguna vez, es la actitud arrogante que mostró esta señora para con
los agentes de seguridad )aunque sea de trafico) creyéndose en un
plano superior. “Como me van a multar a mi, es que yo soy...”
Recuerdo como hace años
pasó un asunto similar en nuestra ciudad, unas fiestas locales,
mucha gente en la calle, y un alcalde que quería aparcar en el
parque de bomberos. Como si fuera el dueño absoluto de todo. Bombero
que se lo impide y... bombero que se busca problemas. Todo por la
actitud arrogante del alcalde.
Y es que, el orgullo, la
soberbia, es un atributo más común entre las clases gobernantes. Es
lo que lleva a muchos a, después de haber metido la pata, hasta el
fondo, no reconocerlo y seguir haciendo lo mismo, sin dar marcha
atrás.
¿Será acaso esta la
razón por la cuál el gobierno no da marcha atrás a sus políticas
de recortes cuando está más que demostrado que esta no ha
beneficiado, todo lo contrario, ha perjudicado, al pueblo?
No se, lo que si es
cierto es que las cosas necesitan cambiarse y no se cambian. Será
por orgullo. Recuerdo hace años que me contaban acerca de un señor
que, cuando al tratar con otros, su ego se venía arriba, hacía lo
siguiente: Se apartaba de todos, se miraba ante un espejo y se decia
a si mismo: “Eh, tú, motita de polvo, que tienes tú de lo que
puedas enorgullecerte”.
Quizás nuestros
políticos precisen de cierta dosis de humildad, recordad que solo
son lo que son, motitas de polvo, que solo estarna cuatro, ocho o
doce años, pero acabará con el mismo resultado que todo el mundo.
Difícil lo veo pero...
que vamos a hacer, si solo somos eso, motitas de polvo en un mundo
complicado.
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