Por: Víctor Corcoba Herrero
Estos amigos de la singular Sociedad
Artística Ferrolana son el aire fresco que respiro, la añoranza que vivo y me
desvive. Ellos llegan siempre en el momento oportuno. Han llegado en otro
tiempo para activarme la inspiración. Ahora lo hacen de este modo, para premiar
la coherencia que me ha movido siempre, como a ellos, el avivar el pensamiento,
y más ahora, en este mundo tan mediocre y mundano. Ciertamente, vivimos una
aglomeración de discordancias, que debemos atajar con urgencia, mediante la
fórmula reconciliadora de lo armónico. Desde luego, es tan preciso como
necesario, avivar mucho más el espíritu conciliador. Uno ha de reconciliarse
siempre, de manera continua y permanente, hasta consigo mismo. Resulta,
verdaderamente estremecedor y bello, acortar las divisiones, las distancias
entre culturas, las absurdas separaciones, puesto que hasta la misma vida tiene
bien poco sentido si no se comparte con nuestros semejantes el acontecer de los
días y si no experimentamos un respeto natural por lo que somos y representamos
cada uno por ser lo que es. ¡No nos dejemos robar el entusiasmo por la vida!.
Eso jamás. Y en este sentido, esta Sociedad Artística Ferrolana (SAF) ha sido
ejemplo y lo será por muchos años, porque -me consta- cuenta con el apoyo de
los ciudadanos. Todos, de algún modo, se sienten protagonistas de injertar
belleza al planeta. ¡Cuánta bondad y cuánta virtud!
Ciertamente, tenemos que aprender a
superar los personalismos al igual que lo hace esta Sociedad Artística Ferrolana
(SAF); entendiéndonos más y auxiliándonos mejor. Sin un apoyo humanitario
activo se van a perder muchas vidas que deberían cohabitar con nosotros, a
nuestro lado, por inútiles carencias que habría que solventar. Estando unidos
es como se puede superar cualquier tipo de conflicto. Lo sabe bien esta
Sociedad Artística Ferrolana, referente de tantos sueños y referencia de buen
hacer. Por consiguiente; las personas comprometidas con el arte y la cultura,
tenemos que decir ¡no! a una economía excluyente; ¡no! a unos gobiernos que se
sirven del ciudadano en lugar de servir; ¡no! a unas finanzas que reducen al
ser humano a un mero objeto de consumo; ¡no! a un mercado divinizado y
discriminatorio que ordena y manda a su antojo; ¡no! a tanta falta de equidad
que lo único que genera son riadas de violencia; ¡no!, en definitiva, a este
mar de egoísmos que nos deja sin aire y con un estéril pesimismo, difícil de
despojarnos de él.
La mayor contrariedad de una especie
pensante, amigos del SAF, es entrar en guerra contra sí. ¡No a la guerra entre
nosotros! Las vías de diálogo deben estar siempre abiertas para no caminar
solos, en fraternal concordia entre pueblos y naciones como lo hacéis vosotros.
Solamente, bajo ese espíritu cooperante, será posible armonizar los intereses y
ajustar armónicamente todas las divergencias, que son muchas y variadas.
Realmente, llevamos un estilo de vida que margina, bajo la tapadera de una
globalizada flojedad, y el empuje de un juego competitivo cruel e injusto. En
ocasiones, parece que andamos anestesiados, indiferentes e incapaces de
compadecernos ante los clamores de nuestra propia estirpe, desorientados y sin
rumbo, predispuestos al abuso o a un mal uso de las cosas. Conviene reaccionar
y reafirmar, asimismo, nuestra capacidad por fraternizar naciones, por hacer
germinar una cultura menos fraudulenta, con más conciencia humanitaria de
compromiso hacia los lazos comunitarios. A poco que busquemos el ángel que
llevamos consigo, evitaremos la penuria de creernos los mejores y de bastarnos
a nosotros mismos. A veces hemos llegado a un límite de soberbia tal que nos
desconocemos y no llegamos a superar esta adversidad. La ingratitud se ha hecho
tan extensiva y la necedad tan corriente, que no es fácil tomar el camino de la
sensatez en un mundo de falsedades. En consecuencia, yo si quiero ser persona
agradecida, y quiero dar las gracias a esta Sociedad Artística Ferrolana (SAF),
por haberme enseñado a recrearme en la belleza y a sentirme persona libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario