lunes, 28 de julio de 2014

¡Nuevo orden!

Autor: Juan Nadie

Mientras que el pueblo, el ciudadano  o el elector (como se le quiera llamar) siga acomodado en la desidia, de ver pasar cada periodo electoral con la misma clase política, en estas mal llamadas democracias; mientras a estos mismos personajes se les siga tratando con la misma condescendencia; el sistema político de los llamados países desarrollados estarán abocados al fracaso. Esta sociedad va irreversiblemente al deterioro, se palpa el negro futuro para aquellos que deben heredar nuestro planeta.
La brutal presión, ejercida por los llamados “otros gobernantes”, esos individuos que planifican las líneas maestras de cada uno de nuestros destinos. Lo fueron del futuro de nuestros padres y mañana lo serán del futuro de nuestros hijos.
No hay que hacer conjeturas conspirativas al estilo del “Club Bilderberg”. Se trata de algo tan sencillo como de encender nuestra tele o nuestra radio y escuchar lo que dicen, o en su defecto, lo que callan. Estos tipos trajeados y con la cara más dura que el cemento, sírvase de ejemplo el director del todopoderoso banco de Santander, Emilio Botín, y con él, otros de su misma calaña. A todos estos, la llamada sociedad del bienestar les da risa. Eso de que hay que mantener la balanza para poder ayudar a los más necesitados o desfavorecidos, llámense estos pensionistas, jubilados, desempleados o inmigrantes…
Estos humanos no parecen tener cabida en este sistema que como una vorágine, tritura y expulsa lo que para ellos solo son excedentes, gentes que no tienen cabida en los monstruosos balances de beneficios y perdidas.
Nuestro mundo ya no se rige por bloque Norte, Sur o Este y Oeste. En nuestro nuevo mundo ha dejado de existir el termino nación (excepto para catalanes) Las banderas que representan a un país no son más que un mero símbolo, un simple trozo de tela con el que poder identificar de manera abstracta a los diferentes pueblos durante unos juegos olímpicos o un campeonato de fútbol. Porque aún sigue vigente aquel lema de los antiguos romanos que decía: pan y circo.
Nuestra sociedad no es más que un conglomerado de multinacionales que hacen que nuestras vidas estén dirigidas por el dólar, el yen, el marco, el euro, etc.
Nuestro planeta azul gira sobre sí mismo impulsado sobre un nuevo orden “divino” basado en bolsas de valores, transacciones internacionales y especulaciones bursátiles.. Es el flujo y reflujo de gigantescas operaciones de petrodólares, narcodolares, de incesantes negocios y de interminables guerras sucias, sobornos e ilegalidades.
El poder hace mucho que dejó de pertenecer al cargo electo. Los lideres espirituales hacen mucho que se pusieron en venta, a merced de aquellos que mantienen sus dorados palacios, cerrados para las almas que buscan algo de cobijo. Toddo lo que seremos en esta vida se reducirá a lo que escupan unos ordenadores que siempre estarán al servicio de aquellos que manejan los hilos.
En estas ecuaciones, el ser humano como tal no tiene cabida: el nuevo milenio ya no se mide por el sufrimiento que padecen las víctimas de una guerra o de las muertes que se han padecido por un desastre natural. En el nuevo orden que hemos creado mandan las cifras. Esa es la verdadera razón de nuestra existencia. Es un ciclo donde las mareas o la luna no tienen la importancia que tienen unas acciones al alza o a la baja. Este es nuestro milenio, miles de años de historia y cultura para poder llegar al altar financiero donde todo lo mueve el dinero, donde el destino de los pueblos lo dirigen ejecutivos con corbata desde algún despacho de Bruselas.
El bienestar físico o mental de hombres y mujeres lo prescriben las multinacionales farmacéuticas, inventando enfermedades para poder inventar más tarde su cura. Caminamos como autómatas reconvertidos en una serie de números plastificados e identificables, desechables y desaprovechables.
Si en verdad hubo alguna vez en nuestra historia algún asomo altruista por el que luchar, mucho me temo que esa batalla la perdimos hace tiempo.

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