Por: José Antonio Cordoba
...del aparato desciende un grupo de 11 hombres -uniforme
azul marino, con la salvedad de portar la hombrera izquierda de rojo
un intenso, ese rojo que tanto nos recuerda a la sangre, pero sin
ningún otro tipo de identificación que mostrara su nacionalidad-
acompañados por oficiales rusos. El grupo de hombres es dirigido a
la sala de reuniones del buque. Después de cuatro horas platicando,
tres de los hombres recién llegados salen acompañados por dos
oficiales rusos y se desplazan por la cubierta del crucero, se
dirigen a estribor, cuando se acercan al costado del buque, pueden
contemplar la majestuosa silueta de un Thypoon semi sumergido, entre
el costado del navío y el muelle. El grupo de hombres recorren la
cubierta del crucero de proa a popa, observando el submarino. A la
indicación de un oficial ruso los hombres se introducen en una jaula
metálica, suspendida de una grúa, cuando todos han accedido a este
improvisado ascensor la jaula es alzada y en pocos segundos
depositada sobre la cubierta del Thypoon. Los recién embarcados
recorren la cubierta del submarino, que se encuentra inmerso en
labores de mantenimiento. Si ya de por sí las dimensiones de
sumergible son impresionantes no lo son menos con las compuertas de
cubiertas abiertas de par en par. El grupo de visitantes acceden al
interior del buque por la torre de mando. Ya en su interior y tras
visitar los distintos compartimentos, comprobando según
especificaciones remitidas a los rusos, que estos habían
desmantelado el arsenal. El Jefe de mantenimiento les indicó que el
submarino estaría preparado para hacerse a la mar en seis horas. La
comitiva volvió a la cubierta del Typhoon y tal como había accedido
a él, se marcharon.
En la sala de reuniones del crucero ruso, se terminaba de ultimar
la venta del submarino, cuando los observadores regresaron a la sala
y confirmaron el estado del buque, se cerró la operación
financiera.
Hasta la hora de hacerse a la mar los compradores del Typhoon
fueron adiestrados en las características del sumergible.
Compartieron mesa en el comedor con el resto de la marinería del
crucero, a excepción de uno de ellos que acompañó al capitán en
su mesa.
El momento había llegado, los hombres uniformados de azul
accedieron al submarino y ayudados por marineros rusos realizaron las
labores de desatraque y acompañamiento hasta la bocana del puerto.
Aquí la marinería subió a un bote y se dirigieron al crucero ruso,
que les seguía a corta distancia. La compra del sumergible incluía
una operación de apoyo y encubierta del submarino, hasta una bases
secreta. Para ello una vez el Typhon se sumergió esperó a que el
crucero navegara y se puso bajo su casco. El rumbo del crucero era
ordinario en su misión de guardia de las aguas del Báltico, lo
único no corriente
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