Por: Jose Antonio Cordoba
“Si no partimos de la idea, de que toda mujer
es una Princesa, y como a tal respetarla, ¿qué esperanzas nos quedan a las
bestias?”
En
esta vida deberíamos de hacer el ejercicio físico, de sentarnos a escribir
cartas a la persona que amamos, incluido a nuestra pareja, es un ejercicio que
dejamos de lado y al cual las nuevas tecnologías no ayudan a fomentar.
El
papel sigue siendo el elemento que nos falta en las relaciones actuales, pues
si bien, las redes sociales nos permiten facilidades de escritura, emoticonos,
fotos, vídeos y demás, quien haya recibido una carta, y hoy use el móvil,
comprenderá de lo que hablo. El papel guarda impreso además del texto, el aroma
de quien escribe la carta y, algún que otro borrón, por una lágrima inoportuna
entre las letras.
¡Si
lo sé, soy un romántico!
Este
que suscribe, ha encontrado últimamente en las cartas un recuerdo olvidado, una
esencia que se estaba diluyendo en las brumas del pasado. Cartas que han sido
enviadas, otras muchas, quedarán guardadas en algún cajón, pues aunque el
tiempo no ha borrado el recuerdo de las personas destinatarias, sí el rastro
para localizarla.
Llevo
utilizando de un tiempo a esta parte una palabra para mí mágica, “Princesa”, menos cursi tal vez sería
utilizar la expresión tan nuestra de “chocho”
─es una nota de humor─, volviendo a la palabra “Princesa”,
pienso que la experiencia me ha hecho ver las cosas de una manera distinta, y a
la mujer a grandes rasgos de forma diferente, desde el punto de vista
filosófico, tan olvidado también en nuestro quehacer diario.
Hablando
de mi experiencia he llegado a la conclusión que mis amigas son Princesas, pues la Reina es una rubia muy especial para mí y que actualmente cuenta
con nueve años. El llamar Princesa a una mujer, es regalarle ese abrazo que por
motivos varios no podemos darle. ´No ha mucho en el tiempo`, hablando con un
ilustre amigo y su señora, comentábamos lo necesitada que está la gente, del
género que sea, de un abrazo, de un oído que escuche y de unos labios que
guarden silencio. Yo todo esto lo he transformado en esa bella palabra, de
realezas varias, pero de grandes corazones, de comprensión y del silencio
necesario.
El
ser humano es un ser vivo que se nutre de sentimientos, los mismos que hacen
que cada individuo sea único dentro del
conjunto de la humanidad. Pero sinceramente, y no hay más que ver los
noticiarios, es para preocuparse al comprobar como la sociedad es más violenta
de lo que creemos a rasgos generales. Nos convencemos a nosotras/os mismas/os
del buen hacer de la humanidad, pero sin embargo no la cuidamos, no le damos
calor, no la escuchamos, y no la dejamos hablar. Nos estamos encapsulando del
prójimo, precisamente de ese que tenemos al alcance de una sonrisa, de un beso,
de una acaricia, de un abrazo, de un escucharle en silencio.
Por
eso, la mujer es especial, por eso ellas serán “por siempre jamás, PRINCESAS”.
Y si no creemos esto, las bestias que habitan en nosotros, los hombres, tomarán
el control. Yo, seguiré siendo la bestia que soy, pero ellas serán las
Princesas de mi cuento sin final.
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